Premios BiC
Antonio Alarco

Por Antonio Alarcó Hernández, Catedrático. Doctor en Ciencias de la Información y Sociología Senador. Portavoz de Sanidad

Como científico biomédico con mas de cuarenta años de experiencia, tridoctor, y participante activo en la vida pública, me siento muy preocupado y a la vez decepcionado por la utilización “simplona” y rastrera en algunos casos de argumentos científicos para justificar o buscar cosas ajenas a la ciencia. Me refiero a la proliferación de miles de noticias sobre esta pandemia del coronavirus y sus soluciones, que han  convertido en una infodemia, o pandemia de la información generalmente falsa. Creo que ha llegado el momento de hacer un estudio serio sobre el delito sanitario y el delito científico para poder regular y sancionar en su caso la mentira sistemática en ciencia y en el mundo sanitario.

Estamos viviendo una situación excepcional que ha propiciado un sinfín de pseudocientíficos o pseudoexpertos que más que colaborar lo que han conseguido es complicar el panorama informativo ávidos de protagonismo y ansiosos de dar su opinión con el fin de buscar relevancia social a base de ocurrencias y opiniones que nada aportan y que consiguen fomentar el fenómeno que hemos descrito de infodemia, en definitiva, desinformar.

El Dr. Google es alguien que nadie conoce pero que el 43 por ciento de los españoles consultan. Y el 83 por ciento de ese contenido es falso o pseudocientífico. Es imprescindible que la evidencia científica esté en Google para contrarrestar la gravísima desinformación que se está produciendo con la divulgación de la pseudociencia llegando a aumentar la morbimortalidad en ciertas patologías.

No existe una buena sanidad sin los medios de comunicación

Por otro lado, no existe una buena sanidad sin los medios de comunicación. Tienen un peso específico superior al que no deben ni pueden renunciar y que en estos momentos es imprescindible para el normal desarrollo de una sociedad. Y los científicos tenemos la obligación de expresarnos con vocabularios que sean entendidos por la mayoría de los ciudadanos, que son los receptores fundamentales y que no se entiende que no exista esa complicidad con la ciencia que es tan necesaria. Es imprescindible realizar la divulgación científica de forma rutinaria.

Somos de los que pensamos que hay que modificar la legislación vigente para que no sea gratuito el mentir en la ciencia y en la política.