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El uso de los inhibidores de PARP como tratamiento de mantenimiento en cáncer de ovario ha marcado un antes y un después en el abordaje de esta patología. Y es que, estos nuevos tratamientos han demostrado un espectro más amplio de acción, puesto que aporta beneficio no solo en las pacientes portadoras de mutación de BRCA, sino que también se benefician las pacientes con tumores que presentan otras alteraciones moleculares o incluso pacientes que no presentan ninguna mutación.
Por todo ello, María Jesús Rubio, oncóloga experta en oncología ginecológica del Hospital Universitario Reina Sofía de Córdoba, considera que la llegada de estos tratamientos han marcado realmente la diferencia para las pacientes. “Las mujeres con cáncer de ovario avanzado hasta hace muy poco tiempo tenían un pronóstico muy malo, y el 70 por ciento progresaban antes de los dos años, incluso haciendo una buena cirugía con quimioterapia”, señala la oncóloga. Sin embargo, apunta, “el descubrimiento de nuevas dianas que nos permiten disponer de terapias de mantenimiento, como es el caso de los inhibidores de PARP, están cambiando el panorama de la enfermedad”.

María Jesús Rubio, oncóloga experta en oncología ginecológica del Hospital Universitario Reina Sofía

“Las terapias de mantenimiento están cambiando el panorama de la enfermedad”


Lo mas importante, señala Rubio, es que “en estas pacientes donde la enfermedad es curable estamos viendo la luz con estas nuevas dianas terapéuticas”. Y, de hecho, cree que con estos avances en la terapéutica, “se puede llegar a hablar de curación siempre que se trate de forma correcta a las pacientes”.
Actualmente, tal y como explica la oncóloga del Hospital Universitario Reina Sofía, el tratamiento del cáncer de ovario consiste en cirugía especializada más un tratamiento con quimioterapia basada en platino. “Este tratamiento resulta más eficaz cuando se diagnostica en una fase inicial de la enfermedad, pero en la mayoría de los casos el diagnóstico de la enfermedad se produce en fases avanzadas, lo que aumenta notablemente el riesgo de recaída”.
En estos casos, “fármacos como niraparib, —apunta Rubio, —aporta un beneficio clínico significativo reduciendo el riesgo de recaída en un 73 por ciento y en un 55 en aquellas pacientes con y sin mutación en el gen BRCA respectivamente”.
En cuanto al futuro, la oncóloga apunta a la necesidad de focalizar las investigaciones en las combinaciones de estos fármacos, sobre todo, con inmunoterapia. “Ya sabemos que la terapia de mantenimiento con inhibidores de PARP es lo mejor que hemos alcanzado hasta el momento, ahora nuestro reto es alcanzar combinaciones con imnunoterapia”, señala Rubio.
Otro de los retos a futuro, en este caso en el abordaje de la patología, es el de “realizar una secuencia optima de tratamiento para estos pacientes”. De esta manera, explica la experta, “podremos lograr que estas pacientes tengan la oportunidad a lo largo de su enfermedad de recibir los nuevos fármacos que les aportarán más benecio”.
Pero, con todo ello, la especialista del Hospital Universitario Reina Sofía tiene claro que el panorama del cáncer de ovario, tanto a nivel clínico, como a nivel de investigación y desarrollo de nuevas terapias, “es alentador”.