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GM | martes, 26 de junio de 2018 h |

El Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social publica hoy los resultados de la Encuesta Nacional de Salud (ENS) 2017. Dicha encuesta refleja que el 74 por ciento de la población española percibe su estado de salud como bueno o muy bueno. Destaca el hecho que, en los últimos 30 años, esta valoración positiva de la salud se ha mantenido estable en valores positivos a pesar del aumento de esperanza de vida y consiguiente envejecimiento de la población.

Los hombres refieren mejor salud pues el 77,8 por ciento dicen sentirse bien de salud frente al 70,4 por ciento de las mujeres. Las diferencias de problemas crónicos entre hombres y mujeres son sustanciales, generalmente ellas con peor salud (trastornos musculo esqueléticos, de estado de ánimo, asma…) y mayor uso de servicios, aunque en lo referente a estilos de vida presentan mejores indicadores (tabaco, alcohol, sobrepeso…). Las diferencias se igualan a los 85 y más años.

El análisis por grupos de edad muestra, en todos ellos excepto el de 75 y más años, un aumento marcado de la población que valora positivamente su salud. Destaca especialmente la mejora en el grupo de 65-74 años, que ha aumentado su sensación de tener buena salud 15 puntos porcentuales entre 1987 y 2017.

Sigue aumentando la prevalencia de factores de riesgo cardiovascular y de otras enfermedades crónicas: hipertensión arterial (19,8 por ciento), colesterol elevado (17,9 por ciento), obesidad (17,4 por ciento) y diabetes (7,8 por ciento). Su presencia en muchos casos se ha doblado en los últimos 30 años.

Obesidad, tabaco y alcohol

La encuesta muestra que el 17 por ciento de las personas adultas padecen obesidad, problema que ha aumentado del 7 por ciento al 17 por ciento en los últimos 30 años. A su vez, el 10 por ciento de los menores también la presenta. La obesidad es más frecuente en hombres (18,2 por ciento) que en mujeres (16,7 por ciento). La diferencia por sexo en adultos es a expensas de los menores de 65 años, edad a partir de la cual las mujeres superan a los hombres.

La presencia de obesidad refleja una gran disparidad social, afectando en mayor medida a las clases menos favorecidas, especialmente en el caso de las mujeres.

Los resultados de la encuesta muestran que mejoran lentamente algunos factores de riesgo comportamentales y así lo demuestra que disminuye el consumo de tabaco y de alcohol. El número de fumadores desciende al 22 por ciento, la cifra más baja en 30 años; sin embargo el descenso es cada vez más lento, sobre todo en el caso de las mujeres.

En cuanto al consumo de alcohol en la encuesta el 36,5 por ciento de los adultos consume habitualmente bebidas alcohólicas, el doble de hombres (49 por ciento) que de mujeres (24,6 por ciento). Este tipo de consumo ha descendido 12 puntos en el último decenio desde el 48,4 por ciento en 2006.

En jóvenes el patrón de consumo difiere del de las personas adultas: de los hombres entre 15 y 34 años, uno de cada 10 se expone mensualmente a los riesgos del consumo intensivo y casi uno de cada 20 lo hace semanalmente.

Sedentarismo

Hay algunas señales de mejora en la alimentación, aumentando la lactancia materna y el consumo de fruta. No obstante, este último, junto con el de verduras debe de seguir aumentando entre la población.

El 37,8 por ciento de la población de 15 y más años ocupa el tiempo libre de forma casi completamente sedentaria. El sedentarismo en tiempo de ocio es mayor en mujeres (41,9 por ciento) que en hombres (33,5 por ciento). Aumenta 5 puntos la población con dependencia funcional con respecto a 2014. La población mayor de 65 años con dificultad para llevar a cabo las tareas del hogar sube del 47 por ciento al 52 por ciento.

La utilización de los servicios sanitarios ha evolucionado a lo largo de las últimas dos décadas de manera incremental y ha experimentado un crecimiento desde 1987, con una tendencia a la estabilización o ligero descenso entre 2003 y 2011 para las consultas y la hospitalización.

Se observa un incremento de la participación de la población en la realización de prácticas preventivas: vigilancia de la tensión arterial, colesterol y glucemia, así como detección precoz del cáncer de mama, cuello de útero y colon. El acceso es igualitario con independencia del sexo y la posición socioeconómica.