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Conscientes de que la sanidad tiene que seguir avanzando y a aprender a convivir con el virus, el Ministerio de Sanidad ya ha activado toda la maquinaria para trabajar en la agenda paralela a la COVID-19. Las prioridades del sistema siguen siendo las mismas que estaban hace cuatro meses, si bien ahora la urgencia se ha incrementado. Hace unos días Salvador Illa trasladaba ante la Cámara Alta la hoja de ruta del Ministerio de Sanidad.

Corto, medio y largo plazo

Así, los planes a corto, medio y largo plazo ya están establecidos. Reordenar prioridades. La nueva regulación de las profesiones sanitarias y de la especialización está en camino, tal y como anunció. Además, reconocer la carrera investigadora es otro de los asuntos claves de la cartera sanitaria. Reclamo compartido para Ciencia y Sanidad.

Lo que está claro que la meta es “transformar el Sistema Nacional de Salud“. ¿Será la pandemia la impulsora de este giro necesario?

La formación continuada

Lo cierto es que las líneas y el camino a seguir los próximos meses también se empieza a atisbar. Otra de los asuntos en los que el Gobierno tiene el foco puesto es en la formación continuada. La propuesta del borrador de la Comisión para la Reconstrucción de PSOE y Unidas Podemos aborda esta cuestión. De hecho proponen tomar medidas para la financiación pública de formación continuada de los profesionales sanitarios a cargo de las administraciones públicas, y para investigación independiente, divulgación/educación sanitaria y patrocinio de actividades de asociaciones de pacientes. “Se prohibirá financiación de estas actividades, directa o indirectamente, por la industria”, añaden.

Precisamente, por quinto año consecutivo, las compañías farmacéuticas asentadas en España y adheridas al Código de Buenas Prácticas de Farmaindustria han publicado recientemente las colaboraciones en investigación y en formación médica que han llevado a cabo durante el pasado año con profesionales y organizaciones sanitarias, lo que constituye uno de los pilares esenciales de la I+D y la calidad de la prestación sanitaria en nuestro país. En total, según los datos recopilados por Farmaindustria, la industria farmacéutica que opera en España contribuyó en 2019 con 483 millones de euros a actividades colaborativas de investigación y a formación científica en nuestro país. En concreto, 115 millones de euros fueron destinados a ayudas a profesionales sanitarios para que pudieran acudir a reuniones y congresos científicos-profesionales, mientras que las organizaciones sanitarias responsables de este tipo de encuentros contaron con un apoyo de 109 millones de euros. Además, las compañías farmacéuticas invirtieron 259 millones de euros en contratos con organizaciones y profesionales sanitarios para desarrollar proyectos de investigación en el ámbito biomédico.

Con todo, la apuesta conjunta por impulsar el conocimiento y las actualizaciones que van llegando de la mano de la innovación es una cuestión de alta prioridad, en los que el SNS debe trabajar.