El menosprecio de la vejez

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El olvido y la pandemia frente a la sabiduría

Por Gema González López, profesora de Psicología y Gaspar Llamazares Trigo, médico.
Autores con el profesor Miguel Souto Bayarri del libro “salud: ¿derecho o negocio?” de próxima aparición.

“Temía hacerme viejo, hasta que comprendí que día a día ganaba en sabiduría”.

Ernest Hemingway

El Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad informa (03.05.2020) que algo más del 86% (14.825 ancianos de 17.178) de fallecidos por covid-19 tenían más de 70 años, de los cuales casi el 25% tenía entre 70 a 79 años; el 41% de 80 a 89 años y el 20% 90 o más años.

China ya había avisado: el riesgo de mortandad aumenta con la edad y las cifras más altas de fallecidos por covid-19 se darían entre los ancianos. Si a esto le aumentamos que España tiene una sociedad envejecida, el problema se hace mayor.

El covid-19 resulto ser un coronavirus de rápida transmisión, con severos problemas respiratorios y alta tasa de fallecimientos en mayores. La situación de los ancianos se ve agravada por las características orgánicas propias de esta etapa de la vida: deterioro, perdida de reserva funcional fisiológica y mayor probabilidad de enfermedades crónicas, haciéndoles vulnerables a los peores desenlaces al contraer covid-19. Y además la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria señala que los ancianos con covid-19 presentan síntomas atípicos, en comparación a la población general: malestar generalizado sin fiebre.

El covid-19 vino a recordar la fragilidad en la que están inmersos quienes lucharon y resistieron ante todo o casi todo en nuestro país: nacieron en la República, crecieron durante la guerra civil y la postguerra, vivieron y trabajaron durante la transición, envejecieron viendo y ayudando a sus hijos en la crisis. Y es que muchos adultos mayores después de haberse pasado toda una vida luchando, aportando, produciendo, solucionando problemas, no se sienten ancianos, pero ven como se los va excluyendo de todo…. y por si fuera poco aparece la pandemia y para mayor escarnio se encuentran con que ellos son los más amenazados… pero pareciera como si fuera de menor importancia porque son precisamente viejos, pareciera que por ser viejos les tocara morir. 

La vejez es un hecho biológico, eso no lo duda nadie, pero no hay que olvidar que viene estrechamente ligada al contexto cultural y social, pues es cada sociedad la que determina a que edad y quienes deben ser considerados viejos. Sociedades pasadas vinculaban la vejez a la sabiduría, pues reunían conocimientos y experiencia de vida, de hecho, en las sociedades antiguas los ancianos estaban presentes en los espacios sociales más importantes. Hoy se buscan términos que hagan más suave esta etapa de la vida, para suavizar el termino vejez se utiliza tercera edad…hoy con el alargamiento de la esperanza de vida ya hablamos de la cuarta edad.

Sin embargo, actualmente la longevidad no es valorada, nuestras sociedades muestran un fuerte prejuicio hacia esta última etapa de la vida, manifestándose una estigmatización etaria. Una discriminación social que en esta crisis de pandemia llegó también a la sanidad. Kornfeld-Matte, desde la ONU, llegó a denunciar como el ingreso en UCI y los ventiladores de terapia intensiva en ciertos centros sanitarios fueron asignados bajo el criterio edad, negando así a los ancianos el derecho a la salud e incluso a la vida. Y es que por ética no deben considerarse criterios que no sean médicos para la toma de decisiones sanitarias. Este menosprecio quedó de manifiesto cuando Dan Patrick, vicegobernador de Texas (USA,) llega a decir que los ancianos deberían estar dispuestos a morir a causa del coronavirus para no afectar el estilo de vida estadounidense y mantiene que es peor sacrificar el sueño americano que la muerte de los ancianos por coronavirus. Lo más grave es que esta expresión cruel y deshumanizada es compartida por parte de la sociedad política y civil estadounidense.  El gran abandono de ancianos y de cadáveres sin reclamo en asilos, lleva a Kornfeld-Matte a recomendar mayor solidaridad y protección para las personas mayores, a la vez que advierte del peligro que el distanciamiento social se convierta en exclusión. Nosotros, sin tanto cinismo, hemos tenido actitudes similares.

Además, la OMS y la Red Internacional para la Prevención del Maltrato a las Personas Mayores informan que muchos, en su vida cotidiana también sufren maltrato (psicológico, físico, abuso financiero, negligencia, abuso sexual) y aunque las tasas son más altas en las instituciones que en el entorno comunitario también se da en el ámbito familiar, llegando a la violación de sus derechos al privarlos de demandas legales que le corresponden y de la autonomía en sus decisiones. Todo esto se incrementa durante esta pandemia de covid-19 pues muchos ancianos necesitan diariamente medicación, fisioterapia, apoyo en alimentación, limpieza, apoyo contra el dolor…. Y todo se vio afectado por la cuarentena. El confinamiento ha afectado más a esta población que vio como perdía en muchos casos el apoyo que venía recibiendo. Muchos ancianos quedaron confinados en sus casas, aislados, sin disponer de servicios necesarios para ellos, sin apoyo familiar ni social. Esta atención inadecuada e insuficiente llevó a muchos ancianos a una mayor vulnerabilidad, aumentando el riesgo de crisis psicológica (ansiedad, miedos, tristeza.).

Al ir cumpliendo años inevitablemente se piensa y considera la propia muerte, algo tan individual que resulta imposible evitar la experiencia de soledad. Ir enfrentando cada día la muerte de personas significativas en su vida supone, además de la perdida de esa persona, la desconexión con el mundo y empobrecimiento social, perdidas que también afligen y hacen sufrir a los ancianos. Sin embargo, la muerte de un anciano en nuestras sociedades actuales se vive con mayor ligereza que si se muriese otra persona con menor edad, se normaliza la muerte a estas edades avanzadas suponiendo que los ancianos ya debían haberse mentalizado de su eminente muerte, cuando además ya vivían aislados del estilo de vida de jóvenes y adultos, pues el estilo de vida que se desea cuando uno es anciano no es valorado ni se respeta en estos días que todo lo dictamina el modelo joven de producción y consumo digital.

En España de todos los ancianos los más afectados por el covid-19 fueron los residentes en geriátricos. La OMS calcula que 55.000 ancianos han muerto por este coronavirus en geriátricos de Europa y de todo el continente el país con mayor índice de mortandad entre esta población fue el nuestro, la prensa mostraba como el 70% de todos los ancianos fallecidos residían en geriátricos. Las residencias de ancianos se convirtieron en focos de contagio y muerte. La cifra de fallecimientos de ancianos en residencias nos resultaba a todos escalofriante. Por un lado, se explica por ser la población que más deterioro, patologías médicas y psiquiátricas presentan, pero por otro lado hay que sumar la falta de recursos y apoyo que se encontraron los residentes en tiempos del covid-19. Gestores sanitarios señalan la privatización de la asistencia sanitaria de las residencias como principal motivo, pues cuando llega el coronavirus estos geriátricos carecían de atención sanitaria integral y coordinada que se unió a la falta de personal y material sanitario. De unas residencias geriátricas dominantemente de gestión concertada con entidades sin afán de lucro, se pasó en pocos años a la privatización con multinacionales con afán de lucro y hoy son la mayoría, señala Josep Martí, portavoz de la Marea Blanca en Cataluña.

Se hace necesario disponer de protocolos de actuación rápida que asegure la asistencia integral del afectado y proteja a los demás residentes. Kluge, director regional de la OMS para Europa, ha pedido proteger a los mayores de residencias y a sus cuidadores, solicitando sistemas de atención integrados y centrados en la persona que logre prevenir y controlar las infecciones pudiéndose abrir las residencias y con esto que los ancianos tengan contacto con sus familiares. 

Kornfeld-Matte resalta que será la unidad de todas las generaciones la que pueda superar esta crisis del covid-19 con su solidaridad. Además, sería bueno, como Jesús Ruíz-Huerta señala, que la crisis del coronavirus sirva para que nuestra sociedad revise y mejore la situación en la que se encuentran los ancianos, dejando de considerarlos como una carga y tomando y enfatizando la sabiduría garantizada por su larga experiencia de vida. El rápido incremento de población anciana en el mundo (la OMS informa que de los 605 millones de personas mayores de 60 años en el año 2000 se pasará a 2000 millones en el 2050, lo que supone pasar del 11% al 22% de ancianos de la población total mundial) lleva a la Agenda 2030 y a los Objetivos de Desarrollo Sostenible a reconocer que el desarrollo se alcanzara incluyendo a personas de todas las edades. La OMS señala que para reducir la desigualdad se debe empoderar a las personas mayores para que participen activamente en la sociedad, pero esto solo será posible si se encuentran en buen estado de salud. La asistencia a las personas mayores debe coordinar los servicios sanitarios con los sociales, promover una atención centrada en la persona y un envejecimiento saludable que permita a los ancianos seguir con su estilo de vida evitando el aislamiento y soledad mientras se garantizan los cuidados necesarios.