Evolución de la asistencia sanitaria

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Por Ricardo Campos,
Médico y ex secretario general de Sanidad

Después de 41 años de ejercicio profesional me considero un privilegiado por haber podido vivir en primera persona la evolución que ha tenido la Asistencia Sanitaria en España. En 1979, recién licenciado me incorporé al sistema, comenzando por la atención primaria y tras especializarme en Oftalmología ejerciendo la especialidad en un hospital hasta la actualidad. Los cambios han sido vertiginosos. En pocos años se ha evolucionado más que en muchos siglos.

Políticamente, la Ley General de Sanidad de 1986 ya supuso un punto de inflexión importante como intento de poner orden a un sistema de salud bastante centralizado, a la vez que disperso, y con muchos “dueños”: gobierno, seguridad social, mutuas, administraciones locales, etc. Todo ello para satisfacer las demandas descentralizadoras del nuevo estado de las autonomías.

A nivel técnico asistencial, la gran evolución tecnológica (valga como ejemplo mi especialidad) supuso un avance de tal magnitud que costó mucho esfuerzo y muchas horas de trabajo poder seguirlo; no quedarnos atrás. La microcirugía, el desarrollo de técnicas quirúrgicas mínimamente invasivas, los métodos diagnósticos por imagen de alta resolución, el control farmacológico del dolor, entre otras, han permitido una Cirugía sin Ingreso, totalmente ambulatoria, en la mayoría de especialidades quirúrgicas. Resultado: menos ingresos hospitalarios y reincorporación más rápida, y en mejores condiciones, a una vida normal. Eso sin contar el ahorro que supone no ocupar camas hospitalarias de agudos.

La cara menos amable, en cambio, es que la evolución del sistema sanitario ha sido asimétrica. El deslumbramiento de los avances tecnológicos, aderezados de cuando en cuando por los recortes sanitarios en periodos de crisis económica, ha inclinado la balanza de las inversiones hacia la asistencia especializada y los hospitales, acuñándose la acepción “hospitalocentrismo” para definirlo, en detrimento de la Atención Primaria, auténtica hermanita pobre en esta historia.

Ha tenido que venir un minúsculo, pero muy dañino, organismo, el coronavirus causante de la COVID-19, para hacer patente que nuestro sistema nacional de salud, sin ser malo, no era ni el “más alto, ni el más rico, ni el más guapo” si me permiten definirlo coloquialmente.

Ha llegado el momento en que los responsables políticos hagan una profunda reflexión y que esta pandemia sea el detonante para realizar, de una vez por todas, las reformas que necesita un SNS necesitado de una evaluación, una revisión y de la consecuente actualización.