Por una Estrategia-Plan de Reconstrucción Psicológica

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Por Antonio Alarcó Hernández. Catedrático de Cirugía. Director de la Cátedra de Telemedicina, Robótica y Telecirugía. Senador. Portavoz de Sanidad.

Es evidente que la situación que nos ha tocado vivir a todos. Y, cuando digo “todos” son todos los países, clases sociales, razas y religiones. Una pandemia producida por el Coronavirus —SARS-COV-2 y las enfermedades que produce la COVID19—, un virus de procedencia china —el séptimo en diez años— es lo mas serio que le ha acontecido a la humanidad, y por ende a nuestro país, en los últimos cien años. Partimos de una realidad frágil como es el caso del cuerpo humano, que se ha puesto en evidencia en esta crisis global, social y sanitaria.

La concurrencia de la globalidad de una crisis económica, social y sanitaria y todos a la vez —si bien unos más que otros— no tiene parangón en la historia reciente. Y todo por una ola invisible y silenciosa: una pandemia vírica.

Así, se ha alterado de forma drástica y trágica la vida diaria individual y colectiva, lo cual, sin lugar a duda, ha producido y producirá una afectación psicológica severa de gran envergadura que hay que diagnosticar bien y a la que poner remedio a corto, medio y largo plazo. Una estrategia en forma de “Plan Nacional de Reconstrucción Psicológica”.

“No podemos olvidarnos nunca de nuestra condición innegociable de ser sujetos biológicos”

El confinamiento, aislamiento y el estado de alerta permanente crea un ambiente psicológico especial —el cortisol es un inmunosupresor—, creando de esta manera una inseguridad y duda de futuro que está afectando a toda la sociedad. Con más peso, si cabe, en ciudadanos de edad avanzada (más acentuado en mujeres que hombres), jóvenes y niños.

Existe una globalización de la enfermedad que nunca ha ocurrido —y que, además, sigue ocurriendo— la cual resulta a priori muy difícil de soportar y paliar sin que tenga consecuencias médicas y psicológicas. No conviene obviar que ha aumentado en un 25 por ciento las consultas de psicólogos y psiquiatras por ansiedad, estrés postraumático, depresión… Sin duda, está dejando una huella evidente en la sociedad. La polimedicación, la automedicación y la falta de adherencia al tratamiento no han hecho sino empeorar el problema.

La “huella psicológica”

En este sentido, la ‘huella psicológica’ que marca principalmente a los trabajadores en primera línea —profesionales sanitarios, Cuerpos de Seguridad del Estado y profesionales de la Comunicación, etc.— está produciendo una situación especial de desajuste colectivo e individual. A todo esto, se suma la conocida como “fatiga pandémica generalizada”, con un sinfín de cuadros psicológicos que son más que evidentes. Todo esto se observa dentro de un país con más de 3 millones de personas que padecen una enfermedad psiquiátrica, con más de 4.000 suicidios al año (la causa de muerte traumática más importante) y con los más de 3,5 millones de compatriotas que están en una soledad involuntaria. Situaciones todas ellas que acrecientan el problema.

Por otro lado, los más de 100.000 fallecidos en la pandemia , mas de 120.000 sanitarios contagiados —mas de 200 de ellos fallecidos— forman en su conjunto una tormenta perfecta para tomarse muy en serio un ‘Plan Nacional de Reconstrucción Psicológica’, como nuestro Grupo Popular en el Senado proponemos.

Este plan debe estar realizado por el Gobierno Central, las Comunidades Autónomas y, sobre todo, por profesionales y asociaciones científicas que aplicando solo la evidencia científica digan lo que hay que hacer.

Plan Nacional de Prevención del Suicidio

Conviene asimismo desarrollar un Plan Nacional de Prevención del Suicidio, en donde el teléfono de ayuda al mismo (911385385, de la Organización Barandilla) juega un papel importante para la detección precoz y signos de alarma del fenómeno autolisis.

Igualmente, tenemos que realizar un esfuerzo de aplicación de los objetivos establecidos en la Acción Integral sobre la Salud Mental de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y aprobado en la Cámara Alta por unanimidad en sendas mociones nuestras sobre el suicidio presentadas en 2013 y 2017. Asimismo, se necesita la creación de nuevas especialidades como la de Psiquiatría juvenil-infantil, la de Urgencias. Y, sin duda, el aumento del número de psicólogos en el Sistema Nacional de Salud para equipararnos a ratios europeas.

También urge la reconstrucción del Sistema Nacional de Salud devastado por la pandemia cambiando el paradigma: prevención más que tratamiento.

La visualización correcta y profesional de estos problemas sociales obligan a impulsar campañas de concienciación y divulgación contando con las Comunidades Autónomas —ahí está el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud—, así como con proyectos profesionales sobre la prevención de problemas de Salud Mental en Centros educativos, sociosanitarios… Y en la sociedad en general. No como propaganda, sino como una necesidad objetiva del sistema de dar a conocer dicha problemática de forma correcta.

El silencio no es rentable, ni tiene que ver con la prudencia. Más bien con la imprudencia.

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