La angustia emocional (DE, por sus siglas en inglés), que comúnmente se caracteriza por síntomas de depresión y/o ansiedad, es frecuente entre los pacientes con cáncer. Aunque estudios preclínicos han sugerido que la DE puede influir en las respuestas inmunitarias antitumorales, se ha explorado poco su relación con la eficacia de los inhibidores de puntos de control inmunitarios (ICI, por sus siglas en inglés) en estudios clínicos. En este sentido, una nueva investigación, publicada en la revista Nature Medicine, aborda esta asociación.

Los resultados del estudio proceden de la cohorte 1 del estudio observacional prospectivo STRESS-LUNG, el cual investigó la relación entre la DE y la eficacia del tratamiento de primera línea con ICI en pacientes con cáncer de pulmón de células no pequeñas avanzado. La DE se evaluó utilizando el ‘cuestionario de salud del paciente-9’ y la ‘escala de 7 ítems del Trastorno de Ansiedad Generalizada’.

En el análisis principal, los pacientes con DE inicial mostraron una mediana de supervivencia libre de progresión significativamente más corta en comparación con aquellos sin DE (7,9 meses frente a 15,5 meses). Además, la DE se asoció con una tasa de respuesta objetiva más baja, una reducción en la tasa de supervivencia general a dos años y perjuicios en la calidad de vida. El análisis exploratorio reveló niveles elevados de cortisol en sangre en el grupo con DE, lo que se relacionó con resultados adversos de supervivencia. Estos hallazgos sugieren una asociación entre la DE y peores resultados clínicos en pacientes con cáncer de pulmón de células no pequeñas avanzado tratados con ICI, subrayando la importancia de abordar la angustia emocional en el tratamiento del cáncer.

Inhibidores de puntos de control inmunológico

Los inhibidores de puntos de control inmunológico (ICI) han representado un avance significativo en el tratamiento del cáncer de pulmón de células no pequeñas (CPCNP) avanzado. Sin embargo, solo un porcentaje limitado de pacientes, entre el 15 y el 30 por ciento, experimentará beneficios a largo plazo. Por ello, es crucial identificar los mecanismos de resistencia a los ICI y prever la eficacia del tratamiento. Aunque se han identificado algunos biomarcadores predictivos, como la expresión del ligando 1 de muerte celular programada en tumores (PD-L1) y la carga mutacional del tumor, su utilidad puede ser limitada y plantear desafíos prácticos. Además de los biomarcadores moleculares relacionados con la genómica y el microambiente tumoral, la investigación actual respalda el potencial de las características del huésped, como los factores psicológicos, en el tratamiento del cáncer.

La angustia emocional (DE) se refiere a estados o sentimientos negativos que surgen en respuesta a situaciones estresantes. Esta se diferencia comúnmente por síntomas semejantes de depresión y ansiedad, que pueden evaluarse mediante cuestionarios estandarizados. Los problemas de salud, como el diagnóstico de cáncer, pueden desencadenar la angustia emocional, que es altamente prevalente entre los pacientes con cáncer de pulmón. De hecho, según expone el estudio, se ha informado que las tasas de prevalencia de síntomas de depresión y/o ansiedad en pacientes con cáncer de pulmón oscilan entre el 33 y el 77,2 por ciento. La incidencia de DE es aproximadamente cuatro veces mayor entre los pacientes con cáncer en comparación con la población general.

Las tasas de prevalencia de síntomas de depresión y/o ansiedad en pacientes con cáncer de pulmón oscilan entre el 33 y el 77,2 por ciento.

Angustia emocional sostenida

La angustia emocional mantenida en el tiempo activa el eje hipotalámico-pituitario-suprarrenal (HPA) y el sistema nervioso simpático, lo que resulta en la liberación de hormonas del estrés, incluyendo glucocorticoides y mediadores adrenérgicos como la epinefrina y la norepinefrina. El estrés crónico, una respuesta prolongada a factores estresantes repetidos, deteriora la función del sistema inmunológico al mantener activos de manera constante el eje HPA y el sistema nervioso simpático.

Estudios en animales han demostrado que la activación del eje HPA debido al estrés y la consecuente liberación de glucocorticoides tienen efectos antiinflamatorios, como la apoptosis de los linfocitos T y los neutrófilos. Además, la liberación continua de glucocorticoides endógenos inhibe la presentación de antígenos, lo que afecta negativamente la función inmunológica sistémica. La exposición al estrés crónico también se ha asociado con síntomas similares a la depresión y la ansiedad en modelos animales, lo que puede promover la progresión tumoral y la metástasis. Además, las hormonas del estrés pueden influir directamente en las características moleculares malignas de las células tumorales.

Estudios preclínicos han sugerido que la angustia emocional también podría contribuir al desarrollo de un microambiente tumoral inmunosupresor, reduciendo la proporción y la función de las células T CD8+ y las células asesinas naturales, mientras aumenta la infiltración de células inmunosupresoras como las células T reguladoras y las células supresoras derivadas de mieloides.

Estudio observacional prospectivo (STRESS-LUNG)

Entre los resultados de la investigación se registraron un total de 69 eventos de supervivencia global (SG) y la mediana de SG en la población general aún no estaba completamente desarrollada. En contraste con el grupo sin angustia emocional (DE), aquellos en el grupo con DE presentaron un mayor riesgo de muerte por cualquier causa, con tasas de SG más bajas a un año (70,4 frente a 80,8 por ciento) y a dos años (46,5 frente a 64,9 por ciento).

Por otro lado, un total de 206 pacientes completaron una evaluación inicial de la calidad de vida, revelando que el grupo con angustia emocional (DE) mostraba peores resultados en la mayoría de las subescalas de calidad de vida en comparación con el grupo sin DE. En primer lugar, el grupo con DE presentaba puntuaciones más bajas en salud global, así como puntuaciones más reducidas en dominios funcionales individuales, como el funcionamiento físico, de roles, emocional, cognitivo y social. Además, el grupo con DE reportó más síntomas de fatiga, dolor, disnea, insomnio, pérdida de apetito y estreñimiento, y también experimentó dificultades económicas, a excepción de náuseas, vómitos y diarrea.

En términos generales, este estudio ha identificado una asociación entre la angustia emocional (DE) y resultados desfavorables después del tratamiento con inhibidores de puntos de control inmunológico (ICI) en pacientes con cáncer de pulmón de células no pequeñas (NSCLC) avanzado. Específicamente, los pacientes con DE exhibieron una mediana de supervivencia sin progresión (SSP) más corta, una tasa de respuesta objetiva (ORR) más baja y un mayor riesgo de eventos de supervivencia global (SG) en comparación con el grupo sin DE.

“Este estudio proporciona información clínica del mundo real sobre cómo la DE se correlaciona con los resultados de supervivencia de los pacientes con cáncer que reciben ICI. El concepto de “psicobiomarcador” puede ser relevante no sólo para el NSCLC sino también para otros tipos de cáncer en el futuro”, destacaron en la investigación.


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