¿Quién está ayudando al coronavirus?

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Durante los últimos decenios en distintos lugares del planeta se han producido brotes de distintos patógenos. Priones, virus, o bacterias son los frecuentes parásitos que han originado infecciones transmisibles de distinta intensidad y origen geográfico diverso. Unas han tenido éxito con su transmisión, y otras no. De todos, son los virus infecciosos los que con más frecuencia aciertan con nuestras debilidades como especie.

Los virus son la expresión más sencilla de vida. Con una pequeña porción de material genético rodeada de proteínas es capaz de conseguir que un organismo superior disponga una parte de sus células a trabajar hasta su destrucción. Pero esto no basta para que un coronavirus ponga en jaque a la especie más evolucionada del planeta, el ser humano. El comportamiento de algunas personas está siendo cómplice de una pandemia que revive con más intensidad.

Coronavirus: objetivo la especie humana

El coronavirus nos ha recordado que los de su especie siguen buscando la manera de ganar batallas contra el resto de especies vivas. En ocasiones, el salto entre especies sitúa a los virus en un nuevo terreno al que se adaptan con más o menos éxito: la lucha contra la cúspide de la evolución, la especie humana. Estos saltos de virus entre especies no son más que la búsqueda de nuevos retos evolutivos que les proporcionen nuevas oportunidades de cumplir su misión de extenderse por todo el planeta.

El coronavirus expulsa al virus de la gripe común

En el fondo todos los seres vivos luchan por su propia supervivencia, y se convierten en depredadores de otras especies o de la suya propia. “El hombre es un lobo para el hombre” decía Thomas Hobbes, filósofo inglés del siglo XVIII. Aunque ya en el siglo II a.C. el autor cómico Plauto lo decía de manera más directa: Lobo es el hombre para el hombre. Y es que exterminar a congéneres no sólo es una habilidad de esta especie a la que pertenecemos. El SARS-CoV-2 ha dejado sin poder infectar a muchos virus de la gripe común durante el reciente invierno del hemisferio sur del planeta.

“La razón de la escasa presencia de la gripe estacional son las medidas preventivas contra el coronavirus”

La razón de la escasa presencia de la gripe estacional son las medidas preventivas contra el coronavirus (higiene, distancia y aislamiento). Pero eso no cambia el resultado: el coronavirus se ha incrustado y adherido a una sociedad que está utilizando ingentes cantidades de recursos humanos y económicos para acabar con la pandemia. Y el coronavirus sigue avanzando en su objetivo: la gripe ha brillado por su ausencia en la mitad sur del planeta que acaba de salir del invierno. Sí, además, se va adelante con el plan de vacunación de la gripe en España, más a favor de que nos quedemos con una estrella invitada vírica única, el SARS-CoV-2.

El salto de los virus infecciosos entre especies: ¿una casualidad?

La probabilidad de que un virus que infecta a una especie lo haga con otra nueva se incrementa por la convivencia estrecha de personas con animales. Además, los hábitos alimenticios del ser humano y la alteración de los ecosistemas están detrás de otros saltos que hacen que un virus infeccioso animal se convierta en humano y nos escoja como hospedador.

“Seguimos abriendo la puerta a nuevas especies hostiles y el ser humano sigue sin escuchar a la naturaleza y a los científicos”

También se han descrito las intromisiones del hombre en hábitats naturales: primero expoliamos el terreno y luego sucumbimos a nuevos agentes infecciosos que lo habitan. Entre los efectos del cambio climático se encuentra la liberación de nuevas especies de virus de glaciales que se descongelan. Esto se ha descrito en el norte de China. Seguimos abriendo la puerta a nuevas especies hostiles y el ser humano sigue sin escuchar a la naturaleza y a los científicos.

Un depredador de nuestra sociedad

Sí, el SARS-CoV-2 es un depredador de sociedades enteras, de países y de continentes. Destruye nuestros hábitos y costumbres, la forma en la que nos relacionamos o trabajamos. Con un plan que se apoya en el albur del destino caprichoso, el coronavirus va dando pasos para parecer que retrocede. Pero no lo hace, en realidad se prepara para volver con renovados bríos. Este coronavirus cambia de estrategia constantemente; no necesita mutar, tan sólo ajusta su eficaz diseminación y contagio. Se trata de un virus que se hace más eficaz en su cometido de causar el mayor número de contagios. Y los contagios son muertes, tarde o temprano, para una proporción que crece en número.

“La mal llamada gripe española fue derrotada con higiene, distancia y confinamiento de los contagiados. Esto es todo lo que podemos hacer hasta que comiencen a llegar las vacunas

Unos pocos egoístas, los grandes aliados del coronavirus

Este coronavirus ha venido para recordarnos que el egoísmo de unos pocos está detrás de una parte de los efectos de esta pandemia. En pleno siglo XXI las medidas que funcionan siguen siendo las que nos libraron de la gripe española. Al final de la gripe pandémica de 1918 y tras matar a 40 millones de personas durante la I guerra mundial, vencimos. La mal llamada gripe española fue derrotada con higiene, distancia y confinamiento de los contagiados. Esto es todo lo que podemos hacer hasta que comiencen a llegar las vacunas.

“El hombre es un lobo para el hombre, pero un lobo muy estúpido”

Este virus sabe que siempre habrá inconscientes y egoístas que piensan que la pandemia no va con ellos. No siguen las recomendaciones, acuden a fiestas y no les importa contagiar o ser contagiados. Posiblemente la mayoría son jóvenes y otros no tanto. Y aunque no son una mayoría, tan sólo bastan unos pocos que diseminen el virus. A muchos de ellos su imprudencia costará muchas vidas, y puede que la suya propia. El hombre es un lobo para el hombre, pero un lobo muy estúpido.