En los últimos años hemos sido testigos de grandes avances en el campo de la oncología. Avances que han supuesto un antes y un después en la práctica clínica y que han cambiado el abordaje terapéutico de los tumores con tratamientos más dirigidos y con un punto de vista más molecular de la enfermedad. Pero, como explicó Francisco Ayala de la Peña, jefe de Sección del Servicio de Oncología Médica del Hospital Universitario Morales Meseguer de Murcia, durante la sesión plenaria del Congreso de la Sociedad Española de Oncología Mëdica (SEOM) 2021, “hay que poner de manifiesto que es una visión que tiene limitaciones importantes hoy en día”. Y tampoco, dice, es aplicable a muchos pacientes oncológicos que se siguen tratando con las técnicas y métodos que venimos usando, como quimioterapia, tratamiento hormonal…

Por poner unos ejemplos. Este mes de octubre va ligado a dos tipos de cáncer: cáncer de mama y cáncer de hígado. Y es que a lo largo de este mes hemos contado los avances en el tratamiento, la innovación, pero también los retos asistenciales y a nivel de gestión que tienen por delante. A nivel científico tenemos claro en qué página estamos. La innovación va llegando pero el camino sigue siendo largo. A nivel de gestión parece que la meta también está clara pero los baches siguen apareciendo.

Recalcaba el que hasta hace unos días era presidente de SEOM, Álvaro Rodríguez-Lescure, que la farmacoeconomía “es un problema muy importante, que hace que los oncólogos debamos formarnos en toxicidades, en biomarcadores y estudios de la vida real”.

En cuanto a la toma de decisiones, numerosos países evalúan los tratamientos médicos según  los criterios de evaluación económica del coste-efectividad. En este contexto, apuntan los oncólogos, que se observan grandes diferencias entre países a la hora de incorporarlo a la toma de decisiones. Los expertos reunidos en este cónclave aseguran que en el caso de España, los avances han sido muy tímidos, tanto en el uso de la evaluación económica en la toma de decisiones, con carácter general, como en el ámbito de la evaluación económica de terapias oncológicas, en particular.

Así las cosas, el camino sigue siendo largo. Innovación y acceso deben seguir de la mano esquivando trabas y barreras. Si bien no se debería pasar por alto la premisa de oro: “el por y para los pacientes”.