El aprendizaje de la COVID-19 desde la humanización

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Por Julio Zarco, Presidente de la Fundación Humans.

Ya hace casi un año que estamos inmersos en una de las más terribles pandemias y desastres de la humanidad de todos los tiempos, la pandemia de la COVID-19 que ha sometido a toda la sociedad a una paralización de la actividad humana, económica y social. Hace un año de la aparición de los primeros casos en China y en estos momentos y tras millones de fallecidos en todo el mundo, miramos con esperanza la aparición de las primeras vacunas en un ejercicio de colaboración e investigación sin precedentes en la historia de la ciencia. También asistimos con miedo y prevención a la aparición de cepas mutadas del virus y al agotamiento y cansancio de la población que apunta a lo que se ha denominado la tercera ola de la pandemia.

Mientras asistimos al caos organizativo y político de todos los países en busca de medidas de contención de la trasmisión del virus, nuestra preocupación fundamental consiste en si los sistemas sanitarios pueden hacer frente a sucesivas e interminables olas de pacientes que acuden a los centros sanitarios en busca de diagnóstico, curación o soporte vital. Durante la primera ola de pandemia acontecida entre marzo y junio, los hospitales se colapsaron, las UCIs se sobresaturaron y los profesionales tuvieron que dar respuesta a la asistencia sanitaria en situación de precariedad de medios, caos organizativo y desconocimiento clínico del compartimiento del virus.

Estamos inmersos en la tercera ola pandémica producto de la laxitud en la toma de medidas confinatorias y con una variante mutada del virus de una mayor infectividad, esperamos un nuevo colapso del sistema sanitario. Ante esta situación amenazante que se cierne sobre el incierto horizonte, debemos implementar el duro aprendizaje que realizamos durante las olas pandémicas anteriores y en especial sobreponernos al caos y anticiparnos a los hechos.

Durante esta pandemia se ha puesto de manifiesto que los nuevos marcos colaborativos de los profesionales han sido eficaces y ello lo hemos visto cuando equipos multidisciplinares de sanitarios se han puesto manos a la obra para abordar los múltiples problemas de los pacientes. Debemos seguir trabajando para facilitar estos marcos colaborativos y trasversalizar las organizaciones. Desde el punto de vista de la humanización de los cuidados tenemos que avanzar mucho como organización, pues si bien han aparecido múltiples actuaciones que han tratado de paliar las situaciones de deshumanización, soledad, abandono y carencia de información, como organización aún no hemos planteado soluciones organizadas y vertebradas para dar solución a las situaciones de aislamiento, carencia de información y no contacto humano. Esta pandemia cuyo origen es infeccioso, nos ha obligado a someter a nuestros pacientes a un aislamiento total y eso comporta situaciones de soledad que han llevado hasta el extremo de no contacto con familiares e incluso el fallecimiento de pacientes en la más absoluta soledad, incluso sin que en muchas ocasiones los familiares conozcan el paradero del familiar fallecido.

Los sistemas sanitarios y sus profesionales no estábamos preparados para esta situación de dureza extrema. Si a esto se añade la dureza del trabajo de los sanitarios en eternos turnos sin descanso ante una situación que no cede y no se contempla su fin, ha llevado a un importante agotamiento de los sanitarios que está desembocando en trastornos de salud mental como depresión, ansiedad e incluso estrés postraumático. Estas situaciones y muchas otras, nos llevan a reivindicar que ahora más que nunca, debemos preocuparnos por la humanización de los procesos asistenciales, sobre todo en la época COVID y más que nunca la humanización de pacientes, familiares y profesionales.

Debemos cuidar a los cuidadores, a los sanitarios que velan por nuestro cuidado. Tenemos muchos profesionales que han sucumbido al agotamiento físico y mental de sus tareas y eso pone en riesgo el funcionamiento y la solvencia en la gestión de la esta crisis sanitaria. Debemos hacer un esfuerzo desde la gestión para facilitar laboralmente una adecuada administración de tiempos, turnos de trabajo y conciliación familiar. Debemos procurar no tener a nuestros profesionales encerrados en el hospital sometidos a la presión ininterrumpida de la asistencia. Además de potenciar los grupos colaborativos, debemos preocuparnos del descanso y la armonía mental de nuestros profesionales. Disponer de espacios para el descanso, la desconexión junto a la intervención personalizada y grupal de profesionales de salud mental, se hace imprescindible y en ningún caso se ha abordado de manera reglada.

Debemos reflexionar sobre las carencias formativas de nuestros profesionales sanitarios en áreas tan importantes como la comunicación, la empatía, las habilidades comunicacionales y la gestión de los propios conflictos internos. Esta es una asignatura pendiente. De la misma manera debemos abordar los cambios de organización y en el diseño de los procesos, para que el paciente se encuentre acogido y podamos romper el aislamiento al que se ve sometido. Los circuitos de información deben mejorar y el contacto con los familiares se hace necesario. Pese a todas las mejoras que se hacen necesarias, es mucho lo que hemos aprendido como humanos y como profesionales de la medicina. Hemos aprendido que como anunciaba Víctor Frankl hace muchos años, el ser humano es excepcional, la capacidad de resiliencia es titánica y sobretodo esta situación nos ha hecho más humanos, pues hemos descubierto que la empatía y la compasión son nuestras armas terapéuticas más importantes.