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El Trastorno del Espectro Autista (TEA) comienza a manifestarse durante los tres primeros años de vida. En este momento, muchas son las preocupaciones que copan la mente de los padres tras su diagnóstico. En la búsqueda de soluciones surge una posibilidad que abre un horizonte de gran mejora para el paciente y probada eficacia empírica: los perros de asistencia. Entrenados por profesionales cualificados, los animales adquieren las aptitudes necesarias para auxiliar a personas con discapacidad. Así es, por tanto, en el caso concreto de los Perros de Servicio para Niños con Autismo (PSNA).

Perro de asistencia con niño con TEA

Los potenciales beneficios que reporta la compañía de unos canes específicamente adiestrados son prácticamente infinitos. Sin embargo, todos ellos contribuyen a un propósito común: mejorar la calidad de vida tanto del pequeño como de las familias. Incremento de la atención y la concentración, del contacto visual o una mejor adaptación a nuevos entornos son algunos de los muchos progresos que consiguen junto a ellos.

De esta manera son capaces, incluso, de reducir sus niveles de estrés y ansiedad o fomentar su aprendizaje.

Seguridad y compañía

Una de las grandes inquietudes de los padres es que estos se escapen. Según señalan informes epidemiológicos, la mitad de los niños que padecen autismo tienen tendencia a huir de sus cuidadores. Un amplio porcentaje de riesgo de fuga que encuentra catalizador en cualquier situación sensorial de bloqueo, mucha gente o ruido.

Este es uno de los problemas que ataja este tipo de perro, anclándolo mediante un arnés que une el peto del animal al pequeño. Entrenado en pautas de seguridad vial, marca además la distancia con los bordillos para evitar que crucen cuando existe riesgo. En cualquier caso, el animal aprende un comando de voz adicional con el que se tumba y lo bloquea de ser necesario.

EQUIPOS MULTIDISCIPLINARES

Rocío Marín, de Kuné Perros de Ayuda Social, explica para GM cómo son los equipos que intervienen en todo el proceso. “Los instructores no son cualquier adiestrador canino, porque no solo necesitamos entender la mente canina”, explica. “Tenemos que integrar después con la persona, por lo que también necesitamos formación en discapacidad, en autismo. Al final, el perfil profesionales es un poco mixto”, sentencia.

Marín destaca la fase de acoplamiento como la prueba de fuego. En ella trabaja de manera conjunta el instructor con el psicológo o terapeuta del niño. Además, en ocasiones se integra en el equipo un profesional de la educación para trabajar en otros aspectos.

Habilidades motoras y sociales

La compañía canina favorece también una deambulación rítmica y constante. Al aprender a ir agarrados a un asa, se reducen conductas estereotipadas como balanceos, aleteo de manos o ruidos. Por otro lado, los perros son adiestrados para cortar crisis y bloqueos. Chupando cara o manos, generan una incomodidad divertida con la que sacan del estado a los pequeños.

Charla de perros de asistencia
Explicación a niños de tipos de perros de asistencia.

Los niños con problemas en patrones del sueño también obtienen beneficio. El perro es capaz de proporcionar calma y tranquilidad al ejercer una leve presión sobre su cuerpo. Además, han mostrado su eficacia como motor social en TEA: aumentan su interacción y habilidades, mejorando en muchos casos la comunicación verbal y no verbal.

Todo gracias a un proceso titánico previo que dura en torno a dos años y en el que el animal es educado desde su fase más básica hasta la más específica que culmina en el acoplamiento con el niño. Escuela, universidad y prácticas que convierten al perro en un amigo terapéutico sobradamente preparado para auxiliar a los infantes con autismo, y por tanto, en un poderoso aliado.