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Por Carmen de la Fuente, presidenta de la Sociedad Andaluza de Medicina Intensiva y Unidades Coronarias (SAMIUC)

Carmen de la Fuente, presidenta de SAMIUC.

Los profesionales sanitarios de las Unidades de Cuidados Intensivos venimos de afrontar, probablemente, uno de los mayores retos de nuestra carrera. Como médico intensivista, y como presidenta de la Sociedad Andaluza de Medicina Intensiva y Unidades Coronarias, conozco de primera mano la extrema dureza de las situaciones que se han vivido en las UCIs, y que será difícil de olvidar a pesar de esta nueva normalidad a la que poco a poco nos vamos habituando. Manejar esta crisis sanitaria provocada por la Covid-19, vista ya con poca pero cierta distancia, nos ha dado experiencia y aprendizaje; pero apenas hemos tenido tiempo para reflexionar y desconectar de las situaciones de estrés que hemos vivido en urgencias.

Además seguimos trabajando para estar mejor preparados. Desde la SAMIUC hemos elaborado un decálogo de recomendaciones basado, por un lado, en la mejora de los soportes tecnológicos y la digitalización de las UCI y, por otra parte, en la calidad de la atención no solo al paciente crítico, también al profesional sanitario.

Si algo ha dejado claro esta pandemia es la importante labor que se lleva a cabo desde las unidades de medicina intensiva. Por eso, como primera medida de nuestro decálogo, defendemos el liderazgo del médico intensivista en la coordinación de los planes de actuación hospitalarios, y disponer de información actualizada de los casos hospitalizados. En Andalucía, un 12% de pacientes han precisado ingreso en las UCI, por eso es fundamental la valoración clínica en Urgencias y planta de hospitalización para valorar la gravedad de forma anticipada y la necesidad de tratamientos invasivos.

Infraestructuras y plantillas

Adecuar las infraestructuras y las plantillas es también una prioridad para evitar situaciones de colapso, por ejemplo, contando con un número suficiente de boxes de aislamiento y estableciendo áreas de trabajo seguras para todos, pacientes y profesionales sanitarios. Y, por supuesto, minimizar el impacto en la actividad habitual de las UCI en caso de llegar a una nueva situación de crisis sanitaria.

Por eso desde nuestra Sociedad apostamos por la tecnología y la digitalización como herramientas muy necesarias para que las unidades de cuidados intensivos no sean solo eficaces, también más eficientes. Pero sin olvidarnos de un aspecto que es vital: la humanización de los cuidados, garantizar una adecuada atención psicológica a pacientes y familiares, y atención al duelo.

En definitiva, desarrollar un proceso asistencial integrado estableciendo un circuito claro en el que los pacientes críticos sean el centro de una atención multidisciplinar y coordinada, manteniendo en todo momento los estándares de la calidad asistencial.