La medicina en la lucha contra el cambio climático

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Hace escasos días, toda la comunidad científica editorial de relevancia se ha unido en un llamamiento a favor de tener presente el cambio climático. The Lancet, New England Journal of Medicine, JAMA… y así has dos centenares de publicaciones médicas lanzan una editorial conjunta pensando en la próxima Asamblea de la ONU.

También en estos días, la publicación de mayor difución económica del mundo, The Economist, ofrece una nueva sección sobre el planeta Tierra, siguiendo la teoría que en los 60′ formuló James Lovelock, astrónomo británico que trabajaba en California. Dicha teoría plantea a la tierra como un ser vivo con una complejidad interior alta.

La Tierra: un ser vivo

Las leyes de la termodinámica y los flujos de energía son la actividad de la Tierra como un “ser vivo”, influyendo en la temperatura del planeta que afecta directamente a la composición de gases de la atmósfera. Tan sencillo de escribir como complejo de detallar.

Si la Tierra puede considerarse un ser vivo, la alteración de su equilibrio energético, de gases o sus ecosistemas la pueden hacer enfermar.

Un planeta que enferma

La evidencia de que el cambio climático enferma no sólo al planeta, sino también a sus habitantes y otras especies animales, ya es incuestionable.

En realidad, este enfoque es otra consecuencia más de las teorías que confirman que la alteración de los ecosistemas (como la degradación de los glaciales) nos exponen a nuevos patógenos que han permanecido ocultos durante millones de años.

Fundamento científico

Pero no debemos caer en el error de que todo lo que se haga o se diga en nombre de los “ecosistemas y del cambio climático” debe ser considerado. Es importante quién lo dice.

Si hacemos casos a los que no saben, corremos el riesgo de caer en la demagogia o en el absurdo por carecer del fundamento científico necesario. Debemos dejar la ciencia en manos de los que entienden.

La ciencia en asuntos de cambio climático debe prevalecer sobre las filias y las fobias de las ideologías que quieren acabar con el progreso, y para ello renuncian a cualquier tipo de avance. En este grupo podemos situar la reciente polémica sobre las obras de ampliación del aeropuerto de El Prat en Barcelona.

La ampliación de El Prat en Barcelona

Una pequeña zona de aguas en las que viven algunas aves (que pueden ser reubicadas) no puede paralizar el incremento de la capacidad del aeropuerto de Barcelona en casi un 50%. El beneficio para la economía y la sociedad (1.800 millones de € de inversión y 80.000 puestos de trabajo) es superior a la reubicación de un pequeño grupo de aves.

“La salud de las personas está siendo dañada por el aumento de la temperatura y la destrucción del mundo natural, una situación a la que los profesionales de la salud han estado llamando la atención durante décadas”

Editorial de las Revistas Médicas y Científicas

Compromiso de las ciudades

Cada vez más las ciudades están comprometidas con los niveles de partículas en suspensión y de óxido nitroso, entre otros gases. El efecto de la circulación de vehículos se está reduciendo limitando la velocidad por debajo de lo imaginable, lo que obliga al uso de un transporte público, que tiende al verde. El tiempo dirá si son medidas eficaces.

Aunque el objetivo es claro, preservar los ecosistemas, la manera de llevarlo a cabo requiere de la intervención de la ciencia.

Como afirman las editoriales de las publicaciones médicas: “La salud de las personas está siendo dañada por el aumento de la temperatura y la destrucción del mundo natural, una situación a la que los profesionales de la salud han estado llamando la atención durante décadas”.

Como en todas las calamidades, siempre son los más vulnerables los que se llevan la peor parte. Clima extremo, agotamiento del suelo, olas de calor… no se salvan ni los países ricos ni pobres, afirman en el documento de las publicaciones médicas aludido. El objetivo es fácil de establecer, pero el ser humano se obstina en hacer muy complicado alcanzarlo.