Cáncer de mama
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¿Cuál puede ser el efecto del SARS-CoV-2 sobre los pacientes con cáncer de mama? Durante los primeros meses de la pandemia, esta pregunta llevó a los oncológicos a actuar con gran cautela a la hora de fijar pautas terapéuticas. La respuesta ha venido con el paso del tiempo. Los especialistas, según Miguel Martín, presidente del Grupo GEICAM de Investigación en Cáncer de Mama, han ido ganando confianza en el uso de los tratamientos ante la ausencia de evidencia científica que secunde que los afectados experimenten un mayor riesgo frente a la COVID-19 o que los tratamientos inmunosupresores puedan traducirse en un peor pronóstico de la infección.

Según Martín, “los especialistas están perdiendo el miedo al empleo de las terapias al ir publicándose estudios que demuestran que no tienen una gran repercusión sobre la gravedad de la infección y que no hacen empeorar la evolución de la enfermedad”. A pesar de ello, añade, la tónica general ha sido la modificación de los tratamientos, sustituyendo un fármaco inmunosupresor por otro menos con menor función inmunosupresora, pero de igual eficacia.

La experiencia recabada hasta la fecha permite afrontar la segunda oleada sin el grado de incertidumbre inicial. “Vamos a utilizar los tratamientos con más confianza tratando de adoptar algunas medidas, cuando sea posible, como el uso de fármacos orales en vez de intravenosos, facilitar que las pacientes puedan acudir a por su medicación a la oficina de farmacia o impulsar el envío de terapias a domicilio, para reducir al máximo las visitas al hospital”, comenta este experto.

Cómo mantener la calidad de la asistencia en época de pandemia

El impacto de la pandemia sobre la asistencia a los pacientes es, precisamente, uno de los platos fuertes de la 13ª Revisión Anual GEICAM de Avances en Cáncer de Mama (RAGMA), que se celebra entre hoy y mañana. En ella, Martín también abordará la cuestión de cómo mantener la calidad de la asistencia de las pacientes mientras dure la pandemia.

Hacerlo es posible, asegura el presidente del Grupo GEICAM de Investigación en Cáncer de Mama, si se siguen una serie de recomendaciones. Muchos de los consejos elaborados por el Grupo a este respecto se dirigen a reducir al máximo las visitas al hospital, para evitar el riesgo de contagio de pacientes y profesionales. Tal y como explica Martín, muchas cirugías han podido mantenerse, entre otros motivos, porque la intervención quirúrgica en cáncer de mama suele ser más superficial que la de otros cánceres y no se precisa de ingreso en UCI. Otras opciones para reducir visitas al hospital son las denominadas “vacaciones terapéuticas” cuando el tumor está más o menos controlado.

La investigación oncológica continúa

La voz de los pacientes también va a estar presente en RAGMA. Desde la Federación Española de Cáncer de Mama (FECMA) se constata que los colapsos asistenciales generados por la pandemia han implicado retrasos en consultas y tratamientos en cáncer. Otra experiencia a tener en cuenta, por tanto, de cara a la segunda ola. “El cáncer no para, por ese motivo, no se pueden hacer pausas”, opina María Luisa Villafranca, portavoz de esta Federación.

Esta necesidad de continuar va mucho más allá de la normalización asistencial. Y toca a la investigación y la innovación, dos pilares esenciales en todas las políticas en materia de cáncer de mama. Se trata éste de uno de los mensajes más importantes de RAGMA 2020, tal y como explica José Enrique Alés, miembro de su comité organizador.

Y afortunadamente, este foro también pone de manifiesto que la COVID-19 no ha logrado frenar la investigación en cáncer de mama. Como ejemplo de ello, la 13ª Revisión Anual GEICAM de Avances en Cáncer de Mama permitirá conocer los avances en epidemiología para conocer los perfiles de riesgo, en la metodología de las propias investigaciones o en el conocimiento de las alteraciones moleculares del tumor como oportunidad para individualizar el tratamiento.


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