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El coronavirus está todos los días en toda la parrilla de un telediario y en las portadas de toda la prensa, las tertulias de radio y en las redes sociales. Las publicaciones científicas se han disparado. Con la sobreinformación aparecen la falta de precisión y se amplían por los medios conjeturas e hipótesis, por no decir bulos. En medicina existe un exceso de publicaciones sin los controles habituales y con sesgos que es preciso tener presente.

En el momento de escribir este artículo, PUBMED, la biblioteca médica de Estados Unidos (National Institutes of Health) muestra más de 1.000 publicaciones bajo la entrada de búsqueda “coronavirus covid-19”.

La necesidad de compartir conocimiento sobre la pandemia y Covid-19 con urgencia ha provocado el acceso gratuito muchas publicaciones, incluídas las más prestigiosas. Muchos de estos trabajos son informes preliminares que no han sido objeto de las profundas revisiones habituales.

“Algunos artículos científicos han debido de retirarse por la falta de calidad o por los errores detectados con posterioridad a su publicación”.

No pueden ser considerados para generalizar una práctica clínica ni su publicación los eleva a la categoría de evidencia científica. Algunos de estos artículos han debido de retirarse por la calidad o por los errores detectados.

Pandemia de desconcierto

Vivimos una pandemia de información sobre coronavirus, una máquina de información que, en ocasiones, amplifica estudios científicos de baja calidad.

Por todo esto, algunos medios de divulgación científica, como Scientific American, ya hablan de una segunda pandemia de desconcierto generalizado. Entre los ejemplos que se han colado como artículos que han llegado a publicarse está uno en relación a la aparición del virus como resultado de su invención en un laboratorio. El estudio que lo pretendía describir ha sido retirado porque no aguantó un sencillo cruce de los datos bioinformáticos que aportaba.

Fue publicado por un autor del Instituto de Tecnología de la India y retirado el 2 de febrero pasado. La idea descabellada de que el coronavirus se había escapado de un laboratorio ha sido ampliamente difundida por muchos medios.

Investigadores de la Academia de Ciencias Médicas de Shandong, una provincia al este de China, han comparado el genoma del SARS-CoV-2 con cientos de Coronavirus de murciélagos. El estudia demuestra la similitud de sus genomas y la evidencia de que el causante de Covid-19 es un cruce entre distintos virus animales, algo bastante habitual en este tipo de virus de ARN.

El SARS-CoV-2 no se ha escapado de ningún laboratorio

El salto a humanos del SARS que causó el brote en 2002 se hizo en dos etapas: de los murciélagos a las civetas (un pequeño mamífero similar al gato) y de éstas al ser humano. Y el ya conocido por las siglas MERS, pasó de los murciélagos a los dromedarios en Oriente Medio, y de ahí a los humanos de nuevo. No se sabe qué animal ha sido el intermediario entre el murciélago y el SARS-CoV-2. En eso se está ahora investigando.

Los estudios genómicos tratan de detectar similitudes entre los coronavirus de murciélagos, serpientes, pangolines…Sin embargo, que se parezca en una parte de su genoma no quiere decir que sea fruto de una recombinación. Estudios sobre coronavirus de distintos países han detectado que el gen de la glicoproteína S presente en la envoltura del virus se parece al del murciélago. El pangolín está liberado de ser el responsable.

¿Cuándo se produjo la mutación?

No es de extrañar que los virus muten, y la enzima RNA polimerasa que contienen los corinavirus es bastante torpe en sus réplicas. Un cultivo de virus puede contener 10.000 millones de copias del virus por ml, y cada copia es un potencial error.

Distintos estudios han analizado genomas completos de muchos coronavirus de distintos países. Todos están relacionados entre sí, y comparten un origen común.

No hay cepas más virulentas que otras ni una clínica peculiar, como se ha atribuído

Ningún estudio ha demostrado un incremento en la virulencia o empeoramiento de la clínica por parte de determinadas cepas del SARS-CoV-2. El origen de la mutación y su salto a humanos, por otro lado, se puede fechar entre Noviembre y Diciembre de 2019. Es en estas fechas cuando ocurrió la primera infección humana que tuvo éxito en su propagación inicial a otras pocas personas. El resto de su transmisión mundial la conocemos bien.

El salto “0” del virus del animal intermedio al ser humano se produjo entre noviembre y diciembre de 2019

¿Mejor que siga mutando?

Los coronavirus mutan especialmente, y eso no lo podemos evitar. Pero una visión positiva es que lo hacen para adaptarse mejor a su nuevo hospedador, el ser humano. Eso implica que se haga menos letal (adaptarse supone causar síntomas más leves) pero ser más fácilmente propagable. Por eso, algunos expertos hablan de porcentajes de infección mundial considerables, del 40 al 70% de la población.

Al fin y al cabo, la gripe A también se ha convertido ya en la gripe común. Y quizás este coronavirus se haga tan común como una gripe. Si para entonces tenemos vacunas eficaces, y nos preparamos de manera adecuada sin las bajas coberturas de vacunación que hemos tenido, no será mucho más que la gripe de cada año.