El 26 por ciento de pacientes con COVID-19 persistente mejoran sus síntomas tras la vacunación. En cambio, un 18 por ciento de los afectados empeoraron su condición tras la administración de la vacuna contra el SARS-CoV-2. Estos son los resultados preliminares de la Encuesta sobre los efectos de la vacunación contra la COVID-19 en afectados por Long COVID o COVID persistente liderada por la Sociedad Española de Medicina General y de Familia (SEMG) y el colectivo de afectados LONG COVID ACTS.

Un 10 por ciento de pacientes contagiados en España presentan lo que se ha clasificado como Long COVID o COVID persistente. “La gran preocupación era averiguar cómo iba a afectar la vacunación a aquellas personas en las que persisten los síntomas tras un año de la enfermedad”, ha explicado Pilar Lezo, vicepresidenta de la SEMG durante el XXVII Congreso Nacional de Medicina General y de Familia.

En la encuesta han participado 273 pacientes, de los que el 51 por ciento se contagiaron en marzo de 2020 y el 49 por ciento en octubre del mismo año. La media de síntomas ha sido de trece meses y la intensidad de la enfermedad previa a la vacunación percibida por los pacientes —del 1 al 10— ha sido de 6,99. Disnea, fatiga y síntomas neurológicos —como lo cefalea— han sido los síntomas más persistentes previos a la vacunación.

Como otros datos importantes, el 27 por ciento de afectados presentaban síntomas que variaban entre constantes e intermitentes, y en el 16 por ciento fluctuaban. Es decir, no presentaban siempre la misma intensidad. Asimismo, en estos 15 meses la media de días libres de síntomas ha sido de 30 días.

Finalmente, “los resultados han arrojado que el 18,3 por ciento de los pacientes han manifestado que empeoraron síntomas como los dolores, la fatiga y los trastornos neurológicos, el 26,4 por ciento mejoraron y el 55 por ciento no presentó ningún cambio“, ha puntualizado Ledo.

“Cuantos mas síntomas presente y más inestable sea la enfermedad, más probabilidad existe de que siente peor la vacunación”

Pilar Lezo, vicepresidenta de la SEMG

La conclusión de este estudio es que “la vacunación es un arma fundamental, pero es importante identificar qué pacientes van a mejorar y cuáles empeorar“, ha añadido. Entre los factores de riesgo que pueden llevar a identificar a aquellos pacientes que van a empeorar, las conclusiones de los especialistas reflejan coincidencias en un debut de la enfermedad con muchos síntomas concomitantes, la plurisintomatología en los días previos a la vacunación y la incorporación de síntomas nuevos en los días previos a la misma.

“Es decir, cuantos mas síntomas presente y más inestable sea la enfermedad, más probabilidad existe de que siente peor la vacunación. En cambio, aquellos que tienen una clínica más fluctuante, van a mejorar”, ha subrayado la especialista además de puntualizar que, si se consigue identificar a ese 18 por ciento, no deben ser vacunados. “Desconocemos si es un empeoramiento temporal o si va a ser persistente. Está previsto un nuevo seguimiento después del verano”, ha añadido.

Medicina personalizada en ‘Long COVID’

El resultado de este trabajo confirma una vez más la necesidad de una medicina personalizada. “No existe un soporte fisiopatológico que pueda determinar qué perfil de paciente va a empeorar con la vacunación, pero esta encuesta otorga cierta orientación y confirma que no todos los pacientes son iguales”, ha señalado también en este mismo congreso Lorenzo Armenteros, portavoz de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG).

Este médico de Atención Primaria ha explicado que las conclusiones del estudio presentan datos esperanzadores. “La vacunación siempre tiene que estar por encima, salvo en ese porcentaje de pacientes en las que su situación es tan compleja que pueden empeorar. Esto nos indica que el abordaje tiene que ser distinto: son pacientes complejos, con una afectación multiorgánica y con un perfil diferente”, ha detallado.

“Es muy frecuente el caso de pacientes con algún síntoma residual que no lo reconocen como una patología concreta”

Lorenzo Armenteros, portavoz de la SEMG

Armentero ha insistido, por ello, en la necesidad de investigar en este campo. “La posibilidad de que la vacuna se convierta en terapia necesita una mayor evidencia para que se abran más vías de investigación”. Por su parte, los profesionales han resaltado que los casos de COVID-19 persistente se encuentran en la base del iceberg, y a medida que se controle la transmisión del SARS-CoV-2 van a a aflorar.

Actualmente, alrededor de 500.000 personas en España padecen esta condición. “Es muy frecuente el caso de pacientes con algún síntoma residual que no lo reconocen como una patología concreta. Por tanto, esto amplía el abanico del número de pacientes”, ha concluido Armenteros.


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