Se estima que, en 2050, las enfermedades infecciosas serán la primera causa de muerte. A pesar de que la pandemia de la Covid-19 nos ha dejado bastantes lecciones aprendidas, parece que no han sido suficientes. Apuntan los expertos de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (Seimc) que existe un problema con una falsa sensación de seguridad en torno a estas enfermedades, algo que se agrava con la pérdida de atención e interés por parte de las autoridades.


Una sensación de seguridad avalada por las nuevas tecnologías y los avances científicos que, afortunadamente, van llegando. La toma de decisiones clínicas, tanto diagnósticas como terapéuticas precisa de la integración de la información microbiológica con los aspectos clínicos y epidemiológicos más relevantes de cada caso. Sin este proceso de integración coordinada y proactivo de análisis de la información, las decisiones terapéuticas no serán óptimas.

La ausencia de una formación reglada de expertos en infecciosas constituye una de las principales barreras


En este sentido, y he aquí el “quid de la cuestión”: la ausencia de una formación reglada de expertos en infecciosas, con la consiguiente incertidumbre en cuanto a la distribución de éstos en el sistema sanitario constituye una de las principales barreras para reducir el hiato entre el diagnóstico y el tratamiento. Esta es una de las conclusiones principales que los autores del libro “Las enfermedades infecciosas en 2050. Cómo serán las enfermedades infecciosas en 30 años”, que ha presentado la sociedad científica van recalcando a lo largo de los capítulos.
Con este panorama, los expertos apuestan por incorporar las nuevas tecnologías para aumentar el rendimiento del diagnóstico microbiológico convencional. Es necesaria, recalcan, la utilización de técnicas de diagnóstico innovador, incluyendo aquellas que ofrecen resultados en muy poco tiempo. Parafraseando a la OMS, “el tiempo se nos acaba” y las previsiones pueden llegar a cumplirse, incluso antes de 2050.