Juan Carlos Galán, del Hospital Ramón y Cajal. CIBER en Epidemiologia y Salud Pública

Es frecuente encontrar en la prensa general y especializada referencias sobre “la epidemia silenciosa”, pero existen otras epidemias que, aunque se verbalicen alto no se escuchan o no se quieren visualizar. Así en 2016 se cuantificaba en >1 millón de nuevas infecciones de transmisión sexual (ITS) al día, en el mundo. Estas infecciones se pueden asociar a procesos agudos sintomáticos como uretritis, proctitis o cervicitis, pero también a procesos crónicos largamente asintomáticos como enfermedad inflamatoria pélvica o infertilidad. Las 3 principales ITS (sífilis, gonococia y clamidia), están en un continuo incremento, especialmente acentuado desde 2015. Muy probablemente las más recientes cifras nacionales subestimen la verdadera magnitud del problema.

Las razones son que el cribado es muy desigual en diferentes áreas geográficas y que los últimos datos disponibles se refieren a 2019, justo antes de la pandemia de COVID-19 y los datos de centros particulares revelan récords en la serie histórica de los 30 últimos años. Esta tendencia creciente es común en otros países industrializados. Existen factores sociales que contribuyen a este incremento y que auguran cifras muy preocupantes si no se introducen estrategias poblacionales de vigilancia y prevención activas.

Entre esos factores están la terapia preexposición (PrEP) frente a VIH en poblaciones de alto riesgo de exposición al virus, que se asocia a un menor uso del preservativo; pero también el consumo de aplicaciones de contactos sexuales para móviles en la población general que facilita el establecimiento de redes sexuales altamente interconectadas, en las que la entrada de un agente infeccioso puede diseminarse rápidamente.

La más eficiente respuesta frente al incremento de casos es una acción combinada de prevención tanto por educación sexual como concienciación del uso del preservativo, junto a un incremento regular de los cribados ya que la rápida detección y tratamiento es esencial para reducir la transmisión y minimizar el desarrollo de complicaciones. A las personas asintomáticas en grupos de alto riesgo (incluidas las parejas sexuales de un caso confirmado) se les debe ofrecer pruebas oportunistas cuando se presenten en un servicio de salud.

Sin embargo, es importante establecer quienes son los grupos de riesgo. En principio cualquier persona sexualmente activa, pero al menos los grupos clave, según la epidemiología de las ITS serán personas jóvenes, personas bajo custodia, hombres que tienen sexo con hombres, trabajadores/as del sexo, personas con desarraigo cultural y lingüístico, trabajadores itinerantes. Esta es la primera barrera que debemos derribar, las ITS no son un problema de un solo grupo poblacional..


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