Almudena Fernández Madrid | viernes, 21 de octubre de 2016 h |

Los servicios de salud, en un intento por medir cada vez más los resultados en salud, han ido implantando más indicadores de calidad asistencial, sin embargo, no están unificados en todo el SNS. Así lo aseguró a GM Pedro Parra, subdirector general de Calidad Asistencial, Seguridad y Evaluación del Servicio Murciano de Salud, en el marco del 34º Congreso de la Sociedad Española de Calidad Asistencial (SECA).

Explicó que los 51 indicadores de calidad para hospitales que había detallado la SECA —que perseguían ser un primer paso para establecer un marco de comparación a nivel estatal del rendimiento de la calidad— han sido para el Servicio Murciano de Salud un referente inicial. De hecho, en este momento tienen implementados más del 90 por ciento de estos indicadores en el conjunto de la red de hospitales. “Los tenemos ya normalizados y los estamos utilizando para monitorizar calidad”, remachó Pacha.

Además, la medición de la calidad la están llevando a cabo no solo a nivel global en los hospitales, sino también en los servicios clínicos por ser donde se presta directamente la atención al paciente.

Incidió en que en España en los últimos años se están haciendo esfuerzos importantes en este sentido y hay proyectos “muy interesantes” en muchas regiones. Sin embargo, incidió en que hay un hándicap importante derivado de que esto no ha ido acompañado de “una razonable normalización” que permita que se pueda disponer de al menos un conjunto básico de indicadores que faciliten establecer comparaciones entre hospitales del conjunto del SNS porque cada servicio de salud está desarrollando los suyos. “Eso es muy importante porque es la herramienta fundamental para la mejora, pero tiene una limitación seria ya que limita nuestras posibilidades de compararnos más allá del entorno más o menos grande de la comunidad en que estemos”, subrayó.

En este sentido, reconoció que la mejora de la calidad está en la agenda de trabajo de todas las comunidades, algo “imprescindible” y que, bien desde dentro del propio sistema o bien desde fuera, se va a exigir un desarrollo amplio de esta línea, pero insisitió en que el SNS está “demasiado fragmentado”, por lo que falta encontrar espacios en común. Todo esto, sin menoscabo de que cada cual tenga los indicadores que considere necesarios para su mejora.

Diferencias regionales

Ángel Gil de Miguel, Comisionado para la Equidad de la Alianza General de Pacientes, por su parte, coincidió en que la situación es distinta en cada una de las comunidades y “unas están más avanzadas que otras”. Además, señaló que la manera de trabajar en favor de la calidad es también distinta entre regiones y, mientras que algunas como Andalucía o la Comunidad de Madrid están incentivando a los profesionales que se implican, otras como Murcia no lo están haciendo así, “pero igualmente les está funcionando”.

Ángel Salvatierra, director de la Unidad de Gestión Clínica de Cirugía Torácica del Hospital Universitario Reina Sofía de Córdoba, agregó que hay regiones que tienen muy extendida la gestión clínica mientras que en otras todavía no han empezado a implantar este modelo. Sin embargo, consideró que la tendencia va en ese sentido ya que “no hay otro remedio ni otra salida” para conseguir que el sistema sea sostenible.

Más papel de Hacienda

Si bien la crisis económica ha sido formalmente superada, con tasas positivas de crecimiento del PIB, ha dejado secuelas que afectan directamente a la sanidad: el papel crecientemente activo de los departamentos de Hacienda en el día a día de la financiación y de la gestión sanitaria y la función redistributiva de la sanidad en un país que tras, la crisis, presenta enormes desigualdades de renta, tal y como apuntó Beatriz González López-Valcárcel, catedrática de Métodos cuantitativos en Economía y Gestión de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.

González López-Valcárcel incidió que la crisis económica ha supuesto “un test de stress para el sistema sanitario español” que ha superado, en gran parte, gracias a los profesionales sanitarios. Entre 2009 y 2013 el gasto sanitario público se ha reducido en un 12 por ciento, mientras que el privado ha ido en aumento. Como consecuencia, la participación del gasto sanitario privado sobre el total ha aumentado casi cinco puntos porcentuales en ese periodo.

En su opinión, el sistema sanitario tiene riesgos a corto y a medio plazo que amenazan su sostenibilidad. Por un lado, el que tras los años de fuertes restricciones presupuestarias, todos los agentes presionan fuertemente reclamando atención económica: el personal por mejorar salarios, condiciones laborales y plantillas; los sectores de tecnología médica por renovar equipamientos; y la industria farmacéutica, que se considera la primera víctima de los recortes.

Aumento de la privada

Por otro lado, un efecto secundario del aumento de las listas de espera en la red pública ha sido el movimiento de muchos ciudadanos hacia la utilización de servicios sanitarios privados, bien de pago directo, bien mediante aseguramiento privado. En algunas comunidades, hasta el 40 por ciento de los hogares tiene un seguro privado de salud. En España hay una estructura de centros sanitarios privados de carácter lucrativo, bien organizados y crecientemente proactivos y reivindicativos. Proclaman que la solución a la sostenibilidad del sistema sanitario es aumentar su peso en la prestación de servicios, bajo diferentes posibles fórmulas. Una de ellas consiste en generalizar el modelo Muface. “El debate es más ideológico-lobbista que argumentativo. Obviamente, el gasto per capita del asegurado Muface no es comparable con el del Instituto Nacional de la Seguridad Social porque los riesgos no son comparables”, aseguró.

También opinó que una forma evidente de apropiación privada de los excedentes es con la cesión asistencial a empresas lucrativas, mientras que otra algo más sutil es la persistencia de plazas en propiedad y la tolerancia a la baja productividad en la red pública. A su juicio, hacen falta cambios relacionados con incentivos asociados a nuevas formas organizativas y una buena gestión clínica, lo que podría contribuir a este reto.

De hecho, señaló como uno de los desafíos más decisivos para la sostenibilidad del sistema el de alinear incentivos: a profesionales, pacientes e industria.