Por encima de las ideologías, para el ciudadano, hay fundamentalmente dos tipos de políticas: las útiles y las inútiles. Las segundas son las especializadas en crear problemas donde no los hay y básicamente tienen el objetivo de tapar los problemas reales, desviando la conversación hacia otros asuntos. Las primeras son las que se ocupan de los temas que interesan de verdad a la gente y cuando hay problemas los reconocen y afrontan. Así, por ejemplo, una política útil se ocupa de la sanidad, porque la salud es la prioridad número uno de los ciudadanos, y, si encuentra dificultades, no las oculta sino que las analiza y se pone a trabajar en ellas.

Lo que está haciendo Andalucía es un ejemplo muy claro de política útil a muchos niveles y en particular en materia sanitaria. El Gobierno de Juanma Moreno recibió una herencia envenenada, pero, lejos de dedicarse a ocultar los problemas, los reconoció, los asumió y se puso a solucionarlos. Así, la sanidad andaluza que se encontró, esa sanidad pública con la que tanto se le calienta la boca al PSOE y por la que tan poco hizo cuando gobernaba, era la última en gasto por habitante y año entre las comunidades españolas, con una diferencia de 145 euros por persona y año con respecto a la media nacional. El PP la ha hecho avanzar cuatro puestos, subiéndola a 1590 euros, dejándola solo a 40 euros de la media nacional y reduciendo, por tanto, la distancia un 72%.

Del mismo modo, cuando el PP llegó a la Junta, descubrió que el 60% de la listas de espera estaban escondidas en un cajón. Lo que ha hecho desde entonces es aflorarlas y ponerse a trabajar para aligerarlas. Así, el SAS ha duplicado las cirugías en horarios extra para aligerar las listas de espera y la realidad es que el Gobierno andaluz está logrado aumentar por encima de los dos dígitos el número de procedimientos. Asimismo, desde abril de 2024 y hasta final de año ha puesto en marcha un plan por valor de 283,3 millones de euros cuyo objetivo es rebajar el 18% de la lista de espera y reducir en un 60% el número de pacientes que aguardan una cirugía. De esos 280 millones, 120 están destinados a contratos con la sanidad privada, porque a la política útil no le interesa la ideología, lo que le interesa sobre todo es resolver problemas.

Pero además el Gobierno andaluz se viene ocupando también de otra cuestión crucial en un contexto de envejecimiento de la población y crecimiento de la prevalencia de las enfermedades crónicas. Toda la presión asistencial que se deriva de ese fenómeno solo podrá ser absorbido por el sistema sanitario con un importante refuerzo de los centros de salud, y  la política útil del PP en Andalucía ha incrementado casi un 50% la inversión en Atención Primaria, que ya representa el 36% de su presupuesto, un 11% por encima de lo pactado con los sindicatos.

Last but not least, quiero destacar la Estrategia Andaluza de Promoción y Prevención en Salud recientemente anunciada también por la Consejería de Salud, y que engloba vacunas, cribados y actuaciones centradas en educación para la salud, prevención y diagnóstico precoz. Tradicionalmente, estas han sido consideradas las ‘asignaturas menores’ en política sanitaria, pero indudablemente ha llegado el momento de convertirlas en ‘mayores’. En las numerosas reuniones que vengo manteniendo en el ejercicio de las obligaciones inherentes a mi responsabilidad como secretario segundo de la Comisión de Sanidad del Congreso, todos los expertos con los que hablo suelen coincidir  en la necesidad de poner el foco en la prevención y en la detección temprana, así como en el fomento de estilos de vida saludables. Siempre se ha dicho que más vale prevenir que curar, pero ese viejo aserto aún hay que llevarlo a la práctica del sistema sanitario y la política útil del PP en Andalucía se ha propuesto también hacerlo.

Reconocer los problemas es el primer paso para arreglarlos. Ojalá al frente del Gobierno español tuviéramos un equipo dispuesto a hacerlo como el que hay en Andalucía, donde los temas que están en el debate público sí son los que nos interesan a los ciudadanos y no los que, como desgraciadamente ocurre en el panorama nacional, solo les interesa a un puñado de políticos obsesionados únicamente con su propia suerte.

Rafael Belmonte, diputado nacional por Sevilla del Grupo Parlamentario Popular y secretario segundo de la Comisión de Sanidad del Congreso.


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