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CARMEN M. LÓPEZ Madrid | viernes, 17 de enero de 2020 h |

A Houston lo de “tenemos un problema” se le complicó más de la cuenta hace unos meses durante un experimento rutinario en la Estación Espacial Internacional, cuando al escanear el cuello de uno de los tripulantes se halló un coágulo en su yugular. Precisamente, la falta de tratamientos a bordo de la nave, les llevó a improvisar el abordaje asistencial del astronauta. Se trata, por tanto, del primer trombo que entra en órbita. Este trabajo ha sido publicado recientemente en ‘New England Journal of Medicine’.

Como explican los autores, “este caso de tromboembolismo venoso en vuelos espaciales destaca complejidades únicas de la medicina espacial, como la necesidad de tomar decisiones clínicas sin evidencia; la necesidad de una ecografía de telemedicina guiada por el radiólogo; y una farmacia limitada en la que no se admite la anticoagulación a largo plazo”, explican los autores.

¿Cómo proceder?

Ante la falta de tiempo unida a la falta de tratamiento a bordo, y teniendo en cuenta las complicaciones —mortales— que presentaba el paciente, como la sepsis sistémica y la embolia pulmonar, la NASA decidió pedir ayuda externa. Así, Houston contactó con el experto en coágulos sanguíneos, Stephan Moll de la Universidad de Carolina del Norte. “Normalmente, el protocolo para tratar a un paciente con una trombosis venosa profunda sería comenzar con anticoagulantes durante al menos tres meses”, dijo Moll. Al tomar anticoagulantes, explica, existe cierto riesgo de que si se produce una lesión, podría causar una hemorragia interna difícil de detener. “En cualquier caso, se podría necesitar atención médica de emergencia. Sabiendo que no hay salas de emergencia en el espacio, tuvimos que sopesar nuestras opciones con mucho cuidado ”.

El tratamiento

El tratamiento fue enoxaparina durante alrededor de 40 días. El día 43 una nave espacial le suministró un ACOD, apixaban. Durante los 90 días que duró el tratamiento, al astronauta se le realizó ultrasonidos en el cuello, con ayuda de un equipo de radiología en la tierra, para controlar el coágulo. Moll hizo un estrecho seguimiento de este paciente a través de llamadas y vía email.

Cuatro días antes del viaje de la llegada a la Tierra, el astronauta dejó de tomar el anticoagulante oral. Una decisión de los clínicos, ya que el proceso de vuelta a la tierra de los astronautas es un tanto complicado y querían evitar que la lesión se agravara.

Un experimento ‘salvavidas’

Después de todas estas decisiones, el astronauta aterrizó con seguridad en la Tierra y el coágulo de sangre no requirió más tratamiento.

Si no hubiese sido por el experimento inicial, al ser un coágulo asintomático, no se sabe cuál hubiese sido el resultado. Es por eso que Moll continúa trabajando con la NASA, con el objetivo de seguir investigando como se comportan estas lesiones en el espacio.

Con todo, la identidad del astronauta se mantiene en el anonimato por razones de privacidad, por lo que la información de identificación, así como la fecha en la que ocurrió el evento se desconocen.

¿EN RIESGO LOS VIAJES ESPACIALES?

Los autores de este trabajo, recientemente publicado, apuntan a que la vigilancia activa de astronautas y de los modelos experimentales son críticos para el desarrollo de estrategias de prevención y manejo del tromboembolismo venoso en la ingravidez, especialmente con planes futuros para viajes espaciales prolongados a la Luna y Marte. Una de las autoras de este estudio, Serena Auñón-Chancellor, asegura que “estos nuevos hallazgos demuestran que el cuerpo humano todavía nos sorprende en el espacio”. La experta reconoce que todavía no han aprendido todo sobre medicina aeroespacial o fisiología espacial. El camino, por tanto, es largo.