Cuando la supervivencia en cáncer no es suficiente

228

Por José Luis Neyro, especialista del Servicio de Ginecología y Obstetricia del Hospital Universitario Cruces (Bilbao).

Hace pocas semanas, varios facultativos publicamos el artículo “Protección ósea durante el cáncer de mama” en la Revista de Osteoporosis con las últimas evidencias científicas en torno al asunto.

El tratamiento del cáncer de mama (CM) ha tenido una enorme evolución en los últimos 20 años y ha focalizado sus esfuerzos hace tiempo en la dependencia hormonal y la expresión génica de cada tumor. Gracias a este avance, logramos una supervivencia aún mayor. Se trata de un escenario tremendamente esperanzador, pero conlleva otros factores a considerar. En concreto, algunas terapias incrementan el riesgo de presentar enfermedades crónicas, sumado a la pérdida de masa ósea y la aparición de osteoporosis (OP) como efectos secundarios a medio y largo plazo. Y es que no es la influencia del CM per se lo que influye sobre el incremento del riesgo. La prevalencia de fracturas entre pacientes diagnosticadas de CM no tratadas y sin metástasis óseas es similar a la de la población general.

Cuando la terapia ocasiona fallo ovárico, se desarrolla un estado de deficiencia estrogénica y un incremento de pérdida de masa ósea que se produce a una velocidad 4 o 5 veces superior a la que correspondería a una mujer de 50 o 60 años (edad más prevalente de CM). De hecho, se señala que el riesgo de presentar fractura clínica vertebral o muñeca se incrementa en un 30% en mujeres postmenopáusicas que han sobrevivido a CM.

Evitar daño óseo en mujeres con cáncer de mama, nuevo reto terapéutico ligado a la supervivencia

Un estudio reciente sobre una cohorte de 1.000 mujeres con CM españolas tratadas con inhibidores de aromatasa, verifica su riesgo óseo. El principal factor de riesgo detectado para fractura incidente en pacientes tratadas con IA es el diagnóstico de osteopenia u osteoporosis. Dado que los tratamientos pueden extenderse hasta diez años, resulta una enorme pérdida de masa ósea, mayor incremento del riesgo de fracturas y gran afectación en la calidad de vida de las pacientes.

Para terminar, cabe resaltar la importancia que tiene la vitamina D activa en la patogénesis del cáncer, conocido su papel en el hueso. Son realmente representativos y esperanzadores los resultados relacionados en la distribución de frecuencia y tasas de incidencia de CM con el nivel de 25-OH-D. Así, con una muestra de 5.038 mujeres afectas de CM, la tasa de aparición de CM fue 80% más baja entre mujeres que presentaban niveles de 25-OH-D mayores de 60 ng/ml que cuando eran inferiores a 20, encontrando relación lineal prácticamente descendente en la aparición de cáncer cuando se visualizaban los valores de entre 60 y 10.

Grande es el reto planteado para conservar la salud ósea y la calidad de vida, más allá de la simple supervivencia tras un cáncer de mama.