“Detrás de una caída hay fracturas y, de ahí, osteoporosis; es básico que la Administración apoye las unidades FLS”

Entrevista a Enric Duaso, director del Servicio área Sociosanitaria del Consorcio Sanitario de la Anoia, y jefe del servicio de Geriatría del Hospital d’Igualada (Barcelona)

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En la última edición de los Premios Best in Class (BiC), la Unidad de Fragilidad Ósea de Anoia —FLS, conformada por el Consorci Sanitari de l’Anoia, la Fundació Sociosanitària Sant Josep y el Institut Catalá de la Salut— fue reconocida por tercer año consecutivo como la mejor Unidad en atención al paciente de fragilidad ósea. GM entrevista a Enric Duaso, director del Servicio área Sociosanitaria del Consorcio Sanitario de la Anoia, y jefe del servicio de Geriatría del Hospital d’Igualada (Barcelona) para profundizar en el abordaje de esta patología.

Pregunta. ¿Cómo contribuyen las FLS a la mejora de la gestión de los pacientes con fragilidad ósea, a nivel clínico y de coste-efectividad?

Respuesta. Lo más importante es atender lo mejor posible a los pacientes. ¿Cómo llevarlo a cabo? Aplicando el mayor grado de conocimiento, a través de toda la evidencia científica disponible. En nuestro caso, estudiamos la osteoporosis así como los fármacos nuevos disponibles, a fin de contar con el nivel máximo de innovación y formación. La osteoporosis no se puede tratar con medicamentos de hace 50 años. Tiene que haber innovación, conocimiento e investigación; es la base más importante.

P. ¿A qué se debe la brecha existente en el diagnóstico y el tratamiento de la fragilidad ósea y qué medidas se deberían implementar?

R. En el abordaje de la brecha existente entre el diagnóstico y tratamiento, en Europa, la referencia son los países nórdicos. Nuestro grupo empezó a trabajar según lo expuesto en las publicaciones científicas de los compañeros nórdicos. Cuando empezamos a aplicar estos procesos, lo hacíamos a iniciativa propia; sin Gerencias o Administraciones detrás. A medida que se fueron obteniendo resultados, fueron presentados a las Gerencias y apoyados.

P. ¿Cómo ha impactado la crisis del COVID en la atención de la fractura? ¿Se ha priorizado a estos pacientes por su vulnerabilidad?

R. Las FLS que están consolidadas han buscado alternativas creativas para que la pandemia no influenciara en captura, diagnóstico y adherencia. A pesar de la COVID-19, hemos seguido atendiendo las fracturas como con anterioridad y con todas las precauciones. Nos hemos tenido que reinventar para seguir ofreciendo la misma calidad asistencial. Por ejemplo, hemos hecho seguimiento de nuestros pacientes de forma telefónica, así como la renovación de los tratamientos.

P. ¿Qué importancia tiene el correcto inicio y seguimiento del tratamiento farmacológico en la eficacia de la prevención de nuevas fracturas?

R. Respecto a la FLS de Anoia, para valorar los costes de efectividad de las FLSs hemos analizado nuestros datos. En concreto, conocer si detrás de una fractura hay caídas y, de ahí, osteoporosis. Nos hemos centrado especialmente en la prevención de caídas, ya que aborda muchas cuestiones: desde revisión de polifarmacia hasta el ejercicio físico. Son cuestiones que van ligadas. Cada vez remitimos más personas a la Unidad de Prevención de Caídas. Al evaluar resultados hemos visto que hemos reducido en torno a un 10 por ciento las fracturas de cadera, la más temida de todas. Es un porcentaje de reducción muy elevado.

P. ¿Y sobre la calidad de vida?

R. También buscamos el grado de satisfacción. Cuando hacemos una intervención se les presenta una escala de satisfacción en el que la que nos señalan una calidad de vida muy baja; están insatisfechos. A las 24 sesiones, cuando volvemos a revaluar esta satisfacción, indican haber recuperado el grado de calidad de vida previo al de la fractura.

P. ¿Qué medidas cree que se deberían implementar por parte de decisores y gestores para mejorar el abordaje de los pacientes con fracturas por fragilidad?

R. A las administraciones se les convence con resultados, son ellas las que deben evaluar el coste-efectividad de las FLS. En nuestra zona sanitaria ya se está haciendo, con buenos resultados en comparación con zonas que no cuentan con FLS. Es básico que la administración apoye estas FLS. Si la Administración identifica indicadores de calidad que abarcan desde la captura, hasta el diagnóstico, tratamiento y seguimiento, así como indicadores en reducción de fracturas, mortalidad y calidad de vida, podemos comparar las zonas y asociarlo a un pago, lo que incentiva a las Unidades.

P. De cara al futuro, y ante el aumento de la prevalencia, ¿cómo debería evolucionar el abordaje de la fractura?

R. Cada vez sabemos más. Estamos comprobado los grados de complejidad con los que cuenta. Hay que hacer de la fractura por fragilidad un área de conocimiento que tenga peso propio, porque es de una extraordinaria complejidad. Hay muy poca evidencia por la amalgama existente de estudios no homogéneos. Hay que trabajar en estudios con rigor, con una misma metodología, valorando los mismos indicadores…

P. Hablemos de su Unidad. ¿Cuáles son las claves para convertirse en referente?

R. Nuestra unidad se encuentra en una zona con 130.000 habitantes. Todas las fracturas son atendidas en nuestro hospital, de forma homogénea e integral. Para ello, tenemos un protocolo que garantiza la asistencia a todos los niveles, además de ofrecer un seguimiento en el proceso rehabilitador. En el proceso intervienen diferentes profesionales: traumatólogos, geriatras, fisioterapeutas, farmacéuticos, terapeutas, enfermeras…

P. ¿Cómo se coordina su equipo?

R. Cuando elaboramos el protocolo, todos los profesionales nos sentamos a la vez en la misma mesa para elaborarlo desde el primer minuto. También es fundamental la formación continuada y las reuniones periódicas para valorar si se deben modificar los circuitos. O bien, si hay disponibles nuevos tratamientos, si ello invita a actualizar el protocolo.


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