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Santiago de Quiroga Presidente Editor de EG | viernes, 17 de mayo de 2019 h |

Que las indicaciones terapéuticas y los principios activos no son igualmente intercambiables es un viejo debate transversal a la administración, los médicos y los farmacéuticos. Aunque afecta también a usuarios y a las compañías, lo que se debate preocupa a las Sociedades Científicas y a la federación que las representa, Facme. Se trata de la libertad de prescripción, incluyendo que para una indicación el médico pueda escoger entre distintos principios activos, pero sin la limitación que podría venir a través del Sistema de Precios de Referencia (SPR). En la actualidad, el SPR establece un precio de referencia por principio activo y presentación, lo que obliga a ajustar precio a todo el grupo terapéutico. Si el precio de referencia se realizara por indicación, como propone la AIReF, entraríamos en un terreno complicado, aunque se vieran sólo afectados síntomas menores con alto gasto. Esto enlaza con la variabilidad en la prescripción que critica la AIReF y que pretende homogeneizar, restringiendo la misma por indicación. Sin el necesario enfoque epidemiológico, ni contar con las Sociedades Científicas, resulta muy complicado y poco científico proponer una reducción de las opciones de los principios activos por indicación. Para evitar la variabilidad en la práctica médica existen protocolos y guías terapéuticas que se revisan y actualizan en función de la evidencia científica. Trabajar con las Sociedades Científicas es la mejor garantía de una prescripción de calidad.