Con una ruleta que aspira a desmontar, a través de un juego de verdadero o falso, algunos de los mitos que pesan sobre la salud mental, y el estigma asociado a este tipo de patologías, el Hospital Universitario Ramón y Cajal se suma este lunes, 10 de octubre, a la celebración del Día Mundial de la Salud Mental.

Los paneles informativos situados en el hall de la entrada principal que atraen a los pacientes que visitan hoy el centro madrileño son la parte más visible del empeño del servicio de Psiquiatría del hospital por convertirlo en un punto de encuentro en el que hablar de salud mental, y mucho.

De puertas adentro, en su salón de actos, expertos y pacientes comparten su visión y experiencia en la materia. Lo hacen en la ‘I Jornada del Día Mundial de la Salud Mental. Hablemos de Salud Mental’, organizada por Ángela Ibañez, jefa del Servicio de Psiquiatría, y parte de su equipo.

Las actividades programadas hoy por el hospital madrileño son un ejemplo de la infininidad de acciones que se llevan a cabo en esta jornada atendiendo a la llamada de la Organización Mundial de la Salud, cuya iniciativa de concienciación lanza un mensaje de máximo alcance en esta edición: “Hagamos de la salud mental y del bienestar para todos una prioridad global”.

Una mirada experta

Entre otras muchas intervenciones, y en el marco de esta jornada, Jerónimo Saiz, Catedrático de Psiquiatría y profesor emérito de la Universidad de Alcalá de Henares, ha analizado los retos a los que se enfrenta la especialidad, tras realizar un repaso por su evolución en las últimas décadas.

Jerónimo Saiz

El especialista ha subrayado algunas de las dificultades para esta especialidad en la que, por ejemplo, ha destacado que “no existen marcadores de diagnóstico, no hay pruebas objetivas, no se conoce con precisión la etiopatogenia o no hay ayuda tecnológica”. “Hace cincuenta años , los neurólogos estudiaban los problemas del cerebro a través de dos técnicas principales, nada que ver con las técnicas actuales de neuroimagen… Nosotros seguimos frente a una mesa con un papel, un lápiz y una persona enfrente”, ha indicado.

El especialista ha remarcado también el impacto de la pandemia, que ha incrementado los problemas de sostenibilidad, y aumentado “una gran demanda ambulatoria en patología menor, que no lo es tanto, y grandes necesidades en trastornos graves menos prevalentes, pero que exigen cuidados en muchos años de vida del paciente”.

Frente a este escenario, ha incidido en la necesidad de que progrese la investigación aplicable al trabajo de los psiquiatras, así como de buscar fórmulas para dar respuesta a esta gran pinza en la demanda asistencial. Según su análisis, el sistema sanitario tendría que ser integral, integrado, holístico, accesible, basado en la evidencia, etc… pero centrado en las personas, un término que incluye a los pacientes y a sus familias, pero también a los profesionales.

Retos para la psiquiatría

Los retos a los que se enfrenta la psiquiatría son muy numerosos, según su visión. Demografía, cronicidad, coordinación con atención primaria y atención social, equidad, universalidad. De igual modo, constituye un desafío, en su opinión, esta gran demanda asistencial, así como las divergencias de criterio entre los propios profesionales, con distintas concepciones, escasa atención de la tecnología y el estigma, que afecta a la psiquiatría en múltiples cuestiones.

Saiz ha insistido también en que en nuestro país la atención a la salud mental no recibe a proporción de su importancia. “En España recibimos el cinco por ciento de los recursos, en el resto de países entre el ocho y el diez por ciento”, ha aseverado.

Asimismo, el experto ha formulado una pregunta sobre la posible crisis de la psiquiatría. Según su visión, hay una relación de posibles causas, y una de ellas pasaría por el relativo fracaso del modelo biomédico (la ausencia de marcadores biológicos o etiopatogenia clara en estas enfermedades).

Como especialidad, Saiz considera que, además, existe un deterioro en los últimos años por las dificultades que plantea a los profesionales en cuanto a conciliación. “Es un tipo de trabajo estresante, con una gran exigencia en dedicación y compensaciones poco acordes con ello”, ha reconocido.

A lo que el experto añade el escaso progreso de los tratamientos biológicos, en su opinión. Sin pasar por alto que “hay controversias nosológicas”. “Han pasado muchísimos años antes del DSM 5, con enormes discusiones al respecto. Por ejemplo, ha habido un aumento de diagnósticos, con la psiquiatrización de temas que no eran tan susceptibles de esto”, subraya.

Además, el experto remarca el divorcio entre la investigación y la clínica e incide en que los investigadores básicos “no son ni médicos ni psiquiatras”.

La especialidad sigue luchando contra una corriente que campa a sus anchas por las redes sociales, “la nueva antipsiquiatría”, que surgió en los años 60 y parte de la tesis de que la psiquiatría ha inventado la enfermedad mental y realiza una serie de acusaciones “diversas y terribles”, lamenta Saiz.

Pese a las dificultades, el catedrático concluye que el futuro de la psiquiatría es muy bueno, en gran parte gracias a un material humano estupendo, no solo del ámbito de la psiquiatría, sino también por parte de psicología, etc. “Esta base nos dará un buen futuro”, augura.

La atención a la salud mental a pie de barrio

El enfoque comunitario es el distintivo de la atención a la salud mental desde su transformación con la Ley General de Sanidad. Los centros de Salud Mental constituyen, a día de hoy, un recurso imprescindible en el abordaje de esta patología, a caballo entre el centro de salud y los dispositivos hospitalarios.

Profesionales de cuatro centros de Salud Mental vinculados al Hospital Ramón y Cajal han contado hoy las particularidades de su trabajo. Análisis completos pegados al detalle de su actividad cotidiana con varios denominadores comunes.

Uno de ellos es la falta de recursos para dar respuesta a la demanda en un momento como el actual, pero también la heterogeneidad de las zonas a las que atienden, con grandes variaciones en cuanto al nivel sociocultural y económico entre los barrios a los que dan servicio, un aspecto importante dada la repercusión de esta variable en la salud de la comunidad a la que prestan apoyo. Otra necesidad compartida es la de buscar nuevas fórmulas para reforzar la coordinación con atención primaria.

El diferencial, por ejemplo, del Centro de Salud Mental de Barajas lo aporta su proyecto de psicodrama, frenado por la pandemia, así como el trabajo en varios pisos supervisados por expertos del centro, por citar solo dos ejemplos.

Jorge Gómez-Arnau, psiquiatra del centro, ha explicado que entre sus objetivos está conseguir una mayor integración con la comunidad y con los servicios de rehabilitación, con el que ya existe una relación: “Nos gustaría hacer una mayor atención a domicilio de los pacientes, con programas de hospitalización y una mayor coordinación con atención primaria, tener más contacto para intercambiar puntos de vista”, subraya.

También confía en conseguir una “mejor coordinación con el hospital, para ver criterios de derivación y seguir participando en proyectos de investigación del centro, que se nos pueda involucrar y hacer partícipes”.

En la misma línea ha contado su experiencia Mariana García de León, del Centro de Salud Mental de Ciudad Lineal. Uno de sus sellos de identidad es el programa perinatal, abierto a los cuatro centros de salud mental del área.

Su objetivo es ofrecer apoyo psicológico y social en el periodo perinatal, una etapa en la que la mujer resulta especialmente vulnerable en este sentido. La apuesta por la terapia de grupo resulta emblemática, en línea con el resto de centros especializados. En este sentido, García de León destaca que es una manera “eficiente y eficaz” de hacer psicoterapia, en cuanto a método y teniendo en cuenta el volumen de pacientes.

Para Cristina Polo, psiquiatra del Centro de Salud Mental de Hortaleza, otro de los retos principales en la actualidad pasa por “evitar el desgaste de los profesionales”. “Estamos desbordados, y eso está produciendo que no nos cuidemos lo suficiente. No cuidar bien genera impotencia… estamos en un momento especial donde hay que ver cómo evitar nuestro propio desgaste”, sentencia.

Para finalizar, Agustín Madoz, psiquiatra del Centro de Salud Mental de San Blas, ha subrayado el trabajo en equipo como una de las herramientas más valiosas en este ámbito de actuación. “¿Merece la pena trabajar en equipo en salud mental?”, ha formulado. La respuesta del especialista es contundente: “Sí, nos da calidad asistencial y eficiencia”. Dos objetivos primordiales y más en un contexto de gran complejidad como el actual.


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