Premios BiC
| viernes, 01 de febrero de 2019 h |

Existen debates que nos cuesta mantener. No queremos enfrentarnos a ellos tanto por la complejidad que representan como por el cuestionamiento de pensamientos hegemónicos. Sin embargo son inevitables y retrasarlos sólo oscurece la perspectiva para abordarlos. El sistema universitario que tenemos necesita que respondamos a una de esas preguntas incómodas como la de cuánto vale un año de vida. Necesitamos decidir si queremos que la universidad siga siendo ese reducto de libertad de pensamiento que además de transmitir los conocimiento de la materia elegida proporciona espíritu crítico o bien que responda a las necesidades del país, que para eso es pública y pagada con los impuestos de los ciudadanos.

En síntesis, la pregunta que hay que responder es si la universidad, además de ser sostenible, tiene que responder tanto a las demandas de un país como a la lógica de mercado. Posibilidades de respuesta en ambos sentidos hay para aburrir. De hecho, es tan fácil argumentar en un sentido como en el otro pero, por eso mismo, debemos de ser sinceros. Evitar el enfrentamiento con esta realidad provoca que muchos estudiantes se especialicen en campos en los que no tienen salida.

En medicina, la burbuja es terrible. España tiene el doble de universidades (sumando públicas y privadas) de las que necesita y la ratio de estudiantes por millón de habitantes es desmesurada. Estas cifras revelan, en primer lugar, que España está invirtiendo mucho más de lo que necesita en futuros médicos y eso ni es rentable ni tampoco es sano para los estudiantes, que se enfrentan a la escasez de perspectiva profesional.

Si España necesita al año, pongamos, unos 10.000 médicos, ¿qué sentido tiene que en la cola para hacer el examen de especialidad haya más de 20.000? Máxime cuando la casi única salida para un médico se encuentra tras las puertas de un hospital. ¿Por qué si el sistema público de universidades ya da el suficiente número de futuros médicos proliferan tanto las universidades privadas con esa titulación? Aunque queramos mantener la universidad como reducto de la libertad de pensamiento y espíritu critico, ¿se debe aplicar a todas las carreras existentes o algunas deberían basarse también en la lógica de las necesidades de un país? Las preguntas son muchas pero no hay que dejarlas olvidadas en el cajón.