Rafael Pacheco Guevara.

Los principios éticos que dictan la actividad médica suelen ser estáticos y comunes a toda la actividad sanitaria, pero, en ocasiones, se plantean algunas discordancias y se originan polémicas de índole bioética.

Para analizar la ética médica y los problemas que pueden surgirles a los médicos, Gaceta Médica ha entrevistado a Rafael Pacheco Guevara, académico de número de la Real Academia de Medicina de Murcia.

Además de su especialización en ética médica, Pacheco es Doctor en Medicina y Cirugía, especialista en Medicina Legal y Forense y en Medicina Interna, y diplomado en Dirección Hospitalaria.

Pregunta. ¿Cómo se hacen presentes la ética y la bioética en la gestión sanitaria y en la labor asistencial?

Respuesta. Respecto a la labor asistencial, la ética médica es imprescindible y fundamental, hasta el punto de que se puede afirmar con rotundidad que, sin ética, no es medicina. Las normas morales acompañaron al “sanador” desde entes de existir la Ciencia Médica como tal: nadie dejaría entrar a un delincuente en su casa y en su dormitorio, sólo al que fuese tenido por una persona honesta. Cambiamos licencia por decencia. Al médico se le respeta y obedece, desde el convencimiento de su honradez, preparación y buen hacer.

En la gestión sanitaria, también son básicos los valores éticos: el gestor debe dar buen ejemplo, en todo momento. Sobre todo, ha de esforzarse en ser justo, equitativo y exquisito en el manejo con los recursos de los que dispone. La eficiencia es la suma de eficacia más decencia.

P. ¿Son los pacientes los que determinan los límites de la deontología?

R. La correcta actuación ético-deontológica es una acertada combinación de los valores personales, los de la profesión y los propios de la institución donde se ejerce. Los valores personales pueden ser, entre otros: libertad, dignidad, responsabilidad, empatía, seriedad… Los del Servicio Nacional de Salud son: altruismo, solidaridad, universalidad, “gratuidad”, equidad, etc. Los deontológicos: confidencialidad, respeto a la intimidad, información, etc. El buen profesional los ha de saber conjugar.

Los pacientes son cada vez más exigentes, entre otras razones, porque muchos conceptos éticos han adquirido rango de preceptos legales y, en consecuencia, ahora son de obligado cumplimiento.

Desde el anterior planteamiento, sí se puede afirmar que contribuyen a determinar los límites de la bioética. Muy importante es la llamada Ley de Autonomía del Paciente (dio carta de naturaleza a la ética en los hospitales y centros de salud).

“La eficiencia es la suma de eficacia más decencia”

P. En su libro “Trato y Tratamiento. Claves para una medicina de calidad: científica, humanizada y sostenible”, habla sobre los pilares de la medicina de calidad. ¿Cuáles serían?

R. La calidad constituye un imperativo ético en Sanidad. No puede haber una actuación médica que no persiga la calidad y la excelencia, aunque no siempre se consiga. En esto nuestro, la incertidumbre está presente en todo momento. Las claves de calidad serían, junto a otras: formación, respeto, rigor, sistemática, interés, compasión, ética, eficiencia, humildad, comunicación… Es inexcusable la constante búsqueda de la seguridad del paciente: sin seguridad no hay calidad. No se puede salir del hospital peor de lo que se entró.

P. ¿Está en peligro, en su opinión, esta medicina de calidad?

R. La ciencia médica es cada vez más resolutiva, pero, igualmente, es más agresiva. A veces no se consigue lo pretendido e, incluso, surgen efectos indeseables por los denominados eventos adversos (errores): errar es humano. La medicina de calidad no corre peligro, si bien es cierto que no siempre se consigue la excelencia. La expectativa de los pacientes es muy alta y el nivel de frustración, muy bajo. Ante el deseo de resolución frustrado, surge la reclamación, el rencor y, a veces, la exigencia de reparación (litigiosidad por demanda de responsabilidad: mala praxis, ignorancia inexcusable, negligencia, etc.). Hay que crear cultura de seguridad y contemplar a la llamada “segunda víctima” (el profesional que se equivocó).

P. En declaraciones a la Universidad de Murcia, explicó la importancia de “formar médicos y no sólo especialistas en biología humana”. ¿Cree que la bioética debe ser un eje principal de la formación de los futuros médicos?

R. Así es. Me reafirmo en lo dicho, sin ningún atisbo de duda. Un buen experto en biología humana puede ser capaz de analizar, diagnosticar y tratar, pero no será un médico si, a sus importantes aptitudes, no incorpora buenas actitudes. La Medicina es una dualidad: conciencia y evidencia; emoción y razón; cuidado y curación; o paciencia y Experiencia, entre otros. Ser médico es más que experto en biología humana y así lo quiere la ciudadanía. Somos profesionales porque “profesamos” códigos éticos. De ahí, la confianza que debemos generar y cultivar.

La bioética es, expuesto sin rigor académico y de manera sencilla, la utilización de los valores de naturaleza ética como herramientas para la resolución de dilemas médico-sanitarios. Por supuesto, ha de impregnar de manera constante la formación y, después, el ejercicio profesional del médico, siempre y en todo momento.

P. Las declaraciones del vicepresidente de Castilla y León sobre los cambios en los protocolos asistenciales para embarazadas han causado revuelo y polémica. ¿Cuál es su opinión acerca de estos protocolos?

R. Creo que las leyes deben acatarse y cumplirse porque obedecen a lo deseado por la representación de la soberanía popular en un momento dado. Si no agradan, debe esperarse a la consecución de otra mayoría parlamentaria para, legítimamente, derogarlas o modificarlas.

El protocolo citado puede hacer que la gestante se sienta intimidada o coaccionada, al infantilizar su decisión previa e intentar modificarla con lo ofertado. Los protocolos médicos no son leyes de obligado y estricto seguimiento: sólo son un importante referente para la actuación. Además, existe el criterio propio, la experiencia, las circunstancias específicas y singulares de cada caso, las guías clínicas, las publicaciones sobre la materia, la opinión de otros colegas, la de los maestros, etc. Por supuesto, tomada una decisión, habrá que explicarla con fundamentos científico-técnicos.

Creo que no se le podrá exigir ofertar lo planteado al médico, ni tener que valorarlo a la embarazada. Otra cosa será que, de mutuo acuerdo, decidan, ambos, optar por esa dinámica.

P. Aunque cualquier cambio de este tipo ha sido desmentido por el propio Gobierno autonómico, ¿qué supondría para un médico, si llegara a producirse?

R. Creo que, en general, sería una imposición inasumible y rechazable, salvo que previamente se contara con la aceptación explícita de la paciente. Insisto: los protocolos no son leyes. Prevalece el criterio del profesional, limitado, exclusivamente, por la Ley y la “Lex Artis Ad Hoc”.

“Creo que no se le podrá exigir ofertar lo planteado al médico, ni tener que valorarlo a la embarazada”

P. Por último, en referencia a Europa, ¿qué papel juega la ética en los ensayos clínicos? ¿Cree que está bien regulada la normativa europea acerca de esto?

R. Es fundamental. Los ensayos clínicos son tan necesarios como rigurosos. Sin ellos, no dispondríamos de nuevos fármacos. Es imprescindible que exista en los participantes voluntariedad, libertad para entrar y salir del ensayo (sin tener que dar explicaciones), póliza de seguro contra cualquier riesgo o efecto indeseable, información y, a veces, indemnización por las molestias ocasionadas.

En los hospitales existen los CEIs (Comités Éticos de Investigación), formados por médicos, farmacéuticos, farmacólogos, enfermeros, bioeticistas y letrados. La normativa europea es correcta (como todo lo humano, es mejorable) y se suele cumplir con celo. Funciona bien, también, la farmacovigilancia de los medicamentos.


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