C.M.L. | martes, 26 de marzo de 2019 h |

¿Se está abordando la nutrición informativamente de manera correcta? ¿Está el debate del azúcar centrado? Hace unas semanas se celebraba el Workshop ‘El papel del azúcar en la nutrición: Buscando el equilibrio’, organizado por Fundamed, con el apoyo de Gaceta Médica. Raquel Blasco, experta en nutrición deportiva; Luis Zamora, diplomado en nutrición humana y dietética de Global Health Care; Rafael Moreno, catedrático de nutrición del Departamento de Bromatología y Tecnologías de los alimentos de la Universidad de Córdoba; Enrique Coperias, director de Muy Interesante; Rafael Urrialde, director de Salud y Nutrición de Coca Cola Iberia; Antonio Rodríguez, portavoz de la plataforma sinazucar.org, y Cecilia Callejo, del departamento técnico de salud en la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) trataron de arrojar luz a un debate que comenzaba con un interrogante clave: ¿Están los mensajes radicalizados? Los expertos coinciden en que sí.

El problema se debe, en muchos casos, a que los mensajes negativos son los que funcionan y se convierten en referentes. Por ello, los expertos consideran que las informaciones lanzadas no son fidedignas. Al igual que ocurrió en su momento con el colesterol o la grasa, “ahora le toca al azúcar, donde el interés es creciente y existe una confusión en el consumidor”. Esta “infoxicación” que existe, hace que se tenga que ir más allá de esta dicotomía del mensaje: de lo bueno y lo malo, y aportar la información bajo el palio de la evidencia científica. En este sentido, la evidencia muestra cómo el azúcar no es tóxico , si bien, el exceso es contraproducente.

¿Es el azúcar adictivo?

Los nutricionistas tienen claro que el ser humano no es adicto al azúcar, otra cosa es la apetencia, si bien estamos genéticamente predispuestos a ella porque es un elemento de supervivencia. En lo que la mayoría coincide es que se puede trabajar en reducir el dulzor, pero no con el azúcar, sino con los edulcorantes. Precisamente, otro de los mensajes negativos que de vez en cuando saltan a la palestra —por esa infoxicación existente— son los edulcorantes. Como confirman los expertos, hasta el momento no existen estudios científicos que señalen que los edulcorantes son dañinos. “Están aprobados, luego son seguros”, acotaron. Al mismo tiempo, los especialistas quisieron lanzar el mensaje de que rebajar el dulzor en determinados productos es un camino largo, y sustituir al azúcar por el edulcorante no es un problema, “es la solución”.

Lo que parece claro es que la industria está haciendo el trabajo que el consumidor demanda. El dulzor en muchos productos está bajando desde hace más de 10 años. Poner en valor, por tanto, el papel que está llevando la industria de la transformación también se puso sobre la mesa.

Partiendo de la base de reducir la ingesta de azúcar, el consumidor debe saber la cantidad de azúcar que tiene que tomar al día. “Estamos hablando de un entorno nutricional”, aclararon, por lo que educar a la población no puede partir de un etiquetado de un alimento en concreto, sino de una formación y educación de calidad que ‘cale’ en el consumidor. El problema es que muchas veces los consejos nutricionales surgen en la divulgación. Algo que debe gestarse en la escuela o en la consulta del especialista.

El papel de la administración

Ante este escenario, buscar estrategias lideradas por el Estado se hacen necesarias para educar a la población ante estas cuestiones. Sin embargo, los especialistas opinan que la Administración debería cambiar su papel “reactivo” hacia uno más “proactivo”. El mensaje es claro: “Necesitamos una sociedad que entienda que la evidencia científica es lo importante”.

A día de hoy, los expertos lamentan que no exista una encuesta oficial longitudinal que avance sobre la ingesta de azúcar, y a partir de ahí, construir un diálogo.

En cuanto al azúcar los deberes por parte de la industria se han hecho.La OMS recomendó limitar su ingesta a menos del 10 por ciento de las calorías provenientes del mismo y para ello, las empresas se adaptaron a esa recomendación. En el caso de Coca-Cola con la reformulación de sus bebidas y con alternativas sin azúcar.

En este sentido, el papel del etiquetado entra en acción. “La información tiene que estar en el etiquetado y el mensaje debe ser legible”, coincidieron los especialistas, al tiempo que precisaron que al consumidor hay que aligerarle la información por facilitarle de forma comprensible la información presente en la etiqueta. Otros pasos que se han dado en España ha sido el acuerdo de Aecosan, donde el Ministerio de Sanidad y la industria alimentaria se comprometieron a reducir el contenido de azúcar, grasas y sal.