La paradoja del exceso de mortalidad por COVID-19

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Los países ricos presentan un número de muertes por COVID-19 mayor que los países pobres

Los países ricos cuentan con más obesidad y más población mayor que los países en vías de desarrollo. Precisamente, la mortalidad en la COVID-19 se asocia a estas dos situaciones.

La obesidad se considera una enfermedad de la época moderna. La sociedad occidental asegura tres comidas al día y en muchos casos hasta sobrealimentación y exceso de azúcar y grasas. El 40% de los niños españoles padece obesidad.

Una parte de la población es sedentaria o no hace mucho ejercicio, lo que explica el exceso de peso. Además, la genética nos castiga con los “genes ahorradores” que explican en parte la obesidad en algunas personas que no ingieren gran cantidad de calorías en sus dietas y presentan sobrepeso u obesidad. Los genes ahorradores servían en la edad media para que nuestros ancestros pudieran sobrevivir largos periodos de tiempo sin comer, cuando las hambrunas asolaban Europa.

Llegar a edad avanzada es la suerte de las civilización occidental. El envejecimiento es una realidad que ya está obligando a plantear el “reto demográfico” como un problema y una oportunidad a atender y gestionar.

Dos de los principales factores de riesgo que explican la mayor mortalidad en las personas con COVID-19 son la obesidad y la edad avanzada.

Sin duda, la sociedad moderna tiene su cara y su cruz. En la parte positiva se encuentra la longevidad que hace que la expectativa de vida se incremente más en los países ricos que en los pobres. Para que tengamos una referencia, la edad media en Japón es de 48 años, y en Uganda es de 17 años.

Mortalidad por COVID-19 en países en vías de desarrollo

La edad de sus habitantes es la principal razón que explica la relativa menor mortalidad por COVID-19 de ciertos países con una baja renta per cápita. Los análisis de exceso de mortalidad que realizan distintos centros de estudios lo confirman. No podemos tener presente las cifras oficiales de muertes por COVID-19, ya que éstas se contabilizan con un test diagnóstico o si ha habido síntomas.Y en muchos casos no hay ni lo uno ni lo otro.

En España, la región que lidera la mortalidad por COVID-19 es Asturias. Precisamente es el Principado el que mayor población envejecida presenta de España. En Asturias hay 2.233 mayores de 65 años por cada 100 jóvenes menores de 15 años, según un informe de CC.OO.

Más asintomáticos de menor edad: más duración de la pandemia

La expansión de COVID-19 entre jóvenes resulta más fácil. Lo corroboran estudios de seroprevalencia en todo el mundo. Esto es común a países como India o Nigeria. Y es también la norma en América y Europa. Con esta cantidad ingente de personas más jóvenes sin enfermedad es posible que la COVID-19 se prolongue en el tiempo aún más.

Y otro problema añadido para que la pandemia persista más en el tiempo es el incremento de las oportunidades para mutar. Sólo se ha visto alguna excepción en países de Asia que pueden haber desarrollado inmunidad por exposición previa a infecciones de otros coronavirus. Este es el caso de Tailandia o Malasia.

Recuperación económica y social: conociendo el impacto real

Estamos al comienzo de la ejecución de planes de recuperación sanitaria, económica y social. Resulta imprescindible comprender y comparar los datos de mortalidad por COVID-19. No es sólo por conocer la verdad, sino establecer el adecuado impacto que la mortalidad ha tenido en nuestra sociedad (y en las distintas regiones) y ponerle remedio, en la medida de lo posible, para saber qué ha ocurrido y cómo evitarlo en el futuro.