El tsunami en salud mental que ha sucedido a la pandemia de COVID-19 ha sacado a la luz el peso de patologías como la depresión, sometidas al gran estigma que pesa sobre este tipo de enfermedades. Para visibilizar su gran impacto social, cada 13 de enero se celebra el Día Mundial de la Lucha contra la Depresión.

La OMS estima que alrededor de 280 millones de personas se enfrentan a ella en todo el mundo, con un gran reflejo en términos de discapacidad y un mayor peso en las mujeres, tanto en términos de prevalencia real como en prevalencia tratada, puesto que, además, se da la circunstancia de que el hombre, por lo general, tiene más reparo en buscar ayuda y ponerse en manos de profesionales.

No deja de ser curioso, en cualquier caso, que para muchos especialistas en psiquiatría, como el nuevo presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental (Sepsm), Manuel Martín Carrasco, la dificultad principal ante esta enfermedad no tenga que ver con los reparos por parte de los pacientes para dar el paso y conseguir ayuda, sino con conseguir un buen diagnóstico.

Formación, tiempo y coordinación entre niveles asistenciales son claves para mejorar el diagnóstico en depresión

Lo explica con todo detalle en el artículo publicado por Gaceta Médica esta semana, en el que alude a la confusión con otros síntomas relacionados con la ansiedad, o con el tratamiento, como algo independiente, de episodios de insomnio, por ejemplo. En el caso de los mayores, despista también el predominio de los síntomas somáticos más diversos.

Estos cuadros, cuyo diagnóstico resulta de mayor complejidad de lo que puede parecer a primera vista, llegan a las consultas de atención primaria, donde son abordados por médicos de familia que, según la visión de este especialista, necesitarían mayor formación en la materia, pero también más tiempo para cada paciente y una herramienta clave: la coordinación y comunicación con el resto de niveles asistenciales.

Los recursos de salud mental han de ser accesibles, y estar a mano, de los profesionales de atención primaria, pero también de las urgencias hospitalarias, donde llegan pacientes con depresión escondida tras otros cuadros agudos.

De poco sirve la existencia de un arsenal terapéutico cada vez más completo para el abordaje de la depresión, en sus diferentes grados y expresiones, si se falla en el primer escalón. Y es que, como en tantas otras patologías, un diagnóstico precoz y acertado puede transformar por completo la vida del paciente. De ahí la importancia de días como este, en el que todos, pacientes, familiares, profesionales y sociedad, recibimos un mensaje claro que invita a abrir bien los ojos y a ver más allá de las apariencias.