Los urgenciólogos valencianos continúan trabajando en labores de rescate y atención urgente tras el incendio sucedido en la tarde de ayer en el barrio valenciano de Campanar, que acabó con un edificio formado por dos bloques de viviendas y en el que se cifran hasta la fecha en cuatro los fallecidos y al menos 15 desaparecidos. La Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (SEMES) ha alertado sobre el síndrome por inhalación de humos que pueden sufrir los afectados, una intoxicación derivada de los productos de combustión.

Desde Valencia, Javier Millán, secretario de Relaciones Institucionales de SEMES y jefe de Urgencias del Hospital La Fe de Valencia, ha afirmado que la situación actual en su servicio de Urgencias es de absoluta normalidad y se está trabajando a pleno rendimiento: “ayer se activó el nivel uno del Plan de Emergencias frente a un accidente de múltiples víctimas, que incluye la coordinación con unidades de cuidados críticos y, en especial, con la unidad de quemados, que además es referente en nuestro centro”.

Además, ha añadido que la reorganización de la actividad del propio servicio de Urgencias se ha hecho para garantizar la disponibilidad de camas para atender a los heridos que puedan llegar hasta el centro, además de asignar un aumento del personal disponible para poder garantizar esa atención.

Por su parte, Carmen Casal, enfermera de Emergencias en la Comunidad Valenciana y portavoz de SEMES, ha recalcado que la realidad en este suceso acontecido en la ciudad de Valencia “ha superado la ficción”. Asimismo, ha destacado la formación de los servicios de Emergencia Sanitaria. “Estamos en formación continua a través de reciclaje y simulacros para aprender a trabajar con otras fuerzas de seguridad y rescate”, ha afirmado Casal, quien asegura además que ante este hecho se ha podido dar respuesta, no solo a este incidente de múltiples víctimas, sino también a las urgencias ordinarias que son importantes.

¿Qué el síndrome por inhalación de humos?

Es una intoxicación derivada de los productos de combustión, por ejemplo, cuando se produce un incendio, y se debe fundamentalmente a la conjunción y presencia de al menos tres sustancias.

Por su parte, Tato Vázquez Lima, presidente de SEMES, ha explicado que el primero de estos tres conjuntos de sustancias son los gases irritantes (óxido nitroso, fenoles, amoniaco etc.) Estos gases producen un cuadro irritativo sobre las mucosas: lagrimeo en ojos, disfonía, ronquera, etc., “y si estos gases llegan más abajo, a nivel traqueobronquial, lo que producen es neumonitis química y puede llegar a derivar en sobreinfecciones bacterianas. Además del efecto irritante del gas, hay un componente más: la alta temperatura que alcanzan, pudiendo producir quemaduras en la vía aérea. Los profesionales de urgencias, cuando vemos que las vibrisas están quemadas, suponemos que el gas ha alcanzado grandes temperaturas y que ha ocasionado quemaduras, por lo que procedemos a un aislamiento de la vía aérea para impedir asfixia en consecuencia a este suceso”.

El segundo conjunto de sustancias son las materias en suspensión (como el hollín), normalmente derivadas del carbono. Son pequeñas moléculas que se van depositando por toda la vía aérea y que pueden producir posteriormente neumonitis o infecciones respiratorias.

Y el tercer conjunto de sustancias, que es el más peligroso, son los gases no irritantes pero asfixiantes. “Fundamentalmente son dos, el monóxido de carbono y el cianuro”, añade el presidente de SEMES. “El monóxido de carbono produce una fijación, se absorbe muy rápido a través de la vía respiratoria, se fija a la hemoglobina e impide que ésta transporte oxígeno a los tejidos. Con lo cual, lo que se produce es una muerte de las células por falta de oxígeno. La clínica habitual en estos casos es cefalea, dolor torácico y, en ocasiones, puede producir náuseas, vómitos o diarrea. Además, es un gas extremadamente tóxico y no es detectable, es inoloro, insípido… el llamado asesino silencioso”.

Este tipo de intoxicación, por ejemplo, es común en invierno con la utilización de braseros o calderas mal adaptadas para la combustión.

Por su parte, el cianuro se produce en la combustión de plásticos y es un gas que produce una absorción muy rápida e impide la utilización de oxígeno por parte de las células: “bloquea el sistema citocromo e impide la fosforilación oxidativa de las células. Lo que hacen las células como respuesta al no poder utilizar oxígeno es empezar un metabolismo anaeróbico que produce una acidosis láctica severa que conlleva a la muerte”, ha señalado Vázquez.