Probablemente si preguntáramos a la población tres nombres de mujeres científicas que hayan marcado un antes y un después en la historia de la ciencia, la mayoría no pasarían de Marie Curie. Si, además, les nombramos a Hedwig Eva Maria Kiesler, Ada Lovelace, o a Barbara McClintock, la pregunta se complica.

Pues bien, la primera, conocida como Hedy Lamarr, fue la inventora de la primera versión del espectro ensanchado que permitiría las comunicaciones inalámbricas de larga distancia. La segunda, fue una matemática, informática y escritora británica, célebre sobre todo por su trabajo acerca de la calculadora de uso general. Por último, McClintock, una de las grandes científicas en el campo de la genética, fue Premio Nobel de Medicina en 1983.

Y es que la historia de la ciencia no solo la han escrito hombres. Ellas, también han estado allí, en la primera línea, aunque sus nombres, no sus hallazgos, han pasado desapercibidos.

Hace unos días se celebraba el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. Como cada año, el objetivo es visibilizar a todas las mujeres que forman parte de los principales proyectos de investigación. Generar así un impacto directo e indirecto en la perspectiva de las niñas en relación con su futuro laboral, no solo en la ciencia, es la prioridad.

La realidad es que, en la actualidad, el número de mujeres en la universidad supera al de hombres. Si bien, su distribución es desigual en las distintas disciplinas. Las mujeres, valientes, que deciden cursar una carrera científica, la llevan a término en contadas ocasiones.

Para mejorar la situación, es indispensable visibilizar modelos a seguir y poner en marcha programas de mentoring

Como apuntan las expertas e investigadoras, para mejorar la situación, es indispensable visibilizar modelos a seguir, poner en marcha programas de mentoring y fomentar otras iniciativas que aumenten la confianza de las niñas en materias STEM y permitan que se consoliden las vocaciones emergentes. Como apunta María Blasco, directora del CNIO, “hay una etapa escolar crucial”. Allí, dice, si a las niñas que sienten inclinación por la ciencia no se les apoya en sus capacidades, no se les ofrecen referentes femeninos ni se les sabe transmitir el potencial que tienen las carreras STEM para resolver problemas cotidianos, llegan a creer que no están capacitadas para dedicarse a la investigación y se decantan por otras opciones profesionales. “El mundo futuro no puede permitirse perder ese talento”.

Como decía Marie Curie “el camino del progreso no es ni rápido ni fácil”. Esperemos que los pasos que poco a poco se están dando consigan recortar ese camino.