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La carrera por conseguir una vacuna podría ser tan solo el anticipo del que sería otro de los grandes problemas en la lucha contra la COVID-19: el acceso a la misma. En este sentido, la Organización Mundial de la Salud (OMS) tratará de velar porque este se produzca de manera universal. En este sentido su director general, Tedros Adhanom Ghebreyesus ha instado a “evitar el nacionalismo con la vacuna” y pedido solidaridad. Por ello, el organismo se ha marcado como misión formular recomendaciones para su uso apropiado y justo.

Entre ellas, el mandatario etíope ha propuesto la asignación de vacunas en dos fases. En la primera, las dosis se asignarían proporcionalmente a todos los países participantes simultáneamente para reducir el riesgo general. En la dos, se tendrían en cuenta las consideraciones de los países en relación con la amenaza y la vulnerabilidad. En este orden se enmarcaría la priorización en trabajadores sanitarios, primera línea de defensa contra el virus.

Además, ha insistido en la necesidad de una respuesta colectiva a la pandemia, sin bloqueos como los sucedidos en la cadena de suministro. Así, ha señalado que compartirlo “de manera estratégica y global es en realidad de interés nacional para cada país”.

“Nadie está a salvo hasta que todos estén a salvo. Ningún país tiene acceso a la I+D, a la fabricación y a toda la cadena de suministro de todos los medicamentos y materiales esenciales”, ha recordado.

Sin evidencia de levedad por mutación

Por su parte, la epidemióloga líder de la OMS, María Van Kerkhove, ha señalado que aún no hay evidencia científica de que la mutación del coronavirus recientemente identificada en algunos países de Asia por científicos de Corea del Sur cause una enfermedad más leve o sea menos mortal. Así, ha aseverado que se encuentran trabajando con un grupo de especialistas para entender los cambios que puedan ocurrir en la secuencia genética del virus.

“Si aparece un artículo anunciando que hay una nueva mutación, esto puede asustar, pero estos cambios en los virus ocurren todo el tiempo. Hemos visto cambios en esta mutación del virus llamada D614G, que es algo que ha circulado desde febrero, y es la cepa que predomina en Europa y América del Norte, y ahora ha regresado a Asia”, ha explicado la experta.

“La cepa DG14G es la cepa que predomina en Europa y América del Norte, y ahora ha regresado a Asia”

En última instancia, Van Kerkhove ha destacado que lo imperativo es seguir monitoreando el SARS-CoV-2 para entender sus cambios y determinar cuáles mutaciones son importantes o lo hacen comportarse de manera diferente.

Vigilancia de la salud mental

Por su parte, desde la Organización Panamericana de la Salud (OPS) han reclamado que se considere el apoyo a la salud mental como un componente crítico de la respuesta a la pandemia. Así, han subrayado que hasta un tercio de los recuperados puede sufrir ansiedad o depresión.

Su directora, Carissa Etienne, ha apuntado así que los estudios en los tres países más países más afectados por el coronavirus (Brasil, Estados Unidos y México) indican que más de la mitad de los adultos sufren niveles de estrés asociados a la COVID-19. “Muchos de los pacientes que han dado positivo también experimentan insomnio, dificultad para dormir, desvarío o incluso depresión”, ha destacado la directora del organismo sanitario.

Del mismo modo, ha indicado que muchas personas “se ven abrumadas por el miedo a desarrollar una enfermedad grave”, mientras que “otras están comprensiblemente preocupadas por sus vidas” y que “las investigaciones iniciales muestran que hasta un tercio de los pacientes que se recuperan pueden sufrir cambios duraderos en su estado de ánimo y padecer ansiedad o depresión”.


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