Humanización: más que excelentes habilidades técnicas, por José Antonio Martín Urrialde

Por José Antonio Martín Urrialde, vicepresidente de la Fundación Humans y profesor Titular Universidad San Pablo CEU

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La información ofrecida por parte del personal sanitario a los pacientes no siempre cumple con su objetivo: comunicar. El estudio Delivering quality health services elaborado de forma conjunta por la OCDE, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Banco Mundial en 2018, sostiene esta información. Un 37,8% de los pacientes encuestados reconocían no entender las explicaciones recibidas y recomendaban a los sistemas de salud aumentar las estrategias de colaboración profesional-paciente a través de políticas sanitarias que permitan que este último tenga un papel de liderazgo en el diseño de nuevos modelos de atención. Esto quiere decir que no siempre se cumple con los requisitos de utilizar una terminología adecuada y comprensible con el fin de aclarar dudas existentes respecto a su enfermedad.


Así, los profesionales de la salud que el paciente considera “buenos” son aquellos que no solo tienen reconocidas determinadas habilidades técnicas, sino también demuestran competencias a la hora de prestar una atención al paciente (escucha activa) y son receptivos a la información que éste ofrece, aportando una información inteligible al paciente (comunicación asertiva). Esto es lo que se conoce como humanismo. La humanización es una actitud, es una cultura y es una forma de aproximarse al mundo del paciente, pero también de la familia. Porque cuando una persona enferma, también lo hace su familia y todo el ecosistema donde ese individuo se encuentra.


El concepto de humanización de la atención sociosanitaria hace referencia al abordaje integral de la persona, donde interactúan las dimensiones biológica, psicológica, social y conductual, otorgando igual importancia a las necesidades sociales, emocionales y psicológicas que a las físicas y técnicas, y ello significa hacer referencia a la persona para promover y proteger la salud, curar las enfermedades, garantizar un ambiente que favorezca una vida sana y armoniosa a nivel físico, emotivo, social y espiritual.


La humanización tiene en cuenta que el paciente no sólo padece una enfermedad, sino que también expresa sus emociones, sentimientos e incertidumbres cuenta cómo se siente, comenta sus tristezas e incertidumbres. Escuchar al paciente es considerarlo interlocutor y no sólo receptor pasivo de su tratamiento con el fin de que pueda expresar en forma abierta y sincera sus necesidades e inquietudes. Porque el paciente podrá ser alguien que necesite atención física, pero todos (paciente y personal de la salud) necesitan ser escuchados como elemento básico de aprendizaje, es decir, desde una perspectiva humanizadora. En algunas ocasiones se hace una equivalencia del concepto “humanización” con el de “trato digno” o “empatía”.

Pero debemos diferenciar que el acto del cuidado humanizado implica autoconocimiento, control de las emociones, práctica de los tres saberes (saber-saber, saber-hacer, saber-ser), entender y conocer el concepto del otro, comprender el significado de la persona desde la interacción mente, cuerpo y espíritu y estos factores conforman la calidad de la comunicación, y de esos tres saberes, dos tiene un marcado cariz profesionalizante (saber -saber y saber-hacer) muy desarrollado en el actual sistema universitario, siendo el ultimo (saber ser) el que no tiene la misma presencia y constituye la barrera mas frecuente en el proceso de comunicación profesional/paciente. Esta barrera está muy marcada en un escenario frecuente: dar una mala noticia de carácter clínico a un paciente.


A lo largo de este proceso va a haber muchos momentos de información sobre la evolución de la enfermedad, las alternativas terapéuticas, el plan de cuidados y serán las habilidades personales del profesional como el counseling, o relación de ayuda lo que permita a ambos actores un proceso de acompañamiento con un elevado componente de “saber-ser” en equilibrio con el “saber hacer“.


Estos retos en los procesos humanísticos comparten protagonismo hoy en día con otro desafío: la tecnificación y la tecnologización. Cabe comentar a este respecto que, a medida que el diagnóstico y el tratamiento de muchas enfermedades se benefician de esta gran tecnificación, el factor humano se relega y el profesional se centra en “curar”, pero no en “cuidar”; olvida que la salud es la presencia de bienestar físico, mental y social. Surge, por ello, la pregunta: ¿Estamos los profesionales de la salud preparados para esta transición desde los modelos tecnológicos a los humanizantes en cuanto su atención y relación con el paciente?