El término inglés ‘resignation’ refleja a la perfección la dimensión emocional de todos aquellos aspirantes a una plaza de formación sanitaria especializada que han preferido este año, con resignación, dejar pasar, o renunciar, a obtener su plaza MIR si la única opción para su futuro era convertirse en médicos de familia y comunitarios.

Nada menos que 217 plazas vacantes, 200 de ellas en medicina de familia, que evidencian la falta de atractivo de esta especialidad que constituye, a su vez, el pilar del pilar del Sistema Nacional de Salud, que es la atención primaria.

El “parche” propuesto por sanidad y comunidades, tal y como lo ha calificado Tomás Cobo, presidente del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos, para salir del paso en un momento de máxima tensión para la sanidad pública, abre el cupo de extracomunitarios hasta el 6,6 por ciento, frente al 4 por ciento inicial. Al parecer, las cuentas salen, pero solo a corto plazo, como remarcan las sociedades científicas.

La opción de abrir la mano en la formación de especialistas extracomunitarios no convence en absoluto. Es una suerte de pan para hoy y hambre para mañana. Carece de sentido, según remarca, por ejemplo, el presidente de la SEMG, Antonio Fernández-Pro, buscar soluciones formando a médicos que, por pura lógica, no aspiran a echar raíces en nuestro sistema sanitario. Es más que previsible que, una vez rematada su formación como especialistas en nuestro país, quieran volver a casa, atesorando unos conocimientos que generosamente les ha ofrecido el sistema formativo nacional.

La visibilidad y el prestigio de la medicina de familia es una urgencia sanitaria clara

Es esperable además, que la precariedad y la situación del primer nivel que tanto ha disuadido a los aspirantes a dedicarse a la medicina de familia no cambie hasta el punto de convertirse en un reclamo para quedarse. La opción de Sanidad adolece de una visión cortoplacista.
La alternativa que defienden las sociedades es realizar una rebaja en la nota de corte, que daría la opción de elegir estas plazas a graduados que han quedado a las puertas, sin perder calidad, como argumentan desde SEMG o Semergen.

Las 200 vacantes en plazas MIR para medicina de familia son la expresión clara de un problema de reputación ajeno al espíritu de entrega y la cercanía de los profesionales, pero que exige soluciones firmes, inmediatas y eficaces, más allá de marcos y planes de acción. Su visibilidad y prestigio es una urgencia que hay que atajar desde todos los niveles, empezando por la universidad, donde merece un espacio que hoy no tiene. Soluciones que han de partir de la experiencia de los propios médicos de familia. Sus reflexiones, necesidades y propuestas son como el oro. Un valor que el ministerio y las comunidades autónomas no pueden desperdiciar.