A partir del próximo 20 de abril el uso de una de las medidas icónicas de la lucha contra la pandemia, la mascarilla, dejará de ser obligatoria en interiores, con la excepción de medios de transporte, centros sanitarios y residencias.

El anuncio llega en un momento de máxima fatiga social tras dos años en guardia frente a la COVID-19. Los expertos consultados por GACETA MÉDICA coinciden en que el hecho de que no resulte un imperativo, no ha de impedir que, en un ejercicio de responsabilidad, se siga utilizando en momentos y entornos en los que haya una percepción de riesgo.

Lo resume así Ángel Gil, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad Rey Juan Carlos, que entiende que el fin de la mascarilla tiene que llegar tarde o temprano. Lo importante, subraya, es que se mantenga la costumbre de llevar una mascarilla siempre a mano y tener la precaución de utilizarla en aglomeraciones de gente.

“Hay que ir pensando en quitarla, pero sin perder el principio de precaución y prudencia”

Ángel Gil (URJC)

“Hay que ir pensando en quitarla, pero sin perder el principio de precaución y prudencia. Hay que valorar en cada momento donde estamos y, en una situación de riesgo, no pasa nada por seguir utilizándola como medida de precaución. Hay que aplicar el sentido común”, subraya el experto.

En la misma línea, Vicente Martín Sánchez, coordinador del Grupo de COVID de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen), muestra su apoyo a la decisión de las autoridades sanitarias. “Todos sabemos, ellos también, que cuando se eliminen las mascarillas habrá un repunte, pero lo esperado es que no sea enorme”, explica.

“Para que se cumplan las normas debe haber un ambiente favorable”

Vicente Martín (Semergen)

Según su visión, es importante también que para que la gente cumpla y haga lo que se le pide debe haber un ambiente favorable. “Quizá haya un cansancio muy grande, que ya se puede ver en muchos sitios, porque la gente cumple menos de lo que cumplía hace unos meses. Mantener una medida que difícilmente se cumple es complicado”, remarca.

En cualquier caso, Martín subraya que desde el punto de vista estrictamente médico y epidemiológico “está claro que la mascarilla evita contagios”. Además, remarca que nuestro país cuenta con un buen sistema de vigilancia epidemiológica, con un buen control sobre lo que está sucediendo, que permitirá volver atrás en caso de que sea necesario.

En este punto, coincide con todos, hay que insistir en la responsabilidad y recordar que aunque no sea obligatoria, en lugares muy concurridos es mejor evitar acudir allí o, de hacerlo, es importante llevar mascarilla.

Según su visión, “el momento ideal no existe, siempre hay dudas”, de ahí que abogue por vigilar la evolución y estar pendiente. Además, remarca que en nuestro país “hay un buen sistema de secuenciación, de modo que si irrumpe una variante que escape a las vacunas, que esperamos que no suceda, se podría detectar llegado el caso”.

Desde el Consejo General de Enfermería, coinciden en que hay que dar pasos haciendo una eliminación paulatina del uso de las mascarillas en interiores, con las excepciones anunciadas por Sanidad. No obstante, remarcan que es necesario valorar situaciones de mayor riesgo, como eventos multitudinarios y ámbitos con personas muy vulnerables, y seguir de cerca los datos de evolución para poder detectar cambios de tendencia y reconducir la situación si fuera necesario.

“Es importante mantener la obligatoriedad en personas con síntomas respiratorios y en cualquier local masificado o mal ventilado”

Separ

En línea con estas reflexiones, la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ) destaca la importancia de mantener la obligatoriedad en personas con síntomas respiratorios y, en general, en cualquier local masificado o mal ventilado.

Igualmente, los neumólogos abogan por seguir recomendando la pauta completa de vacunación, incluida la dosis de refuerzo.

SEMG considera que no es el momento adecuado

Desde la Sociedad Española de Medicina General y de Familia (SEMG), Lorenzo Armenteros, portavoz sobre COVID, discrepa de esta sintonía general. “Nuestra postura siempre ha sido muy similar e incluso en decisiones anteriores siempre hemos dicho que no veíamos que fuera el momento adecuado, con medidas que no tenían tanto valor en la prevención como el uso de la mascarilla”, advierte.

Que lo hagamos ahora con la mascarilla nos parece arriesgado y hasta cierto punto sin una base científica”, subraya. De hecho, cuestiona que en el ministerio se defiende que la decisión se basa en cuestiones científicas, “con asesoramiento del grupo técnico y que se comentará con los grupos de las diferentes autonomías, pero todos desconocemos quienes son y en base a qué se realiza”.

“No queremos ser aves de mal agüero, pero hay que valorar la progresión que tenemos en este momento. Con la evolución de la pandemia y el número de muertos por encima de los 60 años entendemos que todavía no se da la situación adecuada”, insiste.

Armenteros critica el argumento empleado, “que alude a la responsabilidad individual y supone una dejación de funciones de la autoridad sanitaria”. “Deposita la responsabilidad en la persona o en la atención primaria, donde debemos valorar síntomas para hacer pruebas que confirmen o no y sopesar el riesgo”, lamenta.

“Es una medida placebo en un momento de máximo descontento social”

Lorenzo Armenteros (SEMG)

En su opinión, se trata de una medida placebo en un momento de máximo descontento social tras seis olas de COVID, una inflación tremenda y la preocupación por la guerra en Ucrania. En este sentido, el portavoz de SEMG recuerda las palabras de Sánchez el año pasado ante el anuncio de eliminar la mascarilla en interiores para “recuperar la sonrisa”. En esta ocasión, subraya, “veremos más cara de cabreo que otra cosa”, ironiza.

Se muestra crítico, también, con los datos que se manejan para valorar la evolución de la pandemia. “Datos de ingreso hospitalario, que son bajos, porque la variante parece poco agresiva y queda en vías altas y no pasa a pulmones, y la probabilidad de ingreso en UCI son bajas. Son datos que se utilizan de manera interesada para tomar las medidas actuales”, lamenta.

Como médico de familia, el consejo que trasladará a sus pacientes es que mantengan su uso como hasta ahora, en especial en entorno de personas mayores o frágiles.

“Nuestro deseo es que desaparezca la mascarilla, pero en otro contexto. Con un nivel de circulación muy bajo, un nivel de vacunación muy alto a nivel internacional y la certeza de que el virus tenga una capacidad de mutación muy baja. También es fundamental que podamos disponer de vacunas esterilizantes que nos darán esa garantía”, concluye Armenteros.


También te puede interesar…