Trastorno mental, estrés y longevidad

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No es algo desconocido que el trastorno mental es factor de riesgo de enfermedades físicas. Su medición más exacta, nos permite obtener cada vez un mayor conocimiento del impacto de la salud mental en la enfermedad y la salud en general. Un nuevo estudo analiza la incidencia de enfermedades físicas, como el cáncer o el infarto, cuando existe enfermedad mental. Este estudio, publicado en World Psyquiatry, ha evaluado tanto el riesgo de padecer enfermedad física como el empeoramiento de la evolución de la enfermedad ya existente.

“El estrés, en general, es un factor desencadenante conocido de distintas patologías, pero cada vez está cuantificado el riesgo que conlleva”

Esta influencia directa y bidireccional entre trastorno mental y enfermedad física merece una reflexión adicional. La carga de la enfermedad en patologías como cáncer o los infartos atendidos se ve alterada por la presencia de un trastorno mental. O dicho de otra forma, los esfuerzos en la prevención y tratamiento de los infartos pueden no servir de nada si existe un trastorno de depresión o ansiedad.

Estrés patológico

El estrés, en general, es un factor desencadenante conocido de distintas patologías, pero cada vez está más cuantificado y medido el riesgo que conlleva.

Eso sí, no hay que confundir el estrés perjudicial (o patológico) con una elevada actividad en el comportamiento de una persona, que puede ser positivo. Por eso, una actividad intensa no está reñida con la salud.

El estrés patológico se puede recrear en modelos de animales para investigación. De esta forma, las ratas de laboratorio son sometidas a estrés (aplicando frio-calor alernativamente) desarrollando en estas condiciones cáncer de estómago.

En otro experimento experimento con libélulas en acuarios donde podían ver y oler a sus depredadores, sometidas a estrés por esta presencia cercana, les ocasionó la muerte.

Evidencia acumulada

El estudio publicado es una revisión de esa evidencia acumulada, incluyendo más de 20.000 artículos potencialmente relevantes, y los metaanálisis sobre la relación de la enfermedad mental y la enfermedad física. La reflexión a la que nos lleva esto es que cuando prevenimos un trastorno mental estamos evitando la doble enfermedad: la mental y la física potencial. El riesgo de padecer enfermedad física es de casi 3 veces cuando se sufre un trastorno mental.

En el caso de la depresión, se asocia como factor de riesgo a las enfermedades cardiovasculares derivadas en pacientes con diabetes, insuficiencia cardíaca e insuficiencia renal. Además, a su vez, el riesgo de demencia se incrementa en las personas con diabetes.

“La detección precoz de estos trastornos, incluido el abuso del alcohol o la depresión, tendría un impacto relevante en las patologías con mayor mortalidad en la sociedad”

Impacto del abordaje de la depresión

Las cifras del impacto de la intervención y reducción de la depresión podrían conducir a una disminución de casi un tercio de las muertes de pacientes con diabetes, por ejemplo.

En el caso de cáncer, pacientes con esquizofrenia tienen un 74% más de riesgo de mortalidad por algún tumor o un 54% de mayor riesgo de mortalidad por enfermedades cardiovasculares. La reducción de los casos de esquizofrenia también ofrecería un 12% de muertes evitables en estos pacientes. La detección precoz de estos trastornos, incluido el abuso del alcohol o la depresión, tendría un impacto relevante en las patologías con mayor mortalidad en la sociedad.

La felicidad alarga la vida

Por otro lado, un estudio publicado ya en 2001 (Journal of Personality and social Phycology, 80,20021,804-813) estableció las diferencias de longevidad entre personas sometidas al mismo tipo de vida, con ausencia de estrés. Un grupo homogéneo con la misma rutina, el mismo ambiente y la misma dieta o ejercicio.

Un entorno aislado así puede permitir averiguar los factores que inciden en la longevidad. El convento de clausura de las Hermanas de Notre Dame en Milwaukee (Estados Unidos) resultó ser el adecuado. Y asi se hizo analizando las monjas más felices (medición subjetiva de una escala reconocida por la Asociación de Psicología Americana) y su longevidad.

El hallazgo dejaba claro que las monjas más felices llegaban a vivir decenas de años más que las que ofrecían menores índices de felicidad. Cecilia vivió 98 años y Marguerite 59, tras sufrir un derrame cerebral. Tan sólo la emotividad y actitud positiva se encontró como factor de diferencia entre las monjas respecto a su longevidad con significación estadística.

Ese mismo año, se publica en Annals of Internal Medicine 134, (2001), S6 otro estudio que concluye que las personas felices viven más. Y no son los únicos estudios.

Y es que la medicina y la ciencia demuestran, cada vez, más que mente y cuerpo van de la mano hasta el final. Y que el estrés y la felicidad inciden directamente en nuestra expectativa de vida.