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La vacunación ha logrado grandes hitos a la hora de erradicar enfermedades. Prueba  de ello es la reciente declaración de África como región libre de polio por parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Este hecho lo destacó Ana Hernando Ana Hernando, directora de Relaciones Institucionales en el Área de Vacunas de GSK España durante la inauguración del curso ‘Vacunas y vacunaciones en la era de la COVID-19’, impulsado por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo.

Raúl Ortiz de Lejarazu, asesor científico y director emérito del Centro Nacional de Gripe en el Hospital Clínico de Valladolid, fue el director esta formación. El experto puso en valor la gran respuesta llevada a cabo por la comunidad científica ante la pandemia. Tanto en la búsqueda de vacunas como de tratamientos para controlar la enfermedad. Aun así, Ortiz de Lejarazu consideró que todavía tendremos que convivir con el virus durante unos dos años, por lo que instó a adaptarse a esta nueva situación.

Durante el transcurso de esta jornada, uno de los puntos que analizaron los expertos, fue el relativo a la variabilidad del virus. Y es que, explican que saber cómo se comporta el virus en términos de mutaciones, puede ser determinante para prever la eficacia de las vacunas.

Transmisión y evolución de la pandemia

Una de las dudas principales respecto a la COVID-19, reside en detallar de qué manera se transmite y cómo va a evolucionar la pandemia a corto plazo. Respecto a la transmisión, Ortiz de Lejarazu apuntó que mantener la distancia y usar mascarilla y protección ocular es lo único que frena su propagación.

Además, para controlar posibles nuevos brotes, el especialista llamó a realizar una vigilancia epidemiológica y ambiental. Por ejemplo en aguas residuales de lugares concretos como residencias de mayores o centros escolares. En cuanto a la vigilancia epidemiológica, resaltó la importancia del rastreo de contactos, aunque señaló que este conlleva un aumento de la carga asistencial.

Entre las sugerencias de Ortiz de Lejarazu para realizar un buen control de la epidemia se encuentan varias. Por ejemplo, llevar a cabo una vigilancia periódica menos intrusiva, usando recursos como la red de vigilancia de gripe. También, mejorando el acceso a pruebas PCR y la rapidez de los resultados, para poder realizar una trazabilidad de los contactos con los positivos.

Posibilidad de reinfección

En los últimos días se han documentado varios casos de reinfecciones de COVID-19 en pacientes que ya habían superado la enfermedad. Ortiz de Lejarazu opinó que estas serán más frecuentes a medida que transcurra el tiempo. Pero, el experto destacó que el hecho de que haya reinfecciones puede ser ‘positivo’. Y es que estas pueden contribuir a mejorar la inmunidad de grupo al ser menos virulentas, menos letales y más pasajeras.

Sin embargo, el experto manifestó más su preocupación por otro aspecto: la inmunidad de escape. Esto se refiere a que, al haber diferentes mutaciones, la inmunidad que desarrollen los individuos a una cepa en concreto, puede no ser útil de cara a otras distintas.

Sobre las posibles mutacionesy la estabilidad del virus, se pronunció Federico Martinón, jefe de Pediatría Clínica, Infectológica y Traslacional en el Hospital Clínico de Santiago. En este sentido, Martinón planteó que el funcionamiento de las vacunas va a depender mucho de cuán estable sea el virus.  Y es que, concretó, a pesar de que cuando comenzó a investigarse este virus se determinó que la variabilidad entre cepas, aunque esta diferencia sea del 1 por ciento, puede darse en cualquier parte del genoma del virus, lo que puede aumentar o disminuir su virulencia indiscriminadamente.

Escenarios posibles

Ortiz de Lejarazu contempló que pueden darse diferentes escenarios. El más posible, que el virus siga circulando durante unos dos años; y es que, detalló que es muy común que los virus pandémicos se vuelvan endémicos con el tiempo. Por ello también, consideró que la posibilidad de la extinción biológica es cada vez menos viable.

Además, de cara al momento que haya una vacuna que prevenga la infección por SARS-CoV-2, el experto puso de ejemplo el caso de la gripe. A pesar de que haya vacuna, alrededor de 1.000 millones de personas al año se contagian de esta enfermedad. Sin embargo, gracias a las vacunaciones, se evita un gran número de hospitalizaciones y defunciones atribuidas a esta enfermedad, lo que para Ortiz de Lejarazu es más importante que reducir el número de casos propiamente.

También caben diferentes posibilidades respecto a una vacuna contra este coronavirus. Así, Ortiz de Lejarazu indicó que entre las certezas se encuentran que habrá más de una vacuna, pero que esta no eximirá de seguir manteniendo medidas de protección y distanciamiento social. Los interrogantes que quedan por averiguar son respecto a la duración de la protección que otorgará esta vacuna o el número de dosis que serán necesarias, entre otras.

Martinón expresó también que actualmente se están estudiando las propiedades heterólogas de las vacunas. Esto es, ver si las vacunas existentes contra otras enfermedades, pueden tener un potencial impacto positivo en la prevención del coronavirus, hasta que surja alguna específica para evitar nuevos contagios.

Programas de vacunación y sistemas de información

Por su parte, Ismael Huerta, jefe de Servicio de Vigilancia Epidemiológica de la Consejería de Sanidad del Principado de Asturias, analizó el impacto de la pandemia en los programas de vacunación. En este sentido, apuntó que una de las grandes asignaturas pendientes en los sistemas de salud a nivel global es la optimización de los registros de vacunación. Mejorar en este aspecto sería útil para supervisar las coberturas y, debería servir a los ciudadanos para recordar qué dosis necesitan y si tienen que recuperar alguna.

Así, Huerta recordó que la Unión Europea ya instó en 2011 a los Estados miembro a mejorar los sistemas de información en vacunas, proporcionándoles el apoyo técnico del Centro Europeo de Control de Enfermedades (ECDC). Pero el experto consideró que, para cumplir este llamamiento se precisan recursos humanos y financieros, así como aumentar la formación específica de los profesionales.

También habló sobre la mejora de los sistemas de información Sonia Tamames, técnico facultativo del Servicio de Información en Salud Pública en la Dirección General de Salud Pública de la Consejería de Sanidad de la Junta de Castilla y León. Tamames coincidió con Huerta en que se debería tender a mejorar los sistemas de información, pero teniendo en cuenta también que hay que mejorar la capacidad para interpretarlos. Además añadió que xon unos sistemas de información bien estructurados y armonizados se podría actuar con celeridad ante enfermedades infecciosas emergentes, puesto que son situaciones que exigen flexibilidad y recursos. Por ello, contar con datos sobre casos similares, puede agilizar mucho la capacidad de respuesta de los sistemas sanitarios, por ejemplo.


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