Por Rafael Gómez y Blasco, endocrinólogo, vocal de la Sociedad Española para el Estudio de la obesidad (SEEDO), presidente de la Asociación Médica Hispanocolombiana (ASMEHC) y profesor de Grado y de Master de Nutrición de la Universidad Europea de Madrid.

En los últimos años, y ya van varios, se repite algo que nos alegra mucho a la clase médica en general, como son los premios que reconocen la labor de los grupos, personas individuales y equipos sanitarios que mejoran nuestra sanidad a nivel nacional y mundial. Todos estos premios son total y absolutamente merecidos, e incluyen a grandes cirujanos, a expertos en terapia frente al cáncer, a patologías crónicas en general, a grupos de enfermería y a grandes grupos hospitalarios, que de una manera u otra favorecen nuestra sanidad y por tanto nuestra calidad y estilo de vida.

Pero los que llevamos años y años, esto es, los últimos 30 o 40 años trabajando en el campo de las enfermedades crónicas no transmisibles, que provocan 57 millones de muertes en el mundo, entre las que debería incluirse la obesidad, raramente obtienen un reconocimiento. Sería aconsejable algún tipo de reconocimiento que ponga de manifiesto la importancia de una patología que es la alteración metabólica más prevalente en el mundo y, además, la responsable principal, como factor desencadenante de la diabetes mellitus 2, de problemas cardiovasculares, de infinidad de procesos cancerígenos, de graves problemas del aparato osteolocomotor, de problemas respiratorios de muy difícil tratamiento y, además de graves trastornos psicológicos y psiquiátricos.

Grandes hombres de la Medicina en España, Europa, Estados Unidos y Latinoamérica han (hemos) estado trabajando de manera denodada, para disminuir esta lacra, que afecta de una manera más que notoria, no solo la salud y la vida, sino también la economía de nuestros países. No existe un reconocimiento para esta lucha desigual, en la que indiscutiblemente en los últimos años, posiblemente hemos cometido errores, pero indiscutiblemente, hemos conseguido grandes aciertos en la prevención, el diagnóstico, el pronóstico y el tratamiento de esta importantísima pandemia.

Recordemos simplemente que cada punto de disminución en la prevalencia de la obesidad, por ejemplo en España, equivale a muchos miles de millones de euros de ahorro, solo el exceso de peso provoca un sobrecoste en nuestro país de 2 mil millones de euros. Además, esta patología siega la vida de, al menos, cinco millones de personas todos los años a nivel mundial. En España nombres como Basilio Moreno, Manuel Serrano Ríos, Xavier Formiguera, Tinahones, Monereo, etc. en Europa, Astrup, Roessner, en Estados Unidos el gran Bray, en Latinoamérica Braguinsky, Halpern y Gómez-Cuevas, han puesto de manifiesto la gravedad y han liderado la lucha contra esta pandemia. 
Pero hasta que no forme parte de las noticias diarias, no reciba ‘premios” de los medios de comunicación y de la sociedad civil, no conseguiremos que se reconozca como una patología, con todas las características y ayudas que requiere la misma. Reconocimiento de la Obesidad como patología y trato equiparable al resto de las enfermedades crónicas no transmisibles.

En realidad, esto es un grito desesperado, un lamento o bien una especie de carta a los Reyes Magos para que, alguna vez, no nos traigan carbón y reconozcan el trabajo de tantos hombres y mujeres a nivel mundial.