Invertir en investigación: El Talón de Aquiles del Covid-19

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Por Noelia López, portavoz de Ciencia, Universidades e Innovación de Ciudadanos en la Asamblea de Madrid . Doctora en Biología especializada en microorganismos patógenos

El planeta se enfrenta a un desafío excepcional, una pandemia de una envergadura nunca vista como es el coronavirus, SARS-CoV-2. Sin embargo, no es la primera vez que ocurre algo similar en la historia de la Humanidad. Los microorganismos patógenos han definido el destino de las sociedades tanto como las guerras o los grandes movimientos coloniales.

Por poner algunos ejemplos, la peste negra (causada por la bacteria Yersinia pestis) fue una de las pandemias más devastadoras de la historia, y acabó con casi la mitad de la población europea en el siglo XIV. Hace 100 años, la conocida como gripe española -aunque no se originase en España-, un influenzavirus A, del subtipo H1N1, de la familia Orthomyxoviridae, acabó con la vida de entre 40 y 100 millones de personas al término de la Primera Guerra Mundial. O el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (Sida) causado por el VIH (un lentivirus de la familia Retroviridae), que apareció en los años 80 del pasado siglo y ya lleva casi 40 millones de muertes en su contador, y aún sigue haciendo estragos.

Un nuevo coronavirus: SARS-CoV-2

Ahora le ha tocado al SARS-CoV-2, un betacoronavirus que causa la enfermedad COVID-19, con una sintomatología que puede variar; desde un síndrome gripal hasta una neumonía aguda con desenlace fatal. Esto ocurre en el 3% de los contagiados registrados, lo que está provocando un impacto global aún incalculable, tanto sanitario como económico.

Las mutaciones de los virus de ARN hacen que cada vez se parezcan menos a la cepa original.

Estos enemigos invisibles, los virus, son agentes microscópicos infecciosos y parásitos obligados que, en el hospedador adecuado, replican su material genético y dirigen la síntesis de sus componentes para generar millones de partículas virales hijas.

El genoma de los coronavirus no está formado por ADN, como el de animales y plantas, sino que está compuesto por otro tipo de ácido nucleico: el ARN. Precisamente, esta característica define una de las propiedades más importantes de estos virus: su alta tasa de mutación.

Esto es debido a que las ARN-polimerasas, las proteínas que copian el genoma viral, no tienen capacidad de corrección de errores. Por este motivo, cada nueva generación viral va acumulando errores de copia y son, cada vez, menos parecidas a la cepa original.

La evolución del nuevo coronavirus

Esta acumulación de fallos es una ventaja adaptativa clave en la evolución de los virus ARN. El azar hace que algunos de los viriones “defectuosos” resulten más favorables para su actividad y peligrosos para su hospedador, por tener una mayor tasa de replicación. También pueden tener una mayor virulencia, un tropismo diferente, o una diferente especificidad a la hora de entrar en las células hospedadoras.

Cuando se produce una mutación que permite que un virus, previamente sólo capaz de infectar a un estrecho rango de hospedadores, pase a infectar otras especies, se produce el “salto de especie”. Este es el mecanismo por el que aparecen en la naturaleza nuevos virus patógenos para el ser humano. Según recientes estudios genómicos, el SARS-CoV-2 se habría originado en murciélagos y habría saltado a humanos mediante un paso previo a través de un hospedador intermediario. Se ha sugerido la hipótesis de que este hospedador intermediario podría ser el pangolín, pero estudios genómicos recientes indican que es probable que se trate de ciertas especies de tortugas (Liu, Z y cols; 2020).

La moraleja de esta historia sólo es una: la investigación científica es lo que nos permite conocer los detalles de los virus y combatir su propagación. La investigación es el talón de Aquiles del SARS-CoV-2 y del resto de patógenos. Por eso debe convertirse en una inversión estratégica global sostenida y prioritaria. En tiempos de la globalización, un salto de especie puede dar la vuelta al mundo en pocas semanas, traspasando fronteras y tumbando economías. Ese es el reto.