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Sandra Pulido Madrid | viernes, 03 de enero de 2020 h |

A finales de los años 60 la viruela era aún una enfermedad endémica en los países de África y Asia. Solo en 1967 entre 10 y 15 millones de personas contrajeron la infección. Fue entonces cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) lanzó una campaña mundial de erradicación basada en la vacunación, la vigilancia y las medidas de prevención emprendidas para contener los focos epidémicos.

El año 2019 se cerró con la celebración del 40º aniversario de la erradicación de la viruela, reconociendo el momento histórico que supuso la confirmación del fin de la enfermedad el 9 de diciembre de 1979. Cinco meses más tarde, en mayo de 1980, la 33ª Asamblea Mundial de la Salud declaró oficialmente que “el mundo y todos sus habitantes se han liberado de la viruela”. El último brote endémico se notificó en Somalia en 1977 y se contuvo rápidamente.

Gracias al Programa de Erradicación de la Viruela se obtuvieron instrumentos y conocimientos fundamentales sobre la vigilancia de la morbilidad, los beneficios de la vacunación en anillo y la importancia de la promoción de la salud en la lucha contra enfermedades como la poliomielitis y la enfermedad por el virus del ébola.

La historia de la enfermedad

Durante al menos 3.000 años la viruela asoló al planeta acabando con la vida de 300 millones de personas solo en el siglo XX. Los historiadores no han podido ponerse de acuerdo con el lugar de procedencia del virus.

Sin embargo, las primeras pruebas de una persona fallecida por esta enfermedad datan de 1.157 a.C. en el Faraón Egipcio Ramsés V. La momia, descubierta en 1898, presentaba lesiones en la cara, el cuello y los brazos. Y aunque no pudo detectarse restos del virus en la piel, las pruebas histológicas sí demostraron que la enfermedad que afectó al faraón fue la viruela.

Debido a las rutas del comercio, el virus se extendió por Europa, Asia y África hasta llegar a las Américas en el siglo XVI. Se estima que un 90 por ciento de las muertes indígenas durante la colonización Europea fue a causa de enfermedades contra las que no tenían inmunidad natural. En 1.520 llegó al Imperio Azteca (México ) contribuyendo a su desaparición, ya que acabó con la vida de más de tres millones de personas, entre ellas la del monarca Huayna Capac. En Europa se estima que mató a 600 millones de personas durante el siglo XVIII (la época más devastadora de la enfermedad) y en España acabó con la vida del Rey Luis I a los ocho meses de subir al trono.

El origen de la vacuna

Desde el siglo X d.C., en China combatían la enfermedad mediante la inoculación como medio prevención. Se trataba de infectar deliberadamente a personas sanas con las costras de los pacientes infectados para que desarrollasen estados más suaves de la enfermedad.

No sería hasta 1796 cuando el médico y biólogo británico Edward Jenner daría con la clave. Había observado que las mujeres que cuidaban de las vacas no contraían está enfermedad. Estos animales sufrían a menudo una patología llamada ‘vaccina’ que producía en las ubres erupciones parecidas a la viruela humana y que contagiaba a las lecheras provoncándoles pústulas en las manos. El médico tuvo la idea de inocular a una persona sana con pus de una pústula de la mano de una ordeñadora. Tras siete días, el sujeto presentó malestar y se formó una vesícula en los puntos de inoculación pero no llegó a desarrollar la enfermedad.

DATOS

El nombre viruela proviene del latín variŭs (que significa variado, variopinto), y se refiere a los abultamientos que se presentan en la cara y en el cuerpo de una persona infectada. Para que el virus se trasmita tiene que haber contacto directo o contacto con fluidos corporales. También puede haber contagio a través de objetos contaminados como las sábanas o la ropa. Una persona con viruela puede ser contagiosa cuando comienzan los síntomas iniciales como la fiebre (fase pródromo), pero el alto riesgo de contagio se produce cuando aparecen las erupciones por el cuerpo y hasta que finalice la caída total de las costras.