GM Madrid | miércoles, 22 de agosto de 2018 h |

Un marcado aumento en el número de caídas entre las mujeres de más de 40 años demuestra que no se trata solo de un problema de la tercera edad. Esta es la conclusión a la que han llegado los investigadores en el Trinity College de Dublín tras realizar un estudio.

“Los investigadores y los médicos siempre han supuesto que las caídas son un problema que solo afecta a personas mayores de 65 años. El estudio muestra que la prevalencia de caídas ya es bastante alta a partir de los 50 años. De hecho, nuestra investigación muestra que hay un fuerte aumento en la prevalencia de caídas en las mujeres durante la mediana edad. Esto ocurre en un momento en que también vemos un aumento en la prevalencia de los factores de riesgo comunes de caídas, como problemas de equilibrio, diabetes y artritis”, ha declarado Geeske Peeters, socio de Equity in Brain Health en el Global Brain Health Institute.

La investigación consideró datos del Estudio Longitudinal Irlandés sobre el Envejecimiento, así como datos de estudios similares en Australia, Gran Bretaña y los Países Bajos. Concluyó que para las mujeres, la prevalencia de caídas aumenta a partir de los 40 años en un nueve por ciento; en 40-44 años, 19 por ciento en 45-49 años, 21 por ciento en 50-54 años, 27 por ciento en 55-59 años y 30 por ciento en 60-64 años.

El momento de los incrementos en las caídas coincide con el comienzo de la menopausia, la disminución en el rendimiento del equilibrio y el aumento de la presencia de vértigo y desmayos, todos los cuales se beneficiarán de las estrategias de prevención de caídas anteriores.

“Una mejor comprensión de los factores que impulsan este aumento en el riesgo de caídas en la mediana edad puede ser la clave para intervenciones de prevención efectivas en etapas tempranas de la vida, con beneficios potenciales para la edad avanzada”, ha destacado Peeters.

Las caídas “son un gran desafío para la salud”, han señalado los investigadores. Las consecuencias graves incluyen fracturas, lesiones en la cabeza, participación social reducida, mayor riesgo de ingreso a un hogar de ancianos, disminución de la independencia y, por consiguiente, mayor necesidad de atención.

“Las estrategias de prevención actuales básicamente esperan hasta que las personas hayan desarrollado factores de riesgo y luego intenten eliminarlos. Puede ser mejor y más efectivo prevenir los factores de riesgo o detectarlos en una etapa temprana para reducir sus consecuencias, especialmente las caídas. Ahora estamos trabajando con nuestros colegas de investigación en los Países Bajos, Australia y el Reino Unido para comenzar estrategias de prevención antes de la edad de 65 años”, ha señalado Peeters.

“Este es un fenómeno bien conocido y, según la investigación de TILDA, sabemos que está presente en una de cada cuatro personas mayores de 50 años. Las personas que tienen miedo a caerse o han tenido una caída corren más riesgo de sufrir una caída y deberían trabajar programas de fuerza y equilibrio y revisiones de medicamentos: ambas estrategias reducen significativamente el riesgo, ha concluido la profesora Rose Anne Kenny, autora principal del periódico y directora de TILDA y de la Unidad de Cataratas del Hospital St James.