La pugna política perjudica la salud

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Los retos sanitarios los afrontan de manera conjunta los profesionales sanitarios y los gestores y responsables políticos. Y el principal beneficiario de la capacidad para resolver problemas es una amplia capa de la sociedad: los pacientes y sus familiares. Hay una sencilla comprobación del interés de la salud como prioridad de las personas, que se repite en las encuestas sociológicas de todo tipo. Por esta razón, sorprende que la sanidad, que tanto interesa a la sociedad, no sea escenario de acuerdos, y el partidismo y la ideología lo impregne y altere, en ocasiones, su normal actividad asistencial.

En las últimas semanas he tenido la oportunidad de escuchar a líderes de las principales sociedades científicas del país.

Aunque no están todas las que son (relevantes, me refiero), si son referentes todas las que he podido escuchar con atención y conocer sus principales preocupaciones. La más reciente a la Dra. Mariví Mateos, presidenta de la Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia (SEHH) que lo dice con claridad: que la ideología se aparte a un lado y se acuerde afrontar los grandes retos sanitarios de manera conjunta entre los partidos. Y destaca la Dra. Mateos la “equidad” como el principal de estos retos a abordar de manera conjunta.

Pugna partidista

Porque hay muchos retos que deben resolverse sin pugna política partidista. ¿Tiene sentido que medidas que son buenas para los profesionales sanitarios o para los pacientes sean objeto de controversia por puro interés partidista? Seamos francos, montar una algarada en sanidad es muy fácil, y más en estos momentos.

En un entorno político y económico como en el que estamos inmersos, cualquier profesional puede encontrar razones para reclamar, incluso legítimamente, sus aspiraciones. Funcionarios de justicia, de la agencia tributaria, agricultores, transportistas, comerciantes, autónomos…todos tienen quejas sobre su situación. Sin embargo, al margen del trastorno que ocasionan algunas de sus huelgas y protestas, afectan a todo menos a la salud y a la asistencia sanitaria.

La disputa política y profesional que afecta a la salud de la sociedad son las que tienen que ver con el desacuerdo de los profesionales sanitarios, hombres y mujeres de la medicina y la enfermería con los responsables políticos. Nadie duda de que la presión es un elemento coercitivo extraordinariamente eficaz. De la misma forma, las huelgas de sanitarios, aunque seguidas de manera desigual, han sido muy raras por sus efectos secundarios: empeoran la salud de los pacientes. Entiendo las negociaciones y las reivindicaciones, pero la huelga en sanidad debe ser un último recurso, porque sus consecuencias son graves. No puede ser la primera opción, salvo que se trate de provocar el caos y obtener supuestos beneficios.

Sí, la falta de acuerdo en sanidad puede ser perjudicial para la salud de los españoles. Pero no parece importar demasiado a los causantes, siempre que haya un rédito político en impedir que la sanidad se construya con el apoyo amplio que reclama la sociedad.

De una forma más clara, si la salud es la prioridad y preocupación de los ciudadanos y ciudadanas de nuestro país, no se entiende que sea el escenario para alterar la normal asistencia sanitaria y sus consecuencias. Ni tampoco que no se trabaje de forma conjunta en soluciones a todos sus retos.

Pero sería una injusticia generalizar a los que consideran la sanidad un centro de disputa de los que trabajan por encontrar soluciones. Los agoreros y agoreras de que la sanidad se “desmantela” tratan de que el caos pase alguna factura a sus contrincantes políticos. Se trata de una sobreactuación que desautoriza a quien, de forma permanente, dispara contra la sanidad en su Comunidad Autónoma. En el camino de estas estrategias de tierra quemada se resentirán muchos pacientes, pero también hablarán las urnas.

Yo no creo que el interés de las personas prevalezca sobre el interés de todos los partidos; sería un iluso. Pero sólo es importante que lo haga en la mayoría de los partidos, los de Gobierno y los que pueden ayudar a formarlos. De hecho, los grupos que, a nivel nacional, tienen más actividad parlamentaria son bien conocidos por nuestros lectores. A otros partidos ni se les ve ni se les espera, porque la sanidad es un medio para provocar algaradas, y no el fin perseguido de la salud que tanto preocupa.