Florentino Pérez Raya
Florentino Pérez Raya (CGE), en una imagen de archivo.

Tal y como relata Florentino Pérez Raya, presidente del Consejo General de Enfermería (CGE), la pandemia ha dejado muy tocada a la profesión. “Muchos siguen agotados y con grandes niveles de ansiedad después de haber visto morir a tanta gente”, señala en una entrevista exclusiva con GACETA MÉDICA. A pesar de ello, Pérez Raya destaca que mantienen intacto su compromiso con el paciente, algo que ha quedado patente en la campaña de vacunación, gestionada y desarrollada por enfermería y “un éxito rotundo”. “España ha sido un ejemplo para el mundo en cobertura, rapidez y eficacia”, valora el responsable.

Pregunta. ¿Cómo ve el futuro de la profesión? ¿En qué áreas es prioritario incidir?

Respuesta. La sociedad española se enfrenta a un futuro inmediato marcado por el aumento de la esperanza de vida, el incremento de la población envejecida, y un acrecentamiento del número de personas que tienen que vivir con una o varias enfermedades crónicas. Estas circunstancias hacen imprescindible que nuestro sistema sanitario dé un giro copernicano hacia una asistencia centrada en el cuidado, orientada hacia la prevención y promoción de la salud, y con una orientación especial hacia la atención de los pacientes con patologías crónicas. El cuidado es propio de las enfermeras/os que lleva los cuidados en su  ADN.

Por tanto, podemos decir que el futuro inmediato de nuestro sistema sanitario pasa por aprovechar todo el potencial de la profesión enfermera en el ámbito asistencial, gestor, investigador y docente.

Es imprescindible apostar por el pleno desarrollo competencial de las enfermeras en todas las áreas asistenciales, y de forma primordial en Atención Primaria y sociosanitaria. No tiene sentido que nuestras enfermeras tengan una formación que es una de las mejores del mundo, de seis años, en el caso de las especialistas y cuatro en el de la generalistas, y no aprovechar  todo su potencial, el desarrollo de las especialidades enfermeras es más necesario que nunca.

“Nuestro sistema ha dado giro copernicano hacia una asistencia centrada en el cuidado, orientada hacia la prevención y promoción de la salud”

No obstante, es importante advertir que estamos detectando un aumento del abandono de la profesión debido a las condiciones de trabajo que se han visto agravadas por el tema de la pandemia: contratos precarios de poca duración, pérdida de poder adquisitivo, turnicidad, no acceso a puestos de alta dirección, etc. Todo ello hace preciso que las diferentes administraciones pongan el foco de atención en atender estas cuestiones si no queremos tener un déficit aún mayor de enfermeras en los próximos años.

P. ¿Cómo se encuentra actualmente el desarrollo de los proyectos contemplados en los presupuestos para 2021 del CGE? ¿Cuál es el horizonte para 2022?

R. En 2021 hemos aprobado y desarrollado los presupuestos más participativos, colaborativos y austeros de la historia del Consejo. Se creó una comisión de presidentes provinciales que ha revisado y decidido cada euro gastado. Y se ha invertido en la profesión enfermera como nunca: se ha destinado una partida de sus presupuestos, dotada de 1,8 millones de euros, a fomentar la investigación enfermera y desarrollar prestaciones científicas y profesionales. Asimismo, hemos repartido un fondo solidario de 500.000 euros para reforzar la gestión de los Colegios provinciales que cuentan con pocos colegiados. Y todo ello, aunque hay más medidas de calado, combinado con una reducción de las aportaciones de los colegios provinciales del 15 por ciento que ha supuesto también una rebaja en la cuota de los 284.000 colegiados en activo.

Ya estamos trabajando en los presupuestos de 2022 donde mantenemos y mejoramos estas mismas líneas maestras. Así, por ejemplo, ya se ha emplazado a todos los Colegios de Enfermería para constituir la comisión de presidentes que revisará y tutelará la elaboración de partidas que seguirá apostando por la investigación y la ayuda a los profesionales y a los colegios provinciales.

P. ¿Qué actuaciones lleva a cabo el CGE en el ámbito de la formación continuada? ¿Qué importancia le confiere?

R. Hoy en día la formación continuada es fundamental para cualquier profesional, pero en el caso de los sanitarios en absolutamente primordial porque de ello depende la seguridad de las personas. Por ello hemos puesto en marcha el Instituto Superior de Formación Sanitaria (ISFOS) un centro académico que pertenece al Consejo General de Enfermería y se dedica a impartir formación gratuita o a coste mínimo a través de los Colegios provinciales en todas las áreas donde sea necesario un reciclaje profesional. ISFOS ha impulsado acciones formativas en liderazgo enfermero y gestión, y también ha impartido cursos en tiempo récord para necesidades urgentes, como fue en su día o el diagnóstico y tratamiento del COVID-19. Este Instituto se une a la Escuela Internacional de Ciencias de la Salud que lleva más de 30 años facilitando formación a los profesionales con expertos universitarios de gran prestigio como son urgencias y emergencias, gestión sanitaria, etc.

P. ¿Cuáles serían las necesidades más acuciantes que deben abordar las CC. AA.? ¿Y desde el Ministerio?

R. Hoy en día resulta fundamental aumentar el número de enfermeras, de forma muy especial en aquellas CC. AA. con menores ratios de enfermera/paciente. Hay que recordar que España tiene un 40% menos de enfermeras que el resto de los países del entorno europeo y esto supone que nos enfrentemos a una carga asistencia enorme que disminuye la calidad de los cuidados porque tenemos que repartir el tiempo en muchos más pacientes que cualquier compañero o compañera del resto de Europa. Y si analizamos los datos por cada una de la CC. AA. observamos que existe una desigualdad enorme entre territorios como Navarra que tiene 8,6 enfermeras por cada 1.000 habitantes y Murcia que tiene 4,5. ¿Cómo se va a prestar la misma asistencia a los ciudadanos? Es imposible.

Otro tema especialmente acuciante es el desarrollo real de las siete especialidades enfermeras aprobadas en 2005. De todas ellas, hay seis que sí son una realidad porque se convocan plazas cada año, sin embargo, podemos decir que estamos ante un fraude de Ley porque los puestos de trabajo que deberían estar ocupados por especialistas no están vinculados a la especialidad, no es imprescindible tener el título de especialista para ocuparlos, y el número de plazas aprobado cada año por el Ministerio está a años luz de llegar a cubrir las necesidades asistenciales de la población. 

“Es especialmente acuciante el desarrollo real de las siete especialidades enfermeras aprobadas en 2005”

Por último, resulta imprescindible desarrollar de forma completa y eficaz la prescripción enfermera porque a día de hoy la aprobación de los protocolos y guías de la práctica clínica se ha ralentizado de forma incomprensible, de manera que  las enfermeras siguen indicando fármacos de forma diaria sin contar con el aval y respaldo legal que esta guías y protocolos suponen.

P. ¿En qué momento se encuentra la incorporación de la enfermera escolar?

R. La implantación de la enfermera escolar en todos los centros educativos es una de nuestras luchas históricas. Es cierto que hay Comunidades Autónomas, como es el caso de Madrid, por ejemplo, donde se ha avanzado mucho y se creado esta figura, pero en otros territorios como Andalucía, Aragón, Murcia, Cataluña, País Vasco, Cantabria entro otras no hay prácticamente ningún centro que la tenga.

En esta cruzada estamos yendo de la mano de las asociaciones de pacientes y de docentes, porque ellos saben mejor que nadie que tener una enfermera en el colegio salva vidas y mejora la calidad de vida no sólo de los alumnos con problemas de salud, que los hay, sino de toda la comunidad educativa. Y en el caso de la pandemia, la labor magnífica e incondicional que han desarrollado las enfermeras escolares en sus centros ha hecho aún más incuestionable su existencia.

P. ¿Qué lecciones ha dejado el COVID en la profesión?

R. El COVID debería ayudarnos a todos a disfrutar de la vida, dejando de lado muchas preocupaciones que, aunque en el día a día parecen tremendas, en el fondo son banales. Las enfermeras, junto al resto de profesionales de la sanidad, hemos vivido momentos durísimos viendo morir a cientos de pacientes en la más absoluta soledad y no pudiendo dedicarles el tiempo que nos gustaría porque teníamos que dedicarnos a salvar las vidas del resto de las personas a nuestro cargo. Hemos pasado miedo porque desconocíamos prácticamente todo sobre el virus, porque comprobamos cada día en directo las consecuencias más demoledoras de la pandemia y porque durante los primeros meses tuvimos que prestar la asistencia prácticamente a pecho descubierto y sin disponer del material de seguridad necesario. España ha tenido el mayor índice que contagios de profesionales sanitarios de toda Europa. Hemos visto caer compañeros y, aun así, hemos demostrado nuestro compromiso con los pacientes trabajando festivos, doblando turnos, renunciando a fines de semana y enfrentándonos al virus con lo que había.

“Se debe hacer un esfuerzo en la previsión ante posibles pandemias, tanto en recursos materiales como humanos y forma de organizarse”

Debemos aprender de los errores y poner en valor las cosas positivas. Se ha llevado a cabo un gran trabajo en equipo entre las diferentes profesiones sanitarias, pero desde las diferentes administraciones se debe hacer un esfuerzo en la previsión ante posibles pandemias o problemas de esta magnitud, tanto en recursos materiales como humanos y la forma de organizarse. No nos puede coger desprevenido en un futuro.

P. ¿Cómo ha evolucionado la relación enfermera-paciente durante la COVID-19? ¿En qué momento se encuentra actualmente?

R. El año 2020 se iba a celebrar en todo el mundo el Año Internacional de las Enfermeras y las Matronas, programado así por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Iba a ser un año de celebración enfermero y teníamos preparada toda una batería de acciones y campañas. Sin embargo, la mayor crisis de salud pública de la historia moderna impidió cualquier celebración. Y tuvimos que dedicarnos de forma exclusiva en salvar vidas. Ahora miramos atrás y lo cierto es que el trabajo realizado por las enfermeras o enfermeros de toda España durante la pandemia ha sido la mejor campaña de imagen que pueda existir jamás.

Los pacientes hoy en día valoran y conocen el trabajo de las enfermeras como nunca, saben que son grandes profesionales que se dedican a cuidar y ayudar a las personas tener una vida mejor, y se ha creado una relación de confianza absoluta que va a perdurar en el tiempo.

“Durante la primera ola de pandemia el 78% de los pacientes crónicos no tuvieron ningún contacto con los profesionales sanitarios”

Durante la primera ola de pandemia el 78 por ciento de los pacientes crónicos no tuvieron ningún contacto con los profesionales sanitarios, ni médicos ni enfermeras, por tanto se vio muy limitada la relación enfermera-paciente en atención primaria, sin embargo en la atención hospitalaria y sociosanitaria la relación enfermera-paciente fue muy intensa ya que muchos pacientes no pudieron tener la compañía de sus familiares, pero si tenían  a su enfermera  al lado.

En la actualidad la relación enfermera paciente ha mejora, y ya empezamos a normalizar realmente la asistencia previa a la pandemia, pero la atención primaria sigue con limitaciones que hay que eliminar cuanto antes, sobre todo en la atención a pacientes crónicos y de forma presencial.

P. La pandemia ha sometido a una gran tensión y estrés a todo el SNS en general y a las enfermeras en particular. ¿Cómo se puede cuidar su salud mental y evitar el riesgo de ‘burnout’ en este contexto?

R. Las graves consecuencias que ha tenido la pandemia en la salud mental de las enfermeras y el resto de los sanitarios han sido muchas y demoledoras. Nos hemos enfrentado a situaciones terribles que jamás creímos que veríamos, hemos visto morir cientos de pacientes, hemos visto caer compañeros y compañeras y hemos pasado miedo porque no disponíamos de la protección necesaria. Y aún así nos enfrentábamos cada día a un potencial contagio porque eran los pacientes quienes nos necesitaban. A ello, hay que sumarle el agotamiento de trabajar sin descanso renunciando a los días libres, vacacione y fines de semana, doblando turnos, y con unas jornadas que te dejaban exhausto. Y toda esta tensión ha hecho estragos, eso está fuera de toda duda.

Desde toda la Organización Colegial de Enfermería, en colaboración con otras profesiones, como los psicólogos, hemos puesto a disposición de los colegiados apoyo psicológico y formación para contribuir al control del estrés y la ansiedad que ha tenido una muy buena aceptación. Tenemos que desarrollar este tipo de iniciativas dirigidas a cuidar del cuidador, que es fundamental para que pueda seguir haciendo su trabajo. Y por supuesto, resulta imprescindible aumentar las plantillas de enfermeras para disminuir la carga asistencial que es uno de las principales causas del estrés y el burnout, por tanto pedimos una mayor inversión publica en sanidad, invertir en enfermeras es invertir en salud.


También te puede interesar…