Aún hoy existen enfermos en habitaciones de hospitales que no reciben visitas. La dificultad de conciliar la agenda laboral con el horario de visitas de los hospitales continúa siendo una complicación para muchas familias que intentan sacar un hueco para acompañar a pacientes ingresados. En este contexto, la pandemia ha supuesto un hándicap para todos los esfuerzos que intentaban cambiar esta situación y los protocolos COVID existentes en la actualidad suponen un freno que fomenta aún más la soledad.

Ana María Sobrino durante una visita de voluntariado.

Con el objetivo de paliar esta carencia, nació la ong Juntos Caminando por el Mundo, que se consolidó hace tres años en una reunión de amigos y que, a día de hoy, colabora en labores de voluntariado con hospitales y residencias de la Sierra Oeste de Madrid y de la capital.

Hacer compañía a enfermos de media-larga estancia es una experiencia que permite establecer una conexión entre el paciente y el voluntario que va más allá de lo que se piensa. Ana María Sobrino, una de las co-fundadoras de Juntos Caminando por el Mundo, explica a Gaceta Médica el lazo que se crea con los pacientes, con tan solo una visita semanal en hospitales o en los propios domicilios.

Formación de voluntarios

“En el entorno hospitalario o en residencias existe una soledad que traspasa las paredes de la habitación”, indica Ana, quien destaca la importancia de poder hacer otro tipo de actividades, salir del cuarto en el hospital o incluso hablar con una persona con la que se crea un vínculo especial.

“Nuestras visitas dan mucha alegría a los enfermos, podemos notar la ilusión en sus miradas cuando nos ven aparecer por la puerta”

Ana María Sobrino, co-fundadora de Juntos Caminando por el Mundo

Para poder establecer ese lazo con el paciente, intentan relacionar a los voluntarios según sus cualidades, su personalidad y sus gustos para poder crear un entorno amable durante las visitas. En esta línea, organizan distintos tipos de actividades como talleres de lectura, de manualidades, de poesía o incluso teatros.

En este contexto, Ana también destaca la importancia de la formación de voluntarios en la práctica asistencial: “Hay mucha voluntad a la hora de formar parte del voluntariado pero hay determinados conocimientos básicos que es necesario transmitir para no perjudicar a los enfermos”.

Por ello, el grupo de voluntarios está siempre en contacto con los médicos para establecer cada actividad de la forma más adaptada a cada enfermo y no interferir en el trabajo de los profesionales sanitarios.

“Gestos tan básicos como beber un vaso de agua pueden ser un problema si esa persona necesita un espesante para poder tomarlo”, explica.

Expansión por la Comunidad de Madrid

La entidad actualmente está trabajando en el Hospital Virgen de la Poveda, en Villa del Prado, y en la residencia de ancianos ‘Virgen de la Nueva’ de San Martín de Valdeiglesias, ambos en la Comunidad de Madrid. Desde la ong detallan cómo muchas familias tienen pacientes destinados en esta zona de la región madrileña y no pueden trasladarse a diario para visitar a sus familiares ingresados, motivo por el que la labor de voluntariado se consolida como un apoyo para muchos de los residentes.

A pesar de tener intenciones de expandirse a otros hospitales del entorno y de la propia capital con la búsqueda de más voluntarios, la pandemia ha ralentizado este proceso. Sin embargo, este contexto no ha frenado a la ong para ayudar a enfermos del Hospital de emergencias Enfermera Isabel Zendal y del grupo QuirónSalud a través de llamadas telefónicas.

Asimismo, con la llegada de la COVID-19, el grupo de voluntariado tuvo que reinventarse y ejercer otras labores como el traslado de medicamentos, de alimentos o la elaboración de equipos de protección durante los meses más duros de la pandemia.

Uno de los aspectos que más llama la atención del grupo de voluntarios de Juntos Caminando es la media de edad de las personas que integran el colectivo: 25 años, de este modo la ong cuenta con personas que alcanzan casi los 70 años e incluso menores de edad. Sin embargo, Ana señala la motivación y la ilusión por acompañar a los enfermos es un rasgo que caracteriza a todos los voluntarios.

Aún hoy existen enfermos en habitaciones de hospitales que no reciben visitas. Por ello, la confundadora anima a las personas a intentar ejercer el voluntariado en algún momento de sus vidas porque “enriquece y aporta mucho más a cada una de las personas de lo que estas pueda dar durante sus visitas”.


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