El fin de la mascarilla obligatoria marca una nueva fase de la pandemia

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Mientras discutimos si es más o menos prudente retirar las mascarillas y las sociedades científicas y expertos llaman a la prudencia, estamos en el fin de la pandemia como la hemos conocido. Y las mascarillas y su debate no es más que la constatación que la pandemia de COVID-19 es ahora un híbrido entre el resfriado común (casi asintomático) y la gripe, ésta más grave en la habitual población de riesgo.

“Normalizar este hecho no quiere decir que no seamos conscientes todos de los riesgos

Que la gripe vuelva a sustituir y conviva con la COVID-19 es lo que ha venido ocurriendo con todos los virus respiratorios más o menos estacionales. El SARS-CoV-2 será uno de ellos. Normalizar este hecho no quiere decir que no seamos conscientes todos de los riesgos:

  1. Nuevas variantes
  2. Modificación de la clínica de las nuevas o regreso de otras cepas
  3. Brotes en determinados países
  4. Estado de permanente vigilancia

Ante las dudas, las mascarillas son una opción voluntaria, una incorporación de la cultura oriental en el uso de mascarillas de manera habitual. Ya sabemos que lo hacían en Asia por responsabilidad pero también por haber vivido brotes que se originan en el continente asiático. Y seguirán apareciendo porque eso ocurre cuando decenas de miles de animales conviven con personas de manera estrecha, como ocurría en el mercado de Wuhan, China.

El fin de una etapa

No es el fin de la pandemia, ni ya lo esperamos. Porque el contagio global persiste de manera relevante. El SARS-CoV-2 y sus variantes seguirán, pero la ausencia de enfermedad es un hecho en estos momentos, en la mayoría de los contagios. Se debe actuar teniendo presente que por encima del 95% de contagiados son asintomáticos y el 99% son asintomáticos de COVID-19 o responden más a una clínica de resfriado común y autolimitado que a la gripe común.

Pero siempre habrá personas susceptibles que se llevarán la peor parte. Curiosamente, esa era la situación con la gripe y no parece que importara a la mayoría de las personas no contagiarla a sus seres queridos en occidente. Nunca hemos tenido precauciones serias respecto al uso de mascarillas en invierno o en lugares hacinados. Sin cifras exactas por la dificultad ya conocida, la gripe mataba cada año entre 5.000 y 8.000 personas en España.

La pandemia ahora requiere nuevas medidas

China no ha conseguido mantener su estrategia de CERO contagios y endurece los confinamientos en ciudades como Shanghai con más de 26 millones de habitantes. Eso no evita los 20.000 contagios al día de ayer jueves en pleno confinamiento duro. La parálisis del comercio internacional seguirá afectando en la medida en la que un actor principal, como China, siga con sus confinamientos, a pesar de que un 98% de los positivos son asintomáticos.

“Pero la realidad es que debemos salir del miedo permanente con prudencia y con la responsabilidad individual

Nadie cree ahora que el fin de la pandemia, tal y como la hemos sufrido, debe ser la disminución drástica de la incidencia acumulada. Porque la pandemia convertida en una infección endémica mundial va a persistir. En otras palabras, no creíamos que con una incidencia acumulada a 14 días x 100.000 habitantes de más de 400 casos podíamos pensar en que las cosas debían de relajarse.

Pero la realidad es que debemos salir del miedo permanente con prudencia y con la responsabilidad individual. Eso si es un deseo común de las sociedades científicas y los expertos y expertas.

El fin que queremos primero es el sufrimiento de las personas con COVID-19 y acabar con la saturación de los sistemas sanitarios que ha perjudicado el correcto control de los pacientes. Y en ese punto estamos, con una tendencia ligera a la disminución de la ocupación de camas hospitalarias y de camas de UCI en España.

Podríamos realizar una comparación de la pandemia de COVID-19 con la contaminación ambiental que se sufre de manera permanente. Es preciso tomar decisiones y establecer planes de acción siendo conscientes de que el CO2 (y otros gases y partículas en suspensión) continuarán siendo un problema de salud que respiramos cada día.

Entramos en la era en la que el SARS-CoV-2 se une a la gripe, al rinovirus del resfriado común o al virus respiratorio sincitial, entre otros muchos. Sin bajar la guardia, avancemos.