No es fácil hablar del suicidio. Como tema periodístico, sigue la estela de una época en la que la prescripción en las facultades de Ciencias de la Información era silenciar esta realidad, por temor a un efecto contagio. Hoy se sabe que dar visibilidad a este problema de salud pública, con el debido respeto, huyendo de morbos y ofreciendo siempre información sobre los recursos disponibles, es un aliado más en la prevención.

No es fácil porque si reparamos solo en los datos, por terribles que resulten, apenas se consigue dibujar un frío análisis de una realidad que golpea de forma indescriptible a las familias y al entorno de quienes, desesperados, cometen algo así.

Las últimas cifras conocidas, publicadas por el INE en marzo de este año, corresponden a 2019. Aún no reflejan el impacto de estos meses de pandemia que han puesto en jaque la salud mental de muchas personas. Refieren, no obstante, un aumento del 3,7 por ciento con respecto al año anterior, 2018, una cifra que no es baladí y que alcanza los 3.671 fallecidos.

De todos ellos, 2.771 fueron hombres y 900 mujeres. La franja de edad más frecuente, entre los 30 y los 39 años, seguida por la de 50 a 54 y 45 a 49. La estadística del INE también sitúa un mayor número de defunciones por esta causa en pueblos pequeños y capitales y señala los meses con mayor intensidad: julio, seguido de junio, mayo y septiembre…

Datos desnudos, en definitiva, que generan muchas preguntas, para las cuales no hay una única respuesta, porque la complejidad en el tema que nos ocupa es absoluta.

Cataluña y la Comunidad de Madrid han tomado la delantera al Ministerio en la elaboración de planes de prevención

En este Día Mundial para la Prevención del Suicidio, que se conmemora cada 10 de septiembre, hay cosas que celebrar. La presentación del plan anunciado por Cataluña, con el que aspiran a reducir un 15 por cierto las tentativas y tasas de suicidio, es, sin lugar a dudas, una magnífica noticia. Una herramienta que recoge todo lo esencial y en cuya elaboración han participado profesionales y portavoces de los pacientes que tienen todo nuestro respeto y cariño. Vemos su sello personal aquí. Solo falta que esté dotado de recursos y pueda llevarse a la práctica.

La Comunidad de Madrid trabaja ya también en su propio plan, anunciado por la presidenta, Isabel Díaz Ayuso, en su discurso de investidura. A falta de un plan nacional de prevención, que a día de hoy solo se contempla como una línea en el borrador de la nueva Estrategia Nacional de Salud Mental, las regiones han optado por tomar la delantera. Lo hacen conscientes de que la inacción en prevención del suicidio tiene un coste claro en vidas humanas.