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Las terapias CAR-T han supuesto realmente toda una revolución en el área de onco hematología. Los datos de supervivencia registrados por estas nuevas terapias han marcado un antes y un después para patologías con una alta mortalidad. De hecho, los últimos datos presentados en la última edición del Congreso de la Sociedad Americana de Hematología (ASH), muestran supervivencias a tres años en el caso de Yescarta, en pacientes con linfoma b de célula grande refractario o en recaída.
Pero, una vez demostrada su eficacia, el siguiente paso y, por tanto, el gran reto a nivel investigación es expandir estos tratamientos a otros tipos de cáncer. Para ello, se está tratando de que los fármacos de la nueva generación de CAR-T ataquen a múltiples objetivos, para ampliar la disponibilidad de estos tratamientos a más tumores hematológicos o reemplazar el proceso de fabricación de CAR-T por uno estandarizado.

Más allá de las CAR-T

Pero estas terapias avanzadas no son las únicas que están llamadas a cambiar el abordaje de algunos tumores de la sangre. Las Natural Killer también se posicionan como una novedosa opción de tratamiento en esta especialidad. Estas células forman parte del propio organismo, pero tienen más fuerza que las células tumorales; por ello, el objetivo es potenciar su función para que consigan eliminar las células cancerígenas. Según se expuso en ASH, ya se han presentado resultados de los primeros estudios preclínicos en los que se aplica el concepto de desarrollo de fármacos tradicionales a este tipo de terapia celular para fabricar estos fármacos a gran escala y que esta inmunoterapia sea accesible para más pacientes.

Las CAR-T buscan aplicación en otros tumores, a la vez que se avanza en medicina de precisión

Dentro de los ensayos presentados destaca la efectividad de la molécula FT596 para destruir los glóbulos blancos cancerosos, incluso los que no habían respondido a terapias anteriores. La compañía Fate Therapeutics, encargada de la I+D en este campo, prevé comenzar un ensayo en Fase I en el primer trimestre de 2020, con pacientes con linfoma de células B o leucemia linfocítica crónica.
Otro de los grandes retos en lo que respecta a los tumores de la sangre es la utilización de la secuenciación genómica. Ya se conoce el genoma completo de patologías como la leucemia mieloide aguda (LMA) o el síndrome mielodisplásico. Con esto se puede conocer el rol de varios genes en estas enfermedades y sus subtipos. Contar con esta información es de gran ayuda para los especialistas puesto que les ayuda a tener una perspectiva más completa del paciente. En el ASH se señaló que también se ha realizado una secuenciación del ARN de los pacientes. Al recogerse todos estos datos, sería más fácil aplicar la medicina de precisión.