La pandemia de la COVID-19 cumple un año desde su llegada a Europa. Fue a finales de febrero cuando el Viejo Continente empezó a ser consciente de que algo ocurría. Mientras, en una España semi ajena a lo que ocurría, muchos servicios hospitalarios comenzaban con el goteo de pacientes. Un año después, Europa y España siguen con el goteo de pacientes. España saliendo de una tercera ola, con una cuarta en el horizonte. Prudencia piden desde el Gobierno. Precisamente, esta semana, el presidente Pedro Sánchez comparecía en la Cámara Baja para hacer balance. “Nos adentramos en un nuevo orden internacional y el reto como país es unirnos como sociedad. Estamos ante una nueva fase y pido lo que ofrezco, unidad a todas las fuerzas parlamentarias”, ha sentenciado, confiando en que “2021 sea el año de la vacunación y de la recuperación económica y social”.

Según sus cálculos, desde que comenzó la pandemia se han celebrado 17 Conferencias de Presidentes autonómicos, 239 Conferencias y Comisiones sectoriales, incluidos 75 plenos del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud, 201 reuniones del Comité de Evaluación y Seguimiento, y 59 reuniones del Comité de Gestión Técnica, incluidas las del Comité Técnico de desescalada. A esto hay que sumar 12 reuniones del Comité Científico que presididas por Sánchez.

Más allá del plano institucional, la realidad es que, en los últimos 12 meses, las circunstancias sanitarias, económicas y sociales han activado la maquinaria de la I+D+i para el desarrollo de vacunas, y tratamientos frente a este virus. Un ejemplo, el Ministerio de Ciencia e Innovación ha anunciado que España, a través del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) participará en un proyecto europeo para la investigación de las nuevas variantes del SARS-CoV-2 y el desarrollo de vacunas. Nuestro país trabajará en dicho proyecto con una financiación de casi un millón de euros, que supone en torno al 8 por ciento del total (12 millones de euros).

La rápida propagación de las nuevas variantes del virus obliga a extremar las medidas de detección de estas nuevas cepas. Quizás este sea uno de los principales desafíos de la pandemia, un año después, teniendo en cuenta la vacunación. Igual que hace un año era necesario aumentar la capacidad de diagnóstico, ahora, la situación no difiere demasiado. La detección precoz sigue siendo crucial para poder desarrollar estrategias de contención. Queda mucho trabajo por hacer, y no debe retrasarse.

Pero no es la COVID-19 el único de nuestros problemas: la Salud Mental, las enfermedades crónicas, el cáncer… son asuntos prioritarios al mismo nivel que la COVID.

Como explica el presidente de SEMG a esta publicación, la atención primaria ha jugado un papel desde el principio absolutamente fundamental. “Todavía no se ha reconocido, sigue postergada a un segundo plano porque las grandes cifras son las que mandan. Las cifras de índices hospitalarios”.

En definitiva, un año después, la pandemia de la COVID-19 sigue replicando las asignaturas pendientes en todas sus variantes.